La enfermedad de Lyme es una de las más peligrosas que puede tener nuestro amigo felino. El riesgo de que la padezca algún dÃa variará si sale o no al exterior y de si le damos algún tratamiento antiparasitario, ya que el causante es, efectivamente, un parásito. En concreto, la garrapata.
Este es un parásitos que todos conocemos, sobretodo los que convivimos con algún que otro animal doméstico. Le favorece el clima cálido y seco, por lo que es durante el verano cuando más podremos verlo, aunque en zonas templadas o con inviernos suaves también puede estar activo durante gran parte del año. Pero, si no vamos con cuidado, podrÃamos acabar teniendo un gato padeciendo la enfermedad de Lyme. Pero, ¿qué es y cómo se trata?
¿Qué es la enfermedad de Lyme?

Esta es una enfermedad causada por una bacteria que transmiten las garrapatas. El agente responsable más frecuente es la bacteria Borrelia burgdorferi, que se aloja en el intestino de determinadas especies de garrapatas. Cuando estos parásitos pican al animal, hacen que el microorganismo entre dentro de su cuerpo y empiece a multiplicarse rápidamente y a desplazarse por el organismo.
En gatos, la infección es menos común que en perros o en personas, pero cuando se presenta puede provocar trastornos articulares, musculares, neurológicos y renales. Teniendo esto en cuenta, los sÃntomas pueden aparecer temprano o de forma muy tardÃa, y si no es tratada a tiempo, las consecuencias podrÃan ser fatales.
Las fases por las que se desarrolla la enfermedad son las siguientes:
- Fase 1: se inicia en los primeros dÃas. La infección es localizada, es decir, no se ha extendido por el resto del cuerpo. La bacteria se mantiene cerca del lugar de la picadura, donde puede aparecer inflamación o dolor. Es importante decir que la garrapata suele tardar entre 18 y 48 horas en infectar al gato desde que se adhiere.
- Fase 2: es cuando la bacteria empieza a llegar a otras partes del cuerpo a través del torrente sanguÃneo. En esta fase aparecen signos más generales, como fiebre, dolor articular y malestar, y pueden comenzar los problemas cardÃacos o neurológicos.
- Fase 3: es en la que la bacteria se ha extendido por todo el cuerpo, meses o años después de la infección. En este momento ya pueden verse daños crónicos en articulaciones, riñones, corazón o sistema nervioso, con sÃntomas graves y, en ocasiones, irreversibles.
Si bien hay varios métodos para prevenirla, como más adelante veremos, debemos de tener presente que nosotros mismos al salir al exterior podrÃamos servir como medio de transporte de alguna garrapata infectada. Las garrapatas pueden viajar en la ropa, en el calzado o en el pelo y pasar al gato una vez en casa. Asà que no sólo tenemos que proteger a nuestro amigo, sino también a nosotros mismos.

¿Cómo se transmite la enfermedad de Lyme a los gatos?
La transmisión se produce cuando una garrapata infectada con Borrelia se alimenta de la sangre del gato. Estas garrapatas suelen haberse contagiado antes al picar a pequeños mamÃferos, como ratones o ardillas, que actúan como reservorios de la bacteria.
Para que la bacteria pase de la garrapata al gato, el parásito debe permanecer adherido varias horas. En la mayorÃa de los casos, se considera que el riesgo aumenta a partir de las 24 horas de fijación continua, siendo especialmente peligroso cuando supera las 36-48 horas. Por eso es tan importante revisar el pelaje del gato tras cada salida y retirar cualquier garrapata cuanto antes.
Las garrapatas no pueden volar ni saltar. Se sitúan en la punta de la hierba o en arbustos bajos y esperan a que pase un animal. Cuando el gato roza la vegetación, la garrapata se engancha a su pelo, trepa hasta encontrar una zona de piel fina y se incrusta.
Es importante recalcar que la enfermedad de Lyme no se transmite de gato a gato, de gato a perro ni de gato a persona por contacto directo. Siempre es necesaria la intervención de una garrapata. Sin embargo, un gato que lleva garrapatas sà puede suponer un riesgo indirecto para las personas y otros animales del hogar.
¿Cuáles son los sÃntomas?

Los sÃntomas pueden variar dependiendo de la fase en la que se encuentre la enfermedad y de la respuesta inmunitaria de cada gato. Muchos felinos pueden haber estado en contacto con la bacteria y no mostrar signos clÃnicos, mientras que en otros la infección evoluciona y causa problemas graves.
Los signos más comunes que pueden alertarte son los siguientes:
- Fase 1: fiebre moderada, pérdida de apetito, apatÃa, depresión, rigidez muscular, inflamación de los ganglios linfáticos cercanos a la picadura, enrojecimiento o sensibilidad local y puede caminar con la espalda arqueada por el dolor. En algunas ocasiones se observa una pequeña inflamación cutánea en el lugar donde se fijó la garrapata.
- Fase 2: dificultad para respirar, trastornos del sistema nervioso (cambios de comportamiento, desorientación, convulsiones en casos severos), problemas cardÃacos como arritmias o debilidad súbita, cojeras que cambian de una pata a otra y mayor sensibilidad al tacto.
- Fase 3: diarrea, vómitos, insuficiencia renal, acumulación de lÃquido (edemas, ascitis), entumecimiento muscular, dolor intenso en articulaciones, pérdida de peso progresiva y, en algunos casos, sÃntomas neurológicos crónicos.
En felinos, un signo frecuente es la cojera intermitente que aparece y desaparece, afectando a distintas patas en diferentes momentos. También se puede observar un estado de fatiga persistente y dificultades para saltar o subir a superficies altas que antes no suponÃan ningún problema.
Debido a que muchos de estos sÃntomas son compartidos con otras enfermedades, es fundamental no autodiagnosticar y acudir al veterinario ante cualquier sospecha, especialmente si el gato ha tenido contacto con zonas de riesgo o se le ha encontrado una garrapata recientemente.

Diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Lyme en gatos

Una vez que sospechamos que nuestro amigo peludo podrÃa padecer esta enfermedad, es importante que lo llevemos al veterinario lo antes posible. El profesional le hará un análisis de sangre y una revisión completa para ver cómo están sus articulaciones, su sistema nervioso, su corazón y sus riñones. AsÃ, podrá saber en qué estado de salud se encuentra el gato y, en caso de confirmarse el diagnóstico, en qué fase se encuentra, algo que es muy importante para poder tratarlo correctamente.
Para confirmar la presencia de la bacteria, el veterinario puede utilizar pruebas serológicas que detectan anticuerpos frente a Borrelia burgdorferi. Hay que tener en cuenta que estos anticuerpos pueden tardar varias semanas en aparecer después de la picadura, de modo que una prueba muy precoz podrÃa salir negativa aunque exista infección. En algunos casos también se recurre a técnicas de biologÃa molecular (PCR) para buscar directamente el ADN de la bacteria.
El veterinario tendrá en cuenta el historial del gato (si sale al exterior, si vive en zona de riesgo, si se han visto garrapatas), los sÃntomas presentes y los resultados de las pruebas para llegar a un diagnóstico. A veces, aunque las pruebas no sean concluyentes, el profesional puede decidir iniciar el tratamiento si la sospecha es alta.
Después, y siempre y cuando ya hayan pasado un mÃnimo de 18 horas desde la infección, empezará a tratarlo con antibióticos. El más utilizado suele ser la doxiciclina, aunque el veterinario puede elegir otros en función del caso. Estos medicamentos se administran durante varias semanas para asegurar que la bacteria se elimina por completo y reducir el riesgo de recaÃdas.
En el caso de que la enfermedad esté muy avanzada, le suministrará suero por vÃa intravenosa para evitar la deshidratación y proteger la función renal, y tratará los sÃntomas además con antiinflamatorios especÃficos para gatos, protectores gástricos, analgésicos y otros fármacos de apoyo según las complicaciones presentes (cardÃacas, neurológicas, pulmonares, etc.). Lamentablemente, cuando llega a la fase 3 las posibilidades de mejorÃa son escasas y puede quedar daño crónico, especialmente a nivel articular y renal.
En algunos casos, tras completar el tratamiento antibiótico, el veterinario puede recomendar revisiones periódicas y análisis de control, sobre todo si el gato vive en un área con alta presencia de garrapatas o ha presentado problemas renales. El seguimiento es esencial para detectar a tiempo cualquier recaÃda o complicación tardÃa.

¿Cómo se puede prevenir?
A pesar de lo grave y peligrosa que puede llegar a ser, la enfermedad de Lyme es una de las que mejor se puede prevenir si se combinan varias medidas. La clave está en evitar las picaduras de garrapatas, reducir el tiempo que permanecen adheridas y mantener al gato protegido durante todo el año, especialmente si sale al exterior.
Desparasita a tu gato

En el mercado hay varios tipos de antiparasitarios: collares, sprays, pipetas y pastillas. Todos ellos buscan impedir que las garrapatas se adhieran o sobrevivieran en el pelaje del gato o bien matarlas rápidamente si llegan a morderlo. ¿En qué se diferencian?
- Collares: se ponen alrededor del cuello del animal. Tienen una eficacia de uno a seis meses dependiendo de la marca, y suelen prevenir contra los principales parásitos, entre ellos las garrapatas. Liberan una sustancia activa de forma continua que se distribuye por la piel y el pelo. Es importante elegir un collar especÃfico para gatos, ya que algunos compuestos usados en perros son tóxicos para ellos.
- Sprays: se utilizan pulverizando el pelo del gato, evitando los ojos, nariz, boca y zona ano-genital, siempre que sea necesario. Son útiles como tratamiento puntual, por ejemplo tras un paseo por una zona con muchas garrapatas, o para gatos que solo salen al exterior de forma esporádica.
- Pipetas: son antiparasitarios que se venden en «botellitas» de plástico muy pequeñas en cuyo interior se encuentra el lÃquido. Se quita la tapa, y se le pone en la parte posterior del cuello, normalmente una vez al mes. Suelen ofrecer protección prolongada contra pulgas y garrapatas y son una de las opciones más cómodas para gatos que salen con frecuencia.
- Pastillas: las tiene que recomendar el veterinario. Son pastillas antiparasitarias que actúan desde dentro del cuerpo del peludo. Se recurre a ellas en casos de infestación realmente graves, o cuando los otros antiparasitarios no surten el efecto deseado. No todas las formulaciones disponibles para perros sirven para gatos, por lo que nunca deben administrarse sin supervisión veterinaria.
Independientemente de cuál elijamos, hay que tener mucho cuidado con ellos y utilizarlo primero en una pequeña zona para ver si le causa reacción. No todos los gatos toleran igual los mismos productos, y algunos pueden mostrar picor, enrojecimiento o malestar tras la aplicación. Ante cualquier reacción, se debe consultar con el veterinario.
Además, siempre podemos optar por otros remedios más naturales como complemento, aunque estos no deben sustituir a los tratamientos antiparasitarios con eficacia demostrada. Y es fundamental recordar que nunca se deben usar productos antiparasitarios diseñados para perros en gatos, ya que algunos ingredientes, como la permetrina a determinadas concentraciones, son altamente tóxicos para los felinos.
Vacúnalo
Un gato vacunado difÃcilmente tendrá la enfermedad de Lyme o, si se llegara a infectar, le serÃa más fácil sobreponerse frente a otras enfermedades que pueden debilitar su organismo y hacerlo más vulnerable a infecciones transmitidas por parásitos. Por ello, es muy importante seguir el calendario de vacunación que nos recomendará el profesional veterinario.
En el caso concreto de la enfermedad de Lyme, en la actualidad no existe una vacuna ampliamente utilizada y autorizada para gatos, a diferencia de lo que ocurre en perros en algunos paÃses. Por eso, la estrategia protectora se basa casi por completo en el control de las garrapatas y en la vigilancia de los signos clÃnicos.
RevÃsalo con frecuencia
Especialmente si sale al exterior, es necesario revisarlo para ver si tiene alguna garrapata. Sobretodo tendremos que inspeccionar bien las orejas, patas y en zonas donde haya pliegues de piel ya que son aquellas donde estos parásitos se sienten más cómodos. También es recomendable pasar las manos por todo el cuerpo, palpando con suavidad para detectar cualquier pequeño bulto anormal.
Las garrapatas suelen fijarse en la zona del cuello, cabeza, alrededor de los ojos, entre los dedos y en las axilas o ingles. Si detectas una, lo ideal es retirarla con una herramienta especÃfica para garrapatas, sujetando al gato con ayuda de otra persona si es necesario, y tirando con un movimiento firme y continuo para extraerla completa. Luego hay que desinfectar la zona y mantenerla bajo observación.
Cuanto antes se retire la garrapata, menor será el riesgo de transmisión de la bacteria. Si crees que la garrapata pudo haber estado adherida muchas horas o dÃas, o si el gato empieza a mostrar sÃntomas, lo más prudente es acudir al veterinario.

Limpia la casa y el entorno
Esto es algo que ya hacemos, pero hay que procurar limpiar bien todo con agua caliente: las mantas, las sábanas, los manteles, el suelo (y en especial las esquinas), armarios, camas y rascadores del gato… en definitiva, todo aquello donde pueda haber caÃdo una garrapata o sus huevos. De tanto en cuando podremos echar al agua un poco de lÃquido antiparasitario para asegurarnos de que eliminamos cualquier rastro de parásitos, siempre siguiendo las indicaciones de seguridad del producto.
En el exterior, conviene mantener el jardÃn cuidado, con el césped corto, sin acumulación de hojas secas ni maleza alta, ya que estas zonas ofrecen refugio perfecto para las garrapatas. Si el problema es muy acusado, puede valorarse el uso de tratamientos especÃficos para el entorno o la ayuda de un profesional del control de plagas, teniendo siempre en cuenta su impacto sobre otros animales y el medio ambiente.
También es recomendable que las personas que viven con el gato se revisen a sà mismas al volver de pasear por zonas con hierba alta o bosques, y que laven la ropa utilizada a altas temperaturas. Reducir las garrapatas en el entorno humano también protege al gato, evitando que estos parásitos entren en el hogar.

Con estos consejos, podremos afirmar que estamos haciendo todo lo posible por proteger a nuestro gato de esta terrible enfermedad y, al mismo tiempo, cuidando de la salud de toda la familia frente a las garrapatas y las infecciones que pueden transmitir.