
La boca del gato no solo le sirve para comer: también la utiliza para explorar el entorno, cazar juguetes o presas, transportar objetos y relacionarse con otros animales. Por eso, cualquier alteración en dientes, encías o lengua tiene un impacto directo en su bienestar, en su comportamiento y en su salud general.

Nuestro gato, aunque reciba la debida atención y cuidados todos los días, no podrá estar nunca protegido del todo. A lo largo de su vida, es seguro que va a caer enfermo alguna vez. La mayoría de las veces probablemente tendrá que lidiar con simples resfriados, pero en otras ocasiones podría llegar a necesitar atención veterinaria urgente, y una de las causas más habituales son los problemas bucales.
Para que pueda superarlos con éxito, es muy importante que lo revisemos a diario: pelo, patas, ojos y, por supuesto, boca y encías, para que podamos detectar cualquier posible problema a tiempo. En esta ocasión, vamos a descubrir cuáles son las enfermedades bucales en gatos, qué síntomas provocan, cómo se tratan y de qué forma podemos prevenirlas, integrando además lo que hoy se sabe sobre causas, tipos de lesiones y factores de riesgo.
¿Cuáles son las enfermedades bucales más comunes en gatos?

Las enfermedades de las encías y los dientes son el problema oral más frecuente en los gatos. Pueden afectar solo a la encía, al diente, a la lengua o a toda la cavidad oral, y provocar desde mal aliento hasta dolor intenso que impide al gato comer con normalidad. En muchos casos, además, se combinan varias patologías a la vez y evolucionan desde una simple acumulación de placa hasta procesos inflamatorios crónicos muy dolorosos.
La secuencia más habitual es la siguiente: primero se forma placa bacteriana, después se acumula sarro, aparece gingivitis (inflamación de encías) y, si no se actúa, esto progresa a enfermedad periodontal. Sobre este terreno inflamado pueden desarrollarse lesiones de resorción dental, gingivoestomatitis crónica u otras complicaciones, además de fracturas y tumores orales.
Fractura de dientes
No es muy frecuente, pero si un gato tiene un accidente o no se está cuidando bien su boca, podría darse el caso de que un diente se le rompiera, causándole mucho dolor. También puede fracturarse un diente al morder objetos muy duros (huesos, juguetes inadecuados, jaulas, barras metálicas…). En ocasiones, la fractura forma parte de un traumatismo más amplio en mandíbula o cara.
Cuando se fractura una pieza puede quedar expuesta la pulpa dental, que es muy sensible y está llena de nervios y vasos sanguíneos. Esto provoca dolor agudo, inflamación e incluso infecciones que pueden extenderse a la raíz y al hueso. Si la fractura es complicada, el diente se vuelve muy frágil, puede astillarse más y llegar a caerse.
Los signos incluyen dificultad para masticar, rechazo a la comida dura, salivación con sangre, sensibilidad alrededor de la boca y cambios de comportamiento por dolor. Por lo tanto, si no quiere comer, o al hacerlo se queja mucho, si inclina la cabeza hacia un lado al masticar, o si notas que se lleva la pata a la boca de forma repetida, no hay que dudarlo: debes llevarlo al profesional para que lo examine y valore si es necesario extraer el diente o realizar un tratamiento específico (como una endodoncia en casos seleccionados).
Gingivitis

La gingivitis es la inflamación y enrojecimiento de las encías a causa de la acumulación de sarro o alguna otra infección. Suele aparecer por no darle una alimentación adecuada y/o por no cepillarle los dientes a diario con un cepillo y pasta de dientes específico para gatos. Algunas razas, como persas, siameses, himalayos o burmeses, presentan cierta predisposición, y también es frecuente en gatos con defensas bajas o infectados por virus como FIV, FeLV o calicivirus.
En las primeras fases, la encía se ve más roja y algo inflamada, y puede sangrar con facilidad al masticar o si intentas tocarla. El gato puede seguir comiendo, pero a menudo presenta mal aliento y empieza a mostrar rechazo hacia el pienso más duro. En formas más avanzadas, la encía puede ulcerarse, doler al mínimo contacto y producir salivación abundante.
Si la gingivitis no se trata, puede avanzar hasta convertirse en enfermedad periodontal, afectando al tejido que sujeta el diente. En casos graves, podría llegar a perder algún diente, de modo que será necesario llevarlo al veterinario para que realice una limpieza profesional, revise el estado de las raíces y establezca un plan de higiene dental en casa. En gatos con gingivitis crónica o recurrente, a menudo se combinan antiinflamatorios, antibióticos y, en algunos casos, extracciones de piezas muy dañadas.
Sarro (cálculo dental)

El sarro es la acumulación de bacterias y restos de comida mezcladas con la saliva del propio gato en los dientes. Debido a sus hábitos alimenticios carnívoros y a que muchos gatos no reciben higiene dental, es un problema muy común en los felinos. Se ve como una capa dura de color amarillo o marrón, sobre todo en premolares y molares.
Primero se forma una placa blanda que recubre la superficie del diente. Si no se elimina con el cepillado o el rozamiento del alimento, esta placa se endurece por la deposición de minerales de la saliva y se convierte en cálculo dental o sarro, que se adhiere con fuerza al esmalte, sobre todo en la zona próxima a la encía. Las dietas muy blandas (solo latas o comida casera sin control) favorecen especialmente esta acumulación.
Suele aparecer a la edad de 5-6 años y va empeorando con el paso del tiempo. El sarro alberga gran cantidad de bacterias patógenas que irritan la encía, generan halitosis intensa y favorecen la aparición de gingivitis, periodontitis y otras enfermedades orales. Además, debajo del sarro pueden ocultarse lesiones de resorción dental o caries poco frecuentes pero muy dolorosas.
¿Qué hacer? Cepillarle los dientes y llevarlo una vez al año a que le hagan una limpieza profesional con ultrasonidos bajo anestesia. En casa, el cepillado regular, la alimentación adecuada y algunos juguetes o premios dentales ayudan a retrasar la reaparición del sarro, aunque no la evitan por completo. En algunos casos, el veterinario puede recomendar soluciones orales en el agua o dietas secas específicas que ayudan a reducir la placa.
Enfermedad periodontal
La enfermedad periodontal es la evolución de la gingivitis y del sarro no tratados. Las bacterias de la placa y el cálculo se introducen bajo la encía y provocan una infección crónica que afecta al ligamento periodontal y al hueso que sostienen el diente. Se forman bolsas alrededor del diente que acumulan pus y restos de comida.
Con el tiempo, la encía se inflama, se retrae y se forman bolsas periodontales donde se acumulan más bacterias y restos de comida. Esto causa dolor, sangrado, movilidad dental y, finalmente, la pérdida de piezas. Además, las bacterias y toxinas que se liberan pueden pasar a la sangre y afectar a órganos como corazón, hígado o riñones, incrementando el riesgo de endocarditis e infecciones sistémicas.
Entre los signos más frecuentes de enfermedad periodontal en gatos se encuentran:
- Exceso de salivación o babeo constante.
- Mal aliento muy marcado incluso a distancia.
- Sangrado de encías al comer o al intentar mirarle la boca.
- Apatía y cambios de comportamiento por dolor crónico.
- Falta de apetito o preferencia por comida muy blanda.
Si esta enfermedad no es tratada, la infección puede extenderse y afectar al corazón, hígado y riñones, aumentando el riesgo de problemas sistémicos. El tratamiento incluye limpieza profunda, posible extracción de piezas dañadas, antibióticos y analgésicos, además de instaurar una rutina estricta de higiene oral en casa. Un control temprano de la placa y revisiones periódicas son la forma más eficaz de evitar llegar a esta fase.
Resorción dental felina

La resorción dental felina es una enfermedad muy dolorosa en la que se produce un deterioro progresivo del esmalte y la estructura del diente. Con el tiempo, el diente se va destruyendo y en muchas ocasiones se quiebra a la altura de la encía o pierde parte de la corona. Es uno de los problemas dentales más frecuentes en gatos adultos, aunque muchas veces pasa desapercibido porque la lesión queda oculta bajo el sarro.
Se desconoce la causa exacta, aunque se cree que intervienen mecanismos inflamatorios e inmunológicos, alteraciones en el metabolismo del calcio, estrés mecánico crónico en la zona y posibles infecciones virales. Afecta tanto a gatos domésticos como a felinos salvajes, y suele relacionarse con la presencia previa de enfermedad periodontal.
Un gato con resorción dental suele tener problemas para masticar comida dura o fría, y a menudo el propietario solo nota que su mascota come menos, deja pienso en el cuenco o se muestra reacia a que le toquen la boca. También pueden observarse encías rojas e inflamadas, dientes dañados y, en algunos casos, un babeo continuo con restos de sangre. Hay gatos que maúllan o gruñen al intentar comer por el dolor agudo que sienten.
El diagnóstico requiere una revisión dental completa con radiografías, ya que muchas lesiones están ocultas bajo el sarro o la encía y solo se aprecian como áreas radiolúcidas en la raíz. No existe tratamiento que regenere el diente, por lo que los dientes afectados deben extraerse. Tras la extracción y con una dieta adaptada (comida blanda o húmeda), los gatos pueden vivir bien incluso sin muchos dientes, recuperando el apetito y mejorando claramente su estado de ánimo.
Estomatitis y gingivoestomatitis crónica felina
La estomatitis felina, también llamada gingivoestomatitis crónica cuando afecta de forma extensa a encías y mucosa oral, es una inflamación severa y persistente de toda la boca del gato. Se cree que está relacionada con una respuesta inmune desregulada frente a la placa bacteriana, y con frecuencia se asocia a virus como el calicivirus, FeLV o FIV. En muchos gatos se trata de un proceso crónico difícil de controlar por completo.
Los gatos con estomatitis presentan dolor intenso al abrir la boca, mal aliento muy fuerte, salivación abundante muchas veces teñida de sangre, y grandes dificultades para tragar. Es típico que se acerquen hambrientos a la comida, pero se retiren bruscamente, maúllen o bufan, porque anticipan el dolor que les produce masticar. También pueden mostrar adelgazamiento, apatía y cambios de carácter por el malestar continuo.
El veterinario suele necesitar sedar al gato para examinar bien la boca, valorar la extensión de las lesiones y descartar tumores u otras patologías mediante biopsias y pruebas complementarias. El tratamiento combina limpieza dental, extracciones múltiples (a veces de todos los premolares y molares), antibióticos, antiinflamatorios e inmunomoduladores. Muchos gatos mejoran de manera notable cuando se extraen precozmente los dientes afectados y se controla de forma estricta la placa bacteriana.
Otros problemas orales: glositis, estomatitis fúngica y tumores

Además de las enfermedades anteriores, los gatos pueden sufrir:
- Glositis: inflamación de la lengua por cuerpos extraños (hilos, cuerdas), quemaduras, picaduras de insectos, enfermedades metabólicas o infecciones. Provoca babeo, dolor y rechazo a comer. Requiere retirar el cuerpo extraño si lo hay, tratar la causa y dar soporte con dieta blanda y fluidos.
- Estomatitis fúngica: causada por el crecimiento excesivo del hongo Candida albicans. Se observan placas blancas cremosas, úlceras, mal aliento y anorexia. Suele aparecer en animales con defensas bajas o tratamientos antibióticos prolongados y necesita medicación antifúngica y tratamiento de la causa subyacente.
- Tumores orales (como el carcinoma de células escamosas): afectan a la mucosa de la boca, lengua o encías. Suelen manifestarse como masas, úlceras que no cicatrizan, dolor intenso y pérdida de apetito. El diagnóstico temprano, con biopsia y pruebas de imagen, y el tratamiento oncológico especializado son fundamentales para intentar mejorar el pronóstico.
¿Qué síntomas deben ponernos en alerta?

Los gatos son expertos en ocultar el dolor, por lo que muchas enfermedades bucales se detectan tarde. Conviene prestar atención a cualquier cambio, aunque parezca pequeño. Algunos signos frecuentes de problemas dentales y orales son:
- Mal aliento persistente, incluso poco tiempo después de comer.
- Babeo excesivo o saliva con restos de sangre.
- Dificultad para masticar, dejar comida en el cuenco o preferir solo alimento muy blando.
- Pérdida de apetito o acercarse a la comida y marcharse sin comer.
- Golpearse la boca con la pata, frotarse la cara o evitar que le toques la cabeza.
- Encías rojas, inflamadas o que sangran con facilidad.
- Dientes rotos, decolorados o aparentemente ausentes.
- Apatía, adelgazamiento y cambios de comportamiento relacionados con el dolor crónico.
Ante cualquiera de estos signos, lo más prudente es pedir cita con el veterinario para una exploración completa de la boca y, si es necesario, realizar radiografías dentales bajo sedación. Detectar una lesión a tiempo suele marcar la diferencia entre un tratamiento conservador y tener que extraer varias piezas.
¿Qué hacer para prevenir las enfermedades bucales en gatos?

Lo primero y más importante es darle una alimentación adecuada. El pienso seco (sin cereales) es una buena opción si quieres prevenir la aparición del sarro, ya que su textura ayuda a arrastrar parte de la placa al masticar. También puedes optar por darle Dieta Yum para gatos o Barf con la ayuda de un nutricionista felino, ajustando bien la composición y la textura para cuidar la salud dental. En gatos con gingivitis activa, temporalmente puede ser necesario usar comida húmeda o casera blanda para evitar el dolor al masticar.
Otra de las cosas que debes de hacer es cepillarle los dientes a diario. Si lo acostumbras desde cachorrito le será mucho más fácil, pero si es adulto también puede llegar a tolerar el cepillado de dientes. Siempre debes utilizar pasta dental específica para gatos y un cepillo suave adaptado a su boca; la pasta de dientes para humanos es tóxica para ellos y nunca debe emplearse. En muchos gatos se consigue un buen resultado con un mínimo de varios cepillados a la semana.
Si no acepta el cepillado o necesitas un apoyo extra, podrías darle juguetes o golosinas para gatos que están hechos específicamente para mantenerle los dientes más limpios. Estos productos no sustituyen al cepillado, pero sí ayudan a reducir la placa blanda y estimulan el rozamiento sobre los dientes. Es importante usarlos con moderación, ya que muchos tienen un alto contenido calórico y podrían favorecer el sobrepeso. Algunas dietas secas de uso veterinario también están diseñadas para disminuir la formación de sarro.
El acceso continuo a agua fresca y limpia también es fundamental. Una buena hidratación favorece una saliva más fluida, que ayuda a limpiar de forma natural la boca y reduce, en parte, la acumulación de bacterias. Las fuentes para gatos pueden ser una buena opción para aquellos que beben poco. En algunos casos, el veterinario puede recomendar añadir al agua soluciones antiplaca para reforzar la higiene diaria.
Además de la parte física, conviene mantener al gato con vacunación al día, sobre todo frente a virus respiratorios y sistémicos que pueden favorecer procesos de gingivitis y estomatitis (como calicivirus o herpesvirus). Un sistema inmune fuerte y bien protegido responde mejor frente a las bacterias de la placa.
Por último, las revisiones periódicas al veterinario servirán para prevenir todavía más las enfermedades bucales que puede tener tu gato. Un examen oral al menos una vez al año permite detectar a tiempo la aparición de sarro, gingivitis, resorción dental u otros problemas que, tratados pronto, resultan mucho menos dolorosos y costosos. En gatos mayores o con antecedentes de enfermedad dental, estas revisiones pueden ser más frecuentes.

Dedicar unos minutos a revisar la boca de tu gato, mantener una dieta apropiada, ofrecer juguetes adecuados y acudir a las revisiones veterinarias puede marcar la diferencia entre una boca dolorosa y una boca sana. Con buenos hábitos de prevención, control de virus y una detección temprana, la mayoría de las enfermedades bucales felinas se pueden controlar y tu compañero podrá seguir comiendo, jugando y explorando sin dolor. Espero que te haya sido de utilidad