
Las garrapatas son uno de los parásitos externos más peligrosos para los gatos. No solo se alimentan de su sangre, sino que pueden transmitir múltiples enfermedades bacterianas, víricas y parasitarias que afectan tanto a la salud del felino como, en algunos casos, a la de las personas que conviven con él.
Durante la primavera y los meses cálidos su actividad aumenta de forma notable y se multiplican con rapidez, llegando a convertirse en una plaga difícil de controlar en jardines, patios y zonas con vegetación. De hecho, en condiciones favorables pueden multiplicarse en cuestión de días, sobre todo durante el verano. No obstante, en muchas regiones pueden permanecer activas casi todo el año si la temperatura es suave.
Por ello, es importante saber qué enfermedades transmiten las garrapatas a los gatos y cómo reconocer los síntomas. De este modo comprenderemos lo fundamental que es protegerlos con antiparasitarios adecuados y revisar su cuerpo después de cada salida al exterior.
Cómo actúan las garrapatas y por qué son tan peligrosas

Las garrapatas son arácnidos hematófagos, es decir, se alimentan de sangre. Pertenecen al grupo de los ácaros y no son insectos como las pulgas o los mosquitos. Presentan cuatro fases de vida: huevo, larva, ninfa y adulto. En todas ellas, salvo en el huevo, necesitan alimentarse de un hospedador.
Cuando encuentran un gato, se adhieren a su piel gracias a un aparato bucal en forma de gancho y, a través de la saliva, inoculan sustancias anestésicas y anticoagulantes. Por eso la picadura suele ser indolora y pueden permanecer fijadas días mientras se alimentan sin que el animal lo note.
Durante la alimentación, la garrapata puede regurgitar parte de su contenido intestinal hacia el torrente sanguíneo del gato. Es en ese momento cuando transmite bacterias, protozoos e incluso virus responsables de diversas enfermedades. Cuanto más tiempo permanezca adherida, mayor es el riesgo de transmisión; en muchas infecciones se estima que el peligro aumenta a partir de las 20-24 horas de fijación continuada.
Además, una sola hembra adulta puede poner miles de huevos, lo que explica por qué una casa, terreno o jardín infestados pueden seguir albergando garrapatas durante meses si no se realiza un control ambiental adecuado. Algunas especies son capaces de sobrevivir largos periodos sin alimentarse, esperando al próximo hospedador.
Enfermedades que pueden transmitir las garrapatas a los gatos

Aunque los gatos suelen ser algo menos susceptibles que los perros a la infestación por garrapatas, siguen estando expuestos a patógenos muy serios. Muchas de estas enfermedades también son zoonóticas, es decir, pueden afectar a las personas a través de la picadura de una garrapata infectada.
Las principales enfermedades transmitidas por garrapatas en gatos son:
- Enfermedad de Lyme (borreliosis)
- Tularemia
- Babesiosis
- Ehrlichiosis
- Anaplasmosis
- Micoplasmosis hemotrópica felina (anemia infecciosa felina)
A continuación se detallan las más importantes, cómo se desarrollan y cuáles son sus signos clínicos más habituales en el gato.
Enfermedad de Lyme
Es una infección bacteriana que transmiten las garrapatas duras, especialmente las del género Ixodes. Está causada por la bacteria Borrelia burgdorferi. Aunque en gatos se diagnostica con menos frecuencia que en perros, puede provocar un cuadro clínico serio.
Se distinguen tres fases de la enfermedad:
- Fase 1: se inicia en los primeros días. La infección es localizada en la zona de inoculación. Puede aparecer a las 18-36 horas de la picadura, incluso a las 18 horas, cuando la bacteria pasa al torrente sanguíneo.
- Fase 2: la bacteria comienza a llegar a otras partes del cuerpo, como articulaciones, corazón o sistema nervioso.
- Fase 3: la bacteria ha conseguido extenderse por todo el cuerpo, meses o incluso años después de la infección inicial, generando cuadros crónicos.
Los síntomas dependerán de la fase en la que se encuentre el gato:
- Fase 1: fiebre moderada, pérdida de apetito, apatía, depresión, rigidez muscular, inflamación de los ganglios linfáticos, y puede caminar con la espalda arqueada o mostrar cierta cojera intermitente.
- Fase 2: dificultad para respirar, trastornos del sistema nervioso (descoordinación, cambios de comportamiento), problemas cardíacos como arritmias o fatiga marcada.
- Fase 3: diarrea y vómitos recurrentes, insuficiencia renal, acumulación de líquido en abdomen o extremidades, entumecimiento muscular y dolor articular crónico.
En personas, una picadura de garrapata infectada puede causar una erupción en “ojo de buey”, pero en los gatos esa lesión cutánea suele pasar desapercibida por el pelaje, lo que hace que la vigilancia de otros síntomas sea aún más importante.
Tularemia
Conocida también como fiebre de los conejos, es una enfermedad bacteriana grave causada por Francisella tularensis que puede transmitirse al gato a través de la picadura de garrapatas, el contacto con presas infectadas (como roedores o conejos) o material contaminado.
En gatos suele manifestarse con:
- Falta de apetito marcada y pérdida de peso rápida.
- Letargo intenso y debilidad general.
- Fiebre alta y escalofríos.
- Infecciones oculares (conjuntivitis, secreción purulenta).
- Úlceras en o alrededor de la boca y, en ocasiones, en otras zonas de piel.
- Ictericia (coloración amarillenta de mucosas y piel).
- Agrandamiento del hígado y del bazo, con posible dolor abdominal.
- Deshidratación y aspecto muy enfermo.
Es una zoonosis relevante para la salud pública, por lo que cualquier gato con sospecha de tularemia debe ser evaluado de inmediato por un veterinario y manejado con las medidas de higiene adecuadas por parte de los cuidadores.
Babesiosis
Es una enfermedad producida por protozoos del género Babesia que entran en el organismo del animal a través de la picadura de una garrapata infectada. Invaden los glóbulos rojos y desencadenan su destrucción, dando lugar a cuadros de anemia que pueden ser muy severos.
Es muy rara en gatos, pero es importante conocer los síntomas para tomar las medidas que sean necesarias. Estos incluyen:
- Anemia, que se refleja en mucosas pálidas (encías blanquecinas) y cansancio.
- Pérdida de apetito y de peso progresiva.
- Ictericia debida a la destrucción masiva de glóbulos rojos.
- Fiebre variable y decaimiento.
En casos graves pueden aparecer orina oscura (marrón o rojiza), dificultad respiratoria y colapso. El pronóstico mejora mucho con un diagnóstico temprano y tratamiento específico.
Ehrlichiosis
Se trata de una enfermedad bacteriana poco común en gatos que es causada por las bacterias Ehrlichia canis y Ehrlichia risticii, entre otras especies relacionadas. Estas bacterias atacan principalmente a los glóbulos blancos y a otras células sanguíneas, alterando el sistema inmunitario y la capacidad de coagulación.
Los síntomas más habituales en el gato son:
- Letargo y depresión marcada.
- Pérdida de apetito y de peso.
- Vómitos y diarrea.
- Fiebre intermitente.
- Anemia y membranas mucosas pálidas.
- Dificultad para respirar.
- Patas hinchadas e inflamadas por problemas circulatorios.
- Ojos llorosos, secreciones oculares y posibles inflamaciones oculares.
- Trastornos hemorrágicos, como sangrado nasal o aparición de pequeños puntos rojos en la piel.
Al igual que con otras enfermedades transmitidas por garrapatas, el diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración y pruebas de laboratorio (hemogramas, serologías, PCR). El tratamiento suele incluir antibióticos específicos y, en algunos casos, soporte con fluidoterapia y fármacos para estabilizar al animal.
Otras enfermedades importantes: anaplasmosis y micoplasmosis hemotrópica felina
Las garrapatas también pueden transmitir Anaplasma phagocytophilum, bacteria que afecta a los glóbulos blancos y que en gatos puede causar fiebre, dolor articular, rigidez, apatía y pérdida de apetito. En ocasiones produce trastornos hemorrágicos y empeora cuadros ya existentes.
Una enfermedad especialmente relevante en gatos es la micoplasmosis hemotrópica felina, también conocida como anemia infecciosa felina. Está causada por bacterias del género Mycoplasma (como Mycoplasma haemofelis) que se adhieren a la superficie de los glóbulos rojos y desencadenan su destrucción.
Sus principales manifestaciones clínicas incluyen:
- Anemia severa con debilidad extrema.
- Depresión, letargo y escasa tolerancia al ejercicio.
- Fiebre en fases agudas.
- Ictericia cuando la destrucción de glóbulos rojos es intensa.
- Bazo agrandado palpable en la exploración veterinaria.
Aunque en muchos casos se transmite por pulgas, las garrapatas también pueden actuar como vector. Por eso es tan importante un control integral de todos los parásitos externos que puedan afectar a los gatos.
Dónde se localizan las garrapatas en los gatos y cómo detectarlas

Las garrapatas prefieren zonas del cuerpo con piel fina, pliegues o áreas poco visibles. En gatos, sus localizaciones favoritas suelen ser:
- Debajo y detrás de las orejas.
- En las axilas.
- En las patas, sobre todo en los espacios interdigitales.
- En el cuello, especialmente bajo el collar si lo lleva.
- En la ingle y zona perineal.
- Bajo la cola.
- Alrededor de los párpados y el hocico.
Los signos indirectos que pueden hacer sospechar la presencia de garrapatas son rascado continuo, pequeñas zonas inflamadas en la piel, pérdida de apetito, apatía o décimas de fiebre. Aun así, muchas garrapatas se detectan solo mediante una inspección visual y táctil cuidadosa del pelaje.
Conviene revisar al gato a diario si sale al exterior, especialmente si vive en zonas rurales, con jardines, vegetación densa o presencia de fauna silvestre. Localizar una garrapata y retirarla correctamente en las primeras horas reduce mucho la probabilidad de transmisión de enfermedades.
Prevención: cómo proteger a tu gato de las garrapatas
Para evitar que el gato acabe enfermo por culpa de una picadura de garrapata, es necesario protegerlo con antiparasitarios como pipetas, collares o spray durante todos los meses cálidos y, en muchas zonas, durante todo el año si las temperaturas son suaves.
Entre las medidas de prevención más eficaces se incluyen:
- Uso regular de productos antiparasitarios específicos para gatos (spot-on, comprimidos o collares) con eficacia frente a garrapatas.
- Revisión frecuente del pelaje tras paseos por el campo, jardines o zonas con hierba alta.
- Mantenimiento del entorno: cortar la hierba, desbrozar zonas de maleza y reducir los refugios donde las garrapatas puedan esperar a un hospedador.
- Evitar, en lo posible, que el gato se adentre en zonas muy infestadas de garrapatas, sobre todo si no está correctamente protegido.
- Consultar con el veterinario el mejor protocolo de desparasitación según la zona geográfica, estilo de vida del gato y otros animales que convivan en el hogar.
Es esencial recordar que algunos productos usados en perros son tóxicos para los gatos, por lo que nunca deben compartirse collares, pipetas u otros tratamientos entre especies. Ante cualquier duda, siempre se debe pedir consejo al profesional veterinario.
Un programa de prevención bien planificado, unido a revisiones periódicas y a la retirada precoz de las garrapatas que se detecten sobre el animal, es la herramienta más segura para mantener a los gatos libres de estos parásitos y de las enfermedades que transmiten.