Enfermedades que pueden transmitir los gatos callejeros y cómo protegerte

  • Los gatos callejeros pueden portar hongos, parásitos, bacterias y virus que afectan tanto a otros gatos como, en algunos casos, a las personas.
  • Tiña, toxoplasmosis, rabia y enfermedad por arañazo de gato son las zoonosis más relevantes, junto con parásitos intestinales como Toxocara cati.
  • FIV y leucemia felina no se transmiten a humanos, pero sí entre gatos, por lo que es imprescindible testar a cualquier gato callejero antes de juntarlo con otros.
  • La revisión veterinaria, la desparasitación, las vacunas y unas buenas medidas de higiene reducen al mínimo el riesgo al ayudar o adoptar un gato de la calle.

Enfermedades transmitidas por gatos callejeros

Los gatos que viven en la calle tienen que afrontar a diario numerosos retos para poder seguir adelante. Tienen que protegerse de aquellas personas que los tratan mal, del tráfico de los pueblos y ciudades, de las inclemencias del tiempo, de otros peludos… Sobrevivir no es fácil para ellos, aunque se hayan criado en ese ambiente. De hecho, se calcula que su esperanza de vida es muy corta; y son muchos los que no llegan a cumplir los dos o tres años.

Por eso, cuando se decide adoptar a uno de ellos tenemos que saber las enfermedades que transmiten los gatos callejeros, ya que así podremos tomar las medidas oportunas para ayudarle a recuperar su salud y proteger también a nuestra familia y a otros animales del hogar.

Además de las patologías propias de los felinos, algunos gatos de vida libre pueden ser portadores de infecciones zoonóticas, es decir, enfermedades que pueden pasar de los animales a las personas. Conocerlas bien permite reducir riesgos sin dejar de ayudar a estos pequeños.

Gatos callejeros enfermos

Tiña

Tiña y hongos en gatos callejeros

Es una de las enfermedades más comunes y contagiosas. Es causada por un hongo que, cuando se manifiesta, produce parches circulares enrojecidos y sin pelo en la piel del afectado. Es frecuente en gatos callejeros o que salen mucho al exterior porque están más expuestos a esporas presentes en el ambiente o en otros animales.

Si bien no suele ser una enfermedad grave, sí es muy molesta y altamente contagiosa tanto para otros gatos como para las personas, especialmente niños, ancianos o personas con defensas bajas. Para mejorar necesitará medicamentos fungicidas de uso tópico (cremas, lociones o champús) e incluso tratamiento oral en casos más extensos, siempre prescritos por un veterinario.

Debes tener en cuenta que, aunque un gato puede contagiarte, es más fácil contraer tiña en lugares húmedos y concurridos, como las piscinas, gimnasios o duchas públicas, donde el hongo también puede sobrevivir en el ambiente.

En las personas, la tiña se manifiesta como ronchas en forma de anillo, con bordes rojizos y a veces picor. Ante cualquier lesión sospechosa, conviene acudir a un dermatólogo.

Más sobre la tiña aquí.

Enfermedad por arañazo de gato

Esta es una enfermedad causada por una bacteria del género Bartonella, que infecta al gato a través de las pulgas y las garrapatas que transportan este microorganismo. Es relativamente frecuente en gatos callejeros sin desparasitación, ya que suelen tener infestaciones de parásitos externos.

En la mayoría de personas sanas no es grave y suele resolverse sola, pero si tienes el sistema inmunológico comprometido (enfermedades crónicas, tratamientos inmunosupresores, VIH, etc.) puede que necesites atención médica y tratamiento antibiótico específico.

Si un gato la tiene, al morder o al arañar a una persona podría contagiarla. Al cabo de un par de semanas aparecerán síntomas como fiebre, fatiga, malestar general y ganglios inflamados cerca de la zona del arañazo o mordedura. A veces también se observa una pequeña protuberancia o ampolla en el sitio de la lesión. En caso de ser necesario, el médico recetará antibióticos.

Es importante diferenciar esta patología de otras infecciones por bacterias que también pueden entrar en el organismo a través de mordeduras, como las causadas por Salmonella o Campylobacter, que producen cuadros digestivos con diarrea, dolor abdominal, náuseas y fiebre. Aunque estas últimas no son exclusivas de los gatos callejeros, la falta de higiene y los parásitos externos aumentan el riesgo.

Más sobre la enfermedad por arañazo de gato aquí.

Rabia

La rabia es una infección viral del sistema nervioso central que se puede transmitir por animales como perros, gatos e incluso personas. La forma con la que el virus consigue llegar al organismo del afectado es a través de la saliva, normalmente por mordeduras profundas.

Se trata de una enfermedad altamente letal una vez aparecen los síntomas, por lo que la vacunación preventiva en animales y la actuación rápida tras una mordedura sospechosa son esenciales.

Los síntomas más comunes en los gatos son cambios de comportamiento repentinos, irritabilidad, agresividad, hipersensibilidad a estímulos, dificultad para tragar, babeo excesivo, descoordinación e incluso parálisis. En personas, el cuadro también cursa con fiebre, dolor en la zona de la mordedura, alteraciones neurológicas y cambios de estado de ánimo.

Teniendo esto en cuenta, lo primero que se tiene que hacer cuando se adopta a un gato callejero es llevarlo al veterinario para que lo examine, revise su estado de vacunación y, si es necesario, inicie un protocolo de inmunización. Esto es fundamental tanto por su seguridad como por la tuya.

Más sobre la rabia en gatos aquí.

Toxoplasmosis

Es la enfermedad que suele preocupar más a las personas, sobre todo a las mujeres embarazadas. Se transmite por un parásito llamado Toxoplasma gondii que se encuentra en las heces de los felinos, quienes son los principales huéspedes donde el parásito completa su ciclo.

A pesar de que es muy contagiosa a nivel mundial, la única manera directa de contraerla desde el gato es ingiriendo heces o partículas contaminadas, algo que nadie hace a propósito. Pero cuando se limpian los areneros sin guantes es fácil que se acabe con material fecal bajo las uñas y, si no se lavan bien las manos con agua y jabón, el parásito podría entrar en el organismo.

Además, el contagio puede darse por consumir carne cruda o poco cocinada, frutas y verduras mal lavadas, agua contaminada o utensilios de cocina que hayan estado en contacto con estos alimentos. Por ello, las medidas básicas de higiene alimentaria son tan importantes como el manejo correcto del arenero.

No es grave en personas sanas, y de hecho no suelen presentarse síntomas. Cuando aparecen, se parecen a una gripe leve: fiebre, dolor muscular, cansancio y ganglios inflamados. En personas inmunodeprimidas la infección puede reactivarse y afectar al cerebro o a los ojos, provocando problemas neurológicos y visuales serios si no se trata.

Durante el embarazo, la madre puede transmitir el parásito al feto, produciendo toxoplasmosis congénita, que en algunos casos se asocia con aborto, malformaciones, alteraciones neurológicas u oculares. Por este motivo, los médicos a veces recomiendan pruebas de toxoplasma y, si hay infección activa, tratamiento con antibióticos específicos.

Más sobre la toxoplasmosis aquí.

Virus de inmunodeficiencia felina y leucemia felina

Estas son dos enfermedades virales muy contagiosas entre gatos, pero no se transmiten a las personas. El virus de la inmunodeficiencia felina (FIV) debilita el sistema inmune, haciendo que el gato sea más vulnerable a otras infecciones, mientras que la leucemia felina (FeLV) afecta sobre todo a los glóbulos blancos y se asocia con anemia, tumores y fallos del sistema defensivo.

Si en casa ya tienes a un felino que sabes que está sano, nunca tienes que llevarte a uno callejero que veas muy enfermo sin antes pasar por el veterinario, ya que podrías poner en riesgo la vida y la salud de tu «viejo» amigo. Lo ideal es realizar pruebas específicas de FIV y FeLV antes de permitir el contacto directo.

El contagio del FIV se produce sobre todo por mordeduras profundas durante peleas, algo habitual en machos enteros de vida libre. La leucemia felina, en cambio, se transmite con más facilidad por saliva, secreciones nasales, leche materna y compartir comederos, bebederos o areneros. En ambos casos, mantener al gato en interior y esterilizado reduce mucho los riesgos.

Un gato positivo a FIV o FeLV puede llevar una vida relativamente normal durante años, siempre que reciba controles veterinarios periódicos, buena alimentación y un entorno libre de estrés. Sin embargo, no deberían vivir con gatos negativos sin supervisión veterinaria, para evitar posibles contagios.

virus de inmunodeficiencia felina y sobre la leucemia felina.

Gata tricolor callejera

Otras enfermedades y alergias relacionadas con gatos callejeros

Además de las patologías anteriores, existen otras enfermedades que pueden relacionarse con gatos callejeros, sobre todo cuando no están desparasitados ni controlados por un veterinario. Algunas son zoonóticas y otras solo afectan a los felinos, pero todas merecen atención.

Entre las zoonosis destacan:

  • Toxocariasis (larva migrans visceral): causada por el parásito Toxocara cati, cuyos huevos pueden encontrarse en las heces de gatos infectados. En personas, especialmente niños, puede provocar fiebre, tos, aumento del tamaño del hígado y alteraciones pulmonares.
  • Anquilostomiasis: producida por gusanos que penetran la piel, a menudo al caminar descalzo sobre suelos contaminados. Puede ocasionar lesiones cutáneas, anemia, fatiga y problemas digestivos.
  • Esporotricosis: infección por hongos que entra a través de arañazos o mordeduras de gatos enfermos y provoca nódulos y úlceras en la piel. Requiere tratamiento antifúngico prolongado en animales y personas.

También hay muchas personas con alergia al pelo o a la caspa de los gatos, lo que puede provocar estornudos, lagrimeo, picor ocular e incluso asma. En estos casos es fundamental consultar con un alergólogo antes de convivir con un gato, sea callejero o doméstico.

A nivel exclusivamente felino, los gatos de la calle suelen padecer con más frecuencia calicivirus felino, infecciones respiratorias, conjuntivitis y enfermedades intestinales por parásitos. Aunque estas no se transmitan a las personas, sí afectan de forma importante a su bienestar y calidad de vida.

Cómo reducir riesgos al ayudar o adoptar un gato callejero

Ayudar a un gato de la calle y decidir adoptarlo es un gesto muy valioso. Para hacerlo con seguridad, conviene seguir una serie de medidas básicas de prevención:

  • Revisión veterinaria completa nada más recoger al gato: exploración física, pruebas de FIV y FeLV, desparasitación interna y externa y planificación de vacunación.
  • Periodo de adaptación en una habitación separada si ya tienes otros animales en casa, hasta que el veterinario confirme que es seguro el contacto.
  • Higiene cuidadosa al manipular heces, arena o zonas donde el gato pueda haber orinado o vomitado, usando guantes y lavando bien las manos después.
  • Control de pulgas y garrapatas con productos específicos para gatos, ya que estos parásitos son vehículos de varias bacterias y parásitos.
  • Evitar juegos bruscos que puedan provocar arañazos o mordiscos, sobre todo con niños o con personas inmunodeprimidas.

Siempre que tengas dudas, consulta con un profesional de confianza. Un buen asesoramiento veterinario permite disfrutar de la compañía de un gato rescatado minimizando los riesgos sanitarios y ofreciéndole la vida digna que merece.