Europa refuerza su estrategia frente a la gripe aviar

  • Europa vive una circulación inédita de gripe aviar A(H5N1) en aves silvestres y explotaciones de corral.
  • El ECDC ha publicado un marco operativo con 14 escenarios y enfoque One Health para anticipar riesgos pandémicos.
  • España combina alivio de restricciones en algunas zonas con medidas muy estrictas en focos activos como Madrid.
  • La vigilancia en mamíferos (zorros, nutrias, gatos) y la protección de trabajadores expuestos son ahora prioridades clave.

Imagen de gripe aviar en Europa

La gripe aviar de alta patogenicidad lleva meses marcando la agenda sanitaria en Europa. La expansión del virus A(H5N1) entre aves silvestres y explotaciones avícolas, junto con los episodios detectados en mamíferos, ha obligado a los países a revisar sus planes de contingencia, reforzar las medidas de bioseguridad y ajustar, día sí y día también, las restricciones sobre el terreno.

En este contexto, las autoridades europeas insisten en que el riesgo para la población general sigue siendo bajo, pero la situación es lo bastante inestable como para exigir una vigilancia minuciosa. Mientras Francia afronta un aumento de focos en granjas y España alterna el levantamiento de algunas limitaciones con nuevas alertas, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) acaba de poner sobre la mesa una guía que pretende homogeneizar la respuesta frente a esta amenaza zoonótica.

Un marco europeo común para anticipar riesgos

El ECDC ha presentado un documento de referencia que proporciona a los Estados miembros de la UE y del Espacio Económico Europeo un marco operativo para lidiar con la gripe aviar y porcina de posible impacto pandémico. La institución recalca que el escenario actual se caracteriza por una circulación muy amplia de A(H5N1) en aves, pero sin casos humanos detectados en Europa, lo que no impide que la amenaza sea tomada muy en serio.

La guía despliega 14 escenarios de actuación, ordenados desde la situación más leve —como la actual, con brotes limitados a fauna silvestre o explotaciones avícolas— hasta hipótesis de transmisión sostenida entre personas. Para cada fase, se detallan medidas concretas: refuerzo progresivo de la vigilancia, ampliación de la capacidad diagnóstica, protocolos de laboratorio, circuitos de notificación y coordinación entre administraciones nacionales y europeas.

Según el responsable de Virus Respiratorios del ECDC, Edoardo Colzani, el objetivo es que ninguna señal de alerta se pierda por el camino. La institución insiste en que las respuestas deben ser proporcionadas, pero también ágiles, con especial atención a la detección de mutaciones que indiquen una mejor adaptación del virus a mamíferos.

El texto también pone el acento en el uso sistemático de equipos de protección individual en las personas más expuestas —trabajadores de granjas avícolas y porcinas, personal veterinario, agentes forestales, servicios de emergencias o profesionales implicados en el manejo de fauna silvestre—, y anima a los países a revisar con calma sus reservas de mascarillas respiratorias, guantes, gafas y batas desechables.

Otra pieza clave del documento es la apuesta por el intercambio de datos en tiempo real entre laboratorios de referencia, autoridades sanitarias humanas y veterinarias y organismos europeos como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) o la Agencia Europea del Medicamento (EMA), algo que ya se vio decisivo con la COVID-19.

Representación de brotes de gripe aviar

El enfoque One Health: animales, personas y medio ambiente

El nuevo marco del ECDC se apoya abiertamente en el principio One Health, que asume que la salud humana, la animal y la ambiental están interconectadas. La experiencia acumulada durante los últimos años, con brotes encadenados en aves domésticas, fauna salvaje y algunos mamíferos, ha demostrado que mirar solo a uno de esos frentes es quedarse corto.

En la práctica, el enfoque One Health se traduce en una coordinación más estrecha entre los servicios veterinarios, agrícolas y de salud pública. La guía del ECDC pide a los gobiernos que integren esta filosofía en sus planes de preparación, de manera que una detección temprana en aves silvestres, por ejemplo, se traduzca rápidamente en actuaciones sobre granjas cercanas y en recomendaciones claras para la población.

El documento se ha elaborado en colaboración con la EFSA, la EMA, la agencia europea de seguridad y salud en el trabajo y el Laboratorio de Referencia para la gripe aviar, además de expertos nacionales de distintos países. La idea es que todos los actores implicados —desde inspectores veterinarios hasta epidemiólogos— compartan un mismo lenguaje operativo cuando se evalúa un posible salto zoonótico.

La vigilancia genómica ocupa un lugar destacado: los organismos europeos subrayan que rastrear en detalle los cambios en el genoma viral permite detectar antes variantes con mayor afinidad por mamíferos o con capacidad para transmitirse de persona a persona. Por eso, la guía anima a secuenciar sistemáticamente muestras de brotes relevantes en aves y mamíferos.

Este planteamiento integrado encaja con la advertencia de que, mientras no haya transmisión humana sostenida, la prioridad es contener el virus en el ámbito animal, evitando que acumule mutaciones que puedan facilitar un salto estable a personas. Dicho de otra manera: cuanto mejor se controle en granjas y fauna silvestre, menor será la probabilidad de escenarios más graves.

España: entre el alivio de restricciones y nuevas alertas

En España la situación es cambiante y depende mucho del territorio. En Castilla y León, por ejemplo, la Junta ha decidido levantar las medidas reforzadas de control y vigilancia que seguían en vigor en varias zonas de la provincia de Valladolid afectadas por brotes previos de gripe aviar de alta patogenicidad. Al desaparecer los focos activos, se han desclasificado áreas que estaban bajo protección, vigilancia o restricciones adicionales.

Este cambio implica que las explotaciones afectadas pueden dejar atrás medidas muy exigentes, como el confinamiento estricto de las aves o limitaciones severas a la entrada y salida de animales y productos. Sin embargo, la Junta ha optado por mantener una prohibición considerada muy sensible: no se permiten ferias, mercados ni concentraciones de aves de corral o aves cautivas en toda la comunidad autónoma, una vía habitual de diseminación del virus.

La resolución publicada en el boletín oficial castellano y leonés deja sin efecto el dispositivo de vigilancia extraordinaria puesto en marcha a finales de octubre, pero prorroga la suspensión de eventos con aves, al considerarlos los escenarios con mayor riesgo de amplificar una cadena de contagios si el virus reaparece.

Mientras algunas zonas van relajando el nivel de alerta, la Comunidad de Madrid se ha visto obligada a actuar con contundencia ante varios episodios encadenados. Desde la detección del primer foco el 22 de septiembre, distintos municipios madrileños —como Valdemoro, Móstoles, Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada, la capital o Getafe— han registrado casos en aves de corral y silvestres.

Uno de los brotes más llamativos se ha dado en el río Manzanares, a la altura de Perales del Río y La Marañosa, en Getafe, donde han aparecido cientos de cigüeñas muertas en cuestión de días. Bomberos y agentes forestales relatan escenas de auténtica acumulación de cadáveres a ambos lados del cauce, algo que por sí solo hace pensar en una enfermedad de alta patogenicidad.

El caso de las cigüeñas en el Manzanares

Ante este episodio, la Comunidad de Madrid ha confirmado inicialmente un resultado positivo de influenza aviar de baja patogenicidad en las primeras analíticas, lo que en principio no exige notificación formal al Ministerio de Agricultura. Sin embargo, la magnitud del número de aves fallecidas ha llevado a las autoridades autonómicas a solicitar un nuevo estudio al Laboratorio Central de Veterinaria de Algete para confirmar si se trata realmente de un virus poco agresivo o de una variante más letal.

Mientras se esperan los resultados definitivos, el Gobierno regional ha decidido aplicar de forma preventiva el paquete completo de medidas previstas para focos de alta patogenicidad. Esto incluye la prohibición de criar patos y gansos junto a otras aves de corral, la suspensión de la cría al aire libre, el control del agua de bebida para evitar contaminación por aves silvestres y la limitación de visitas a las explotaciones.

El trabajo de campo recae principalmente en el Cuerpo de Agentes Forestales y en los Bomberos, que están retirando los cadáveres con equipos de protección individual: trajes desechables, mascarillas y protección ocular. Las aves muertas se trasladan a instalaciones autorizadas para su destrucción segura, con el objetivo de reducir al mínimo el riesgo de diseminación del virus entre otras aves, animales carroñeros o incluso personas.

Desde el punto de vista sanitario, la comunidad recuerda que el contagio a humanos por esta vía es muy poco frecuente y se produce, casi siempre, tras un contacto muy estrecho con animales infectados o sus secreciones. Además, recalca que la gripe aviar no se transmite por el consumo de carne de ave bien cocinada, huevos o productos derivados, un mensaje clave para evitar alarmas injustificadas entre los consumidores.

En el caso de que las analíticas terminen confirmando un virus de alta patogenicidad, la Comunidad de Madrid tiene previsto notificar oficialmente el foco a la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria (RASVE) y reforzar la comunicación con los ayuntamientos de la zona, el Seprona y los propios cuerpos de emergencias, para asegurar que cualquier nuevo hallazgo de aves enfermas o muertas se gestiona con rapidez.

Impacto en granjas y presión sobre el sector avícola

Más allá de los brotes en fauna silvestre, la gripe aviar está teniendo un impacto muy notable en las explotaciones de aves de corral españolas. Uno de los episodios más graves en la Comunidad de Madrid se produjo en una macrogranja de gallinas ponedoras en Valdemoro, donde fue necesario sacrificar cerca de medio millón de animales para frenar la propagación del virus.

El dispositivo en esta explotación incluyó labores de destrucción, desinfección y enterramiento de las aves, tareas encomendadas a una empresa pública especializada, con un coste que superó los cientos de miles de euros. El objetivo, según la Consejería de Medio Ambiente, era evitar que el foco se extendiera a otras granjas de la región y a territorios vecinos.

En el conjunto de España, en los últimos meses se han detectado alrededor de una decena larga de focos en explotaciones avícolas, afectando a varios millones de animales entre muertos y sacrificados. Comunidades como Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura o Madrid se han visto especialmente golpeadas, en muchos casos por su ubicación en corredores de aves migratorias.

Este escenario ha convertido a España en uno de los puntos calientes europeos de gripe aviar, con consecuencias directas para el sector agroalimentario. Los sacrificios masivos, las restricciones de movimiento y las exigencias de bioseguridad han elevado costes y han contribuido a encarecer productos como el huevo, cuyo precio ha experimentado subidas significativas en el último año.

Las autoridades insisten en que, a pesar de las pérdidas económicas y la presión sobre productores y empleados, las medidas de sacrificio y confinamiento son la herramienta más eficaz para cortar las cadenas de transmisión en granjas intensivas y evitar escenarios todavía más dañinos para la industria y para la salud pública.

Mamíferos afectados: zorros, nutrias y gatos

Uno de los elementos que más preocupa a los expertos europeos es la aparición de casos de gripe aviar en mamíferos, algo que, aunque todavía es esporádico, indica la capacidad del virus para cruzar barreras de especie. Francia ha notificado recientemente infecciones en cuatro zorros y una nutria, hallados en zonas con intensa circulación de A(H5N1) en aves silvestres.

En Alemania, la atención se ha centrado en la región de Brandemburgo, cerca de Neuruppin, donde se han encontrado varios gatos muertos infectados con el virus H5N1. Todo apunta a que estos animales se contagiaron al entrar en contacto con aves salvajes muertas o gravemente enfermas, y no se descarta que en algún caso se haya producido transmisión entre felinos.

Las autoridades veterinarias alemanas, junto con el Instituto Friedrich Loeffler, recomiendan a los propietarios de gatos en las zonas afectadas que limiten al máximo las salidas sin supervisión y eviten caminatas por áreas boscosas o humedales donde descansan aves migratorias, especialmente grullas. En esa región, se calcula que miles de grullas han muerto por gripe aviar y que decenas de miles han sido sacrificadas de manera preventiva.

En los gatos, la gripe aviar se manifiesta de forma particularmente severa: el virus no se queda solo en el tracto respiratorio superior, sino que afecta al sistema nervioso central, provocando convulsiones, desorientación, trastornos del equilibrio, temblores musculares, ceguera y una postura característica con la cabeza ladeada. Además, suelen aparecer fiebre alta, dificultad respiratoria y neumonía.

La tasa de mortalidad en felinos infectados es muy alta y muchos animales fallecen en 24-48 horas desde los primeros síntomas. Aun así, los expertos recalcan que, pese a la gravedad para los propios gatos, el riesgo de transmisión de estos animales a otros gatos o a personas sigue considerándose muy bajo, dado que el virus se excreta principalmente por vías respiratorias e intestinales y no se ha documentado una cadena sostenida de contagios entre mamíferos.

Nuevas herramientas de vigilancia y mensajes a la población

Los brotes en Francia, Alemania y España se enmarcan en un otoño e invierno marcados por niveles sin precedentes de circulación de H5N1 en aves silvestres en Europa. Durante la migración otoñal, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ya advirtió que la dispersión geográfica del virus, su persistencia en el tiempo y su salto ocasional a mamíferos justificaban una vigilancia intensiva en todo el continente.

Las nuevas directrices del ECDC articulan un sistema de puntuación del riesgo que tiene en cuenta factores como la presencia de casos en mamíferos, la gravedad de eventuales infecciones humanas, el contexto de exposición o la detección de mutaciones asociadas a adaptación a mamíferos. En función de esa evaluación, los países pueden activar escalones crecientes de respuesta.

En los lugares donde aún no se han detectado infecciones humanas —como ocurre actualmente en la UE—, la recomendación es centrar el esfuerzo en reforzar la vigilancia animal y la protección de los profesionales más expuestos, además de consolidar las campañas de vacunación antigripal estacional entre trabajadores del sector avícola y porcino, veterinarios y personal de control de fauna salvaje.

Los mensajes a la ciudadanía se centran en medidas sencillas pero eficaces: no tocar aves o mamíferos silvestres muertos o enfermos, avisar a las autoridades si se encuentran grupos de animales con síntomas compatibles y seguir las indicaciones de las administraciones cuando se establecen zonas de restricción o confinamiento de aves de corral.

Además, los organismos científicos y las sociedades de vacunología están insistiendo en desmontar bulos. Por ejemplo, las vacunas frente a la COVID-19, caducadas o no, no ofrecen protección frente a la gripe aviar. Se trata de virus completamente distintos, y los expertos recuerdan que utilizar dosis fuera de indicación o caducadas no solo no sirve de nada, sino que puede crear una falsa sensación de seguridad.

La situación actual dibuja una Europa en alerta serena: la población general no está en riesgo elevado, pero los sistemas sanitarios, veterinarios y ambientales trabajan coordinados para contener una gripe aviar que se ha vuelto endémica en aves y que, de forma esporádica, afecta también a mamíferos. Entre el levantamiento progresivo de restricciones en algunas zonas y las actuaciones contundentes en focos como el de las cigüeñas del Manzanares, el continente busca un equilibrio delicado: proteger la salud pública y la seguridad alimentaria sin generar alarma innecesaria, pero sin bajar la guardia ante un virus que sigue poniendo a prueba los planes de preparación.

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