
La rabia transmitida por perros sigue provocando decenas de miles de muertes al año, muchas de ellas en niños, pese a tratarse de una enfermedad prevenible casi al cien por cien con medidas conocidas desde hace décadas, como las campañas masivas de vacunación.
En la llamada Cumbre One Health celebrada en Lyon, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sus Estados miembro han reforzado un plan global que combina salud humana, sanidad animal y protección del medio ambiente. La eliminación de la rabia se ha presentado como uno de los ejes más visibles de esta estrategia, con el objetivo de transformar compromisos generales en acciones concretas sobre el terreno.
Un objetivo ambicioso: cero muertes humanas por rabia canina en 2030
El plan para poner fin a las muertes humanas por rabia transmitida por perros en 2030 se apoya en un principio sencillo: la inmensa mayoría de los contagios en personas tienen su origen en mordeduras de perros infectados. Controlando la enfermedad en los animales, se corta la cadena de transmisión hacia los seres humanos.
Para ello, la OMS ha lanzado, junto con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y el Instituto Pasteur, una iniciativa específica centrada en los países donde la rabia es endémica. Se busca que los gobiernos coloquen la rabia en un lugar prioritario de sus agendas, asignen recursos estables y coordinen sus ministerios de sanidad, agricultura y medio ambiente bajo el paraguas One Health.
Este objetivo se enmarca en una constatación preocupante: alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas humanas conocidas tienen origen animal y aproximadamente el 75% de las nuevas infecciones son zoonóticas. La rabia se convierte así en un caso emblemático de cómo la vigilancia en animales y la respuesta rápida pueden evitar tragedias en la población humana.
La enfermedad sigue causando casi 60.000 fallecimientos al año en todo el mundo, especialmente en regiones con menos recursos sanitarios. La mayoría de las víctimas son menores que no reciben a tiempo la profilaxis tras la mordedura ni tienen acceso a vacunas seguras. El plan global pretende cerrar estas brechas, tanto en el control sobre los perros como en la atención sanitaria básica, incluyendo la vacunación antirrabica y esterilización de mascotas.
En Europa, incluida España, la rabia está prácticamente controlada en perros gracias a la vacunación, pero los organismos internacionales insisten en que el riesgo no ha desaparecido. El movimiento de animales de compañía entre países, los focos en fauna silvestre en algunas zonas y los viajes internacionales obligan a mantener la guardia alta y apoyar los esfuerzos en regiones donde la enfermedad sigue muy presente.
One Health: personas, animales y medio ambiente en el mismo tablero
El enfoque One Health parte de la idea de que la salud humana, animal y ambiental están íntimamente ligadas. La OMS recalca que no es posible proteger una de estas esferas sin cuidar al mismo tiempo las otras dos, algo que la experiencia reciente de la pandemia de la Covid-19 ha puesto dolorosamente de manifiesto.
Durante la cumbre de Lyon, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, subrayó que este enfoque permite trabajar de forma transversal, sumando el conocimiento de epidemiólogos, veterinarios, expertos en fauna, climatólogos y profesionales de la salud pública. El objetivo es detectar riesgos con antelación y reaccionar con mayor rapidez ante amenazas como la rabia, la gripe aviar u otras zoonosis emergentes.
El encuentro se celebró coincidiendo con el Día Mundial de la Salud, bajo el lema ‘Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia’, y estuvo impulsado por el Gobierno francés. En este contexto, se insistió en que la urgencia es evidente: el cambio climático, la degradación de los ecosistemas, la contaminación del agua, la pérdida de biodiversidad y la inseguridad alimentaria crean un caldo de cultivo perfecto para que los patógenos salten de animales a humanos.
El presidente francés, Emmanuel Macron, defendió que el enfoque One Health debe pasar “de la ambición a la acción”, apoyándose siempre en la mejor evidencia científica disponible y en una cooperación internacional sólida. La idea es que las conclusiones de esta cumbre alimenten debates en otros foros, incluido el G7, y se traduzcan en compromisos concretos, medibles y con plazos definidos como el de 2030 para la rabia.
La pandemia de la Covid-19 provocó alrededor de 15 millones de muertes y enormes pérdidas económicas entre 2020 y 2021, lo que ha servido de recordatorio de lo que ocurre cuando el mundo llega tarde a una amenaza sanitaria. El refuerzo del enfoque One Health y del plan contra la rabia pretende, precisamente, anticiparse a la próxima crisis en lugar de limitarse a reaccionar cuando ya es demasiado tarde.
Medidas clave del plan para erradicar la rabia canina
La estrategia acordada por la OMS y sus socios se basa en un paquete de medidas concretas para cortar la transmisión de la rabia desde los perros a las personas y fortalecer los sistemas de salud. No se trata solo de campañas puntuales, sino de construir estructuras duraderas en los países afectados.
En primer lugar, se prevé una ampliación masiva de la vacunación de perros en zonas endémicas, con campañas periódicas y bien planificadas, de forma que se alcance una cobertura suficiente para interrumpir la circulación del virus. Esta vacunación masiva es, desde el punto de vista técnico, una de las herramientas más eficaces y coste-eficientes para controlar la enfermedad.
En paralelo, el plan busca reforzar la vigilancia comunitaria, promoviendo que las propias comunidades informen rápidamente de mordeduras sospechosas, animales con síntomas neurológicos o posibles focos de rabia. La información temprana desde el terreno permite actuar con más rapidez, tanto en la protección de las personas como en la contención en animales.
Otro pilar del programa es la mejora del acceso a la profilaxis y a las vacunas para humanos, especialmente en áreas rurales y con menos recursos. Esto incluye asegurar la disponibilidad de sueros y vacunas, formar al personal sanitario sobre los protocolos de actuación tras una mordedura y establecer rutas claras para que cualquier persona pueda recibir tratamiento sin trabas económicas ni geográficas.
La iniciativa compartida por OMS, OMSA y el Instituto Pasteur también pone el foco en la investigación y la generación de evidencia. Se pretende utilizar el ejemplo de la eliminación de la rabia para consolidar sistemas de vigilancia que sirvan luego para otras zoonosis, creando laboratorios mejor equipados, redes de datos más completas y protocolos estandarizados que puedan adaptarse a distintas amenazas.
Finalmente, los países endémicos, con apoyo internacional, están llamados a reforzar sus marcos legislativos y sus políticas públicas en torno a la tenencia responsable de animales, el control de perros vagabundos y la coordinación entre ministerios. Sin una estructura legal clara y recursos estables, los progresos pueden ser frágiles y revertirse con facilidad.
Una alianza cuatripartita para coordinar esfuerzos globales
El plan para erradicar la rabia se apoya en una colaboración cuatripartita que agrupa a la OMS, la FAO, el PNUMA y la OMSA. Esta alianza tiene como objetivo coordinar la vigilancia, la evaluación de riesgos, la preparación y la respuesta ante amenazas sanitarias de origen zoonótico, pasando de intervenciones aisladas a una estrategia coherente de One Health.
Dentro de este marco, se ha anunciado la creación de una nueva red mundial de instituciones One Health, pensada para movilizar conocimiento multidisciplinar y ofrecer un respaldo técnico más robusto a los países. Esta red actuará como un espacio de intercambio de datos, experiencias y buenas prácticas, facilitando que los avances en un territorio puedan replicarse en otros.
Además, se ha decidido prorrogar y ampliar el mandato del Panel de Expertos de Alto Nivel sobre One Health hasta 2027, con una posterior fase prevista para el periodo 2027-2029. Este panel asesora sobre prioridades, identifica vacíos de conocimiento y propone líneas de investigación clave para mejorar la prevención y el control de zoonosis como la rabia.
La OMS ha asumido la presidencia de esta colaboración cuatripartita y ha avanzado que se dará prioridad a obtener un impacto tangible a nivel nacional. Esto implica simplificar las estructuras de gobernanza, alinear los esfuerzos en torno a un grupo de prioridades de alto impacto y reforzar la incidencia política, la elaboración de normas y la generación de evidencia científica que respalde las decisiones.
En la práctica, esta coordinación busca evitar la duplicación de iniciativas y que cada organismo trabaje por su cuenta. La idea es que los países dispongan de un único marco de referencia para integrar campañas de vacunación animal, vigilancia epidemiológica, protección ambiental y atención médica, de manera que el objetivo de acabar con las muertes por rabia en 2030 sea realista y verificable.
Todo este entramado internacional pretende que la lucha contra la rabia no dependa solo de proyectos puntuales o de la voluntad política del momento, sino que esté respaldada por estructuras estables, financiación sostenida y un seguimiento continuo de los avances. La meta es ambiciosa, pero los organismos implicados insisten en que existen las herramientas para lograrla si se mantienen la cooperación y el compromiso a largo plazo.
Con la estrategia One Health como hilo conductor, el plan para erradicar la rabia canina en 2030 se presenta como un ejemplo de cómo la comunidad internacional puede organizarse para frenar una zoonosis mortal utilizando medidas conocidas, coordinando a múltiples actores y reforzando los sistemas de salud. Si los objetivos se cumplen, no solo se salvarán decenas de miles de vidas cada año, sino que se dejará montada una estructura de vigilancia y respuesta más sólida frente a futuras amenazas sanitarias que afecten tanto a personas como a animales.
