Las pulgas son unos parásitos externos diminutos, pero extremadamente resistentes, que se multiplican con muchísima rapidez y causan muchas molestias tanto al gato como, también, a las personas que viven con él. Además de provocar picor intenso y malestar general, son unos inquilinos no deseados capaces de transmitir enfermedades que pueden afectar de forma seria a la salud de tu compañero felino e, incluso, a la de los humanos que conviven con él.
Por eso, es muy importante proteger a nuestro peludo con un buen antiparasitario y mantener también el entorno libre de pulgas. Conocer las principales enfermedades que transmiten las pulgas en gatos y cómo prevenirlas es clave para actuar a tiempo y evitar complicaciones.
Anemia

La anemia es una consecuencia de la pérdida de sangre continua que se produce cuando el animal tiene una infestación grave de pulgas. Cada pulga se alimenta de pequeñas cantidades de sangre, pero cuando hay decenas o cientos sobre el mismo gato, especialmente si es un gatito, un gato de tamaño pequeño o un animal mayor o debilitado, el volumen de sangre que pierden puede ser muy importante.
Cuando estos parásitos se adhieren al cuerpo del peludo, lo que hacen es inocular su saliva en la herida para así evitar que la sangre se coagule, de modo que pueden seguir chupando por mucho más tiempo. Si la infestación se mantiene durante días o semanas, las reservas de glóbulos rojos del gato se agotan y aparece la anemia.
Los síntomas más frecuentes de anemia por pulgas son: debilidad general, piel seca, encías de un rosa muy claro o casi blanquecinas, apatía, respiración acelerada con pequeños esfuerzos, pérdida de peso y, en los casos más graves, desmayos o colapso. Se trata de una situación de urgencia veterinaria, ya que sin tratamiento adecuado la anemia grave puede resultar mortal, sobre todo en cachorros.
Dermatitis alérgica

La dermatitis alérgica por picadura de pulga es una reacción hipersensible del sistema inmunitario del gato a algunos componentes de la saliva de la pulga. Es muy frecuente sobre todo en las zonas de clima cálido, como en la región mediterránea, donde las pulgas se mantienen activas gran parte del año, pero puede observarse en cualquier lugar y en cualquier época si las condiciones ambientales son favorables.
Entre los síntomas más comunes destacamos el picor intenso y la inflamación de la piel, que provoca que el gato se rasque mucho más de lo normal pudiendo llegar a hacerse heridas, costras y zonas sin pelo, sobre todo en la base de la cola, lomo y muslos. En los casos más severos, el rascado y lamido constante puede originar infecciones secundarias de la piel que cursan con mal olor y dolor.
En gatos sensibles, unas pocas picaduras pueden desencadenar un brote severo, de modo que aunque no veas muchas pulgas es posible que el problema de fondo siga siendo este parásito. El tratamiento suele incluir antiparasitarios externos, antiinflamatorios y, en muchos casos, antibióticos si hay infección secundaria, siempre pautados por el veterinario.
Micoplasmosis

La micoplasmosis es una enfermedad bacteriana transmitida principalmente por las pulgas (y, en ocasiones, por otros parásitos hematófagos). Estas bacterias, agrupadas dentro de los llamados hemoplasmas felinos, se adhieren a la superficie de los glóbulos rojos y provocan su destrucción, generando una anemia hemolítica que puede ser muy grave.
El diagnóstico a veces se retrasa, ya que los síntomas tardan en aparecer alrededor de dos semanas desde la infección y pueden ser inicialmente muy inespecíficos. Éstos son: depresión, cansancio, anemia, pérdida de peso, debilidad, ictericia y fiebre. Muchos gatos pueden presentar también falta de apetito, mucosas amarillentas y aumento de la frecuencia respiratoria.
Se trata de un problema muy grave que puede causar la muerte si no se trata a tiempo. El veterinario suele recurrir a pruebas de sangre específicas para confirmar la presencia de micoplasmas y, una vez diagnosticado, se pauta un tratamiento antibiótico prolongado, junto con soporte general (fluidoterapia, protectores hepáticos, transfusión en casos extremos) y control estricto de parásitos externos.
Peste bubónica

La peste bubónica es una enfermedad hoy extinguida en muchos países, pero todavía presente en otros, especialmente en las regiones más pobres del mundo y en determinadas zonas rurales donde existen reservorios silvestres. Es una infección bacteriana transmitida por pulgas, sobre todo las asociadas a roedores, que causa fiebre alta, vómitos, pérdida de peso y apatía. En los gatos, además, pueden observarse inflamaciones dolorosas de ganglios linfáticos y grave afectación del estado general.
Como bien sabemos por la historia, si no se trata a tiempo resulta fatal para el animal o persona afectado. La presencia de gatos con síntomas compatibles en áreas endémicas requiere una actuación veterinaria urgente y medidas estrictas de control de pulgas y roedores, así como notificación a las autoridades de salud pública según la legislación de cada país.
Otras enfermedades y complicaciones asociadas a las pulgas en gatos
Además de las patologías ya mencionadas, las pulgas pueden actuar como vectores de otros parásitos y bacterias con importancia veterinaria y zoonósica, lo que significa que también pueden afectar a las personas.
Una de las más conocidas es la infección por Dipylidium caninum, una tenia intestinal. Las pulgas actúan como hospedadores intermediarios: el gato se contagia cuando ingiere una pulga infectada al lamerse o rascarse. Esto puede provocar diarreas, molestias abdominales, picor en la zona anal, adelgazamiento y, en casos prolongados, anemia. En las heces o alrededor del ano pueden observarse pequeños segmentos de la tenia, similares a granos de arroz secos.
Otra complicación importante es la bartonelosis felina, causada por bacterias del género Bartonella. Muchos gatos infestados de pulgas pueden albergar esta bacteria en sus glóbulos rojos sin mostrar signos evidentes, pero sí convertirse en fuentes de contagio para otros gatos y para seres humanos, dando lugar a la llamada enfermedad por arañazo de gato. También se han descrito infecciones por bacterias del grupo Rickettsia asociadas a pulgas, que en algunos casos pueden producir cuadros febriles y malestar en animales y personas.
Prevención: cómo evitar que las pulgas enfermen a tu gato
Para evitar que las pulgas enfermen a tu gato, ya sabes, ponle un antiparasitario desde comienzos de primavera hasta bien entrado el otoño, sobre todo si vives en una zona con clima cálido. No obstante, debido a que cada vez los inviernos son más suaves en muchas regiones, puede ser recomendable mantener la protección prácticamente todo el año, siguiendo siempre las pautas del veterinario.
En el mercado existen múltiples opciones: pipetas, comprimidos, collares, sprays y soluciones en spot-on. Lo ideal es utilizar productos antiparasitarios de uso veterinario que combinen eficacia frente a pulgas adultas y acción sobre huevos y larvas. El profesional te orientará sobre la mejor alternativa para tu gato según su edad, peso, estilo de vida y posibles enfermedades previas.
No basta con tratar solo al animal. Muchas fases de las pulgas (huevos, larvas y pupas) se desarrollan en el ambiente: alfombras, sofás, rendijas del suelo, camas y mantas. Por eso es esencial mantener el hogar limpio y desinfectado, aspirar con frecuencia, lavar textiles a temperatura adecuada y, si es necesario, usar productos específicos para el entorno recomendados por tu veterinario.
Además de los tratamientos periódicos, conviene revisar el pelaje de tu gato de forma regular, sobre todo si tiene acceso al exterior o convive con perros. Si observas que se rasca más de lo normal, notas pequeños puntos negros (las heces de pulga) en su piel o ves parásitos moviéndose entre el pelo, es importante actuar de inmediato y solicitar asesoramiento profesional para evitar que una infestación leve se convierta en un problema serio.
Cuidar bien la desparasitación externa de tu gato, vigilar la aparición de síntomas sospechosos y acudir prontamente al veterinario ante cualquier signo de enfermedad son las mejores armas para mantenerlo sano y protegido frente a todas las enfermedades transmitidas por pulgas.