Que un gato doméstico pueda ayudar a entender mejor el cáncer humano puede sonar, de entrada, a ciencia ficción. Sin embargo, un amplio trabajo internacional acaba de demostrar que estos felinos comparten con nosotros no solo el hogar y parte del entorno, sino también mecanismos genéticos clave en el origen de múltiples tumores, ya que el cáncer también afecta a los gatos.
La investigación, publicada en la revista Science y coordinada por el Instituto Wellcome Sanger (Reino Unido) junto al Colegio Veterinario de Ontario (Canadá) y la Universidad de Berna (Suiza), ha elaborado el primer mapa genético a gran escala del cáncer felino. Sus conclusiones apuntan a que el gato podría convertirse en un modelo natural de enorme valor para mejorar el diagnóstico y los tratamientos oncológicos tanto en animales como en personas.
Un estudio sin precedentes en casi 500 gatos domésticos

El proyecto ha reunido muestras de casi 500 gatos domésticos procedentes de cinco países, en su mayoría animales sin pedigrí que habían sido atendidos en clínicas veterinarias. A partir de biopsias y tejidos obtenidos con fines diagnósticos que ayudan a reconocer los síntomas del cáncer en gatos, el equipo secuenció el ADN de tumores y tejido sano para comparar qué cambios genéticos impulsan la aparición del cáncer.
En total se estudiaron alrededor de 1.000 genes asociados al cáncer humano, de los cuales se secuenciaron de forma sistemática 978 genes relacionados con tumores en gatos. Estos genes se seleccionaron por su equivalencia funcional con cerca de un millar de genes implicados en cáncer en personas, lo que ha permitido una comparación detallada entre especies.
Los investigadores incluyeron 13 tipos principales de cáncer felino, desde linfomas y tumores óseos hasta carcinomas de pulmón, piel, tracto gastrointestinal, sistema nervioso central y, muy especialmente, carcinomas mamarios, uno de los cánceres más frecuentes y agresivos en las gatas.
El análisis confirmó que más del 90 % de los genes del gato doméstico son homólogos a los humanos, un nivel de semejanza mayor que el observado con otros modelos animales clásicos, como perros o ratones. Esta cercanía genética respalda la idea de que el gato puede ofrecer información muy valiosa sobre cómo se inicia y progresa la enfermedad oncológica en nuestro propio organismo.
Genes impulsores compartidos y cáncer de mama en gatos y humanos

Uno de los resultados más llamativos del trabajo es la identificación de siete genes impulsores (driver genes) vinculados al desarrollo del carcinoma mamario felino. Estos genes son aquellos cuyas mutaciones no son casuales, sino que empujan directamente a la célula hacia el comportamiento tumoral.
Entre ellos, el protagonismo recae en FBXW7, el gen impulsor más habitual en los tumores mamarios de las gatas: más del 50 % de los carcinomas de mama felinos analizados presentaban una alteración en este gen. En la práctica clínica humana se sabe que las mutaciones en FBXW7 se asocian a un peor pronóstico en el cáncer de mama, una situación muy similar a la observada en los animales estudiados.
El estudio también sitúa al gen PIK3CA como segundo impulsor más frecuente en el carcinoma mamario de los gatos, con una presencia cercana al 47 % de los tumores. Este gen es bien conocido en oncología humana: sus mutaciones aparecen en un porcentaje significativo de cánceres de mama y ya se tratan con inhibidores específicos de PI3K, fármacos diseñados precisamente para bloquear esta vía molecular.
Además de los tumores de mama, los científicos detectaron patrones genéticos comunes en distintos tipos de cáncer de sangre, hueso, pulmón, piel, tubo digestivo y sistema nervioso central. Linfomas, osteosarcomas o meningiomas felinos mostraron mutaciones muy parecidas a las descritas en personas, reforzando el papel del gato como modelo espontáneo de diversas neoplasias humanas. Algunos de estos hallazgos encajan con observaciones sobre características cutáneas y tumorales detectadas en gatos con lesiones en piel y mucosas.
En el caso del cáncer de mama, los investigadores subrayan que ciertas gatas desarrollan tumores con características similares a los subtipos humanos más agresivos, como el conocido “triple negativo”. Aunque este subtipo es incluso más frecuente en felinos que en mujeres, el comportamiento clínico y la agresividad guardan paralelismos importantes.
Nuevas pistas para terapias dirigidas en gatos y personas

El trabajo no se quedó solo en describir mutaciones. Aprovechando la gran colección de tejidos donados, el equipo pudo evaluar la respuesta de los tumores a distintos fármacos quimioterápicos, algo poco habitual a esta escala en oncología veterinaria.
En los carcinomas mamarios con mutaciones en FBXW7, las células tumorales mostraron una mayor sensibilidad a los alcaloides de la vinca, un grupo de medicamentos ampliamente utilizado en la quimioterapia humana. Aunque estos ensayos se realizaron en muestras de laboratorio y todavía requieren estudios clínicos formales, el hallazgo apunta a posibles estrategias terapéuticas compartidas entre gatas con cáncer de mama y pacientes humanas.
Por su parte, las alteraciones en PIK3CA refuerzan la idea de que, en un futuro, inhibidores de PI3K similares a los que ya se usan en personas podrían adaptarse a la oncología felina de precisión. La clave está en saber exactamente qué mutaciones presenta cada tumor, algo que hasta ahora apenas se hacía en gatos y que este oncogenoma felino permite empezar a aplicar.
En palabras del profesor Sven Rottenberg, de la Universidad de Berna, el acceso a un conjunto tan amplio de tejidos ha proporcionado una herramienta muy potente para identificar opciones terapéuticas novedosas. El objetivo es que, con el tiempo, estos datos se traduzcan en tratamientos más personalizados en la consulta veterinaria y, a la vez, proporcionen información útil para el diseño de fármacos oncológicos en humanos.
La autora sénior Louise van der Weyden, del Instituto Wellcome Sanger, incide en que, hasta ahora, la genética de los tumores de los gatos era prácticamente una “caja negra”. Frente a una medicina humana donde la oncología de precisión es ya una realidad, los gatos carecían de terapias dirigidas equivalentes. Este estudio pretende acortar esa distancia y poner las bases de una medicina de precisión también en felinos.
“Una Medicina”: cuando gatos y humanos comparten más que casa
Más allá de los datos genéticos, el estudio se enmarca en el enfoque conocido como One Health o “Una Medicina”, que defiende una visión integrada de la salud humana, animal y ambiental. En la práctica, esto significa que el conocimiento fluye en doble dirección entre la medicina veterinaria y la humana.
Los gatos domésticos comparten con sus dueños el mismo espacio, el aire de la vivienda, muchos hábitos y parte de la alimentación. Todo ello implica que también están expuestos a factores de riesgo ambientales: contaminación, humo del tabaco, productos de limpieza, compuestos químicos presentes en el hogar o incluso determinados estilos de vida indirectamente asociados. Estos factores de riesgo ambientales son clave para entender patrones compartidos entre especies.
El profesor Geoffrey Wood, del Colegio Veterinario de Ontario, recuerda que esta convivencia estrecha convierte a las mascotas en un indicador muy útil del impacto del entorno en la salud. Si un gato y su cuidador desarrollan cánceres con alteraciones genéticas parecidas, resulta más fácil identificar qué elementos del ambiente podrían estar jugando un papel en común.
El coautor Bailey Francis, del Instituto Wellcome Sanger, subraya que comparar la genómica del cáncer entre especies ayuda a entender mejor sus causas profundas. La constatación de que los cambios genéticos en el cáncer felino son muy parecidos a los observados en humanos y perros muestra que, cuando se comparten datos entre disciplinas, la ganancia es general: mejora la práctica veterinaria y también la investigación oncológica en personas.
Frente al modelo tradicional basado en ratones de laboratorio con tumores inducidos, los expertos recuerdan que los gatos desarrollan cáncer de forma espontánea, en condiciones naturales y entornos reales. Esto reduce los sesgos experimentales y puede ofrecer una imagen más fiel de cómo surgen y evolucionan muchos tumores en la vida cotidiana.
En un contexto europeo, donde la población de animales de compañía no deja de crecer y su esperanza de vida es cada vez mayor, la incidencia de cáncer felino va en aumento. Este escenario convierte a los gatos en aliados inesperados pero muy valiosos para avanzar en la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento del cáncer en toda la región.
En conjunto, el nuevo mapa genético del cáncer en gatos, la identificación de mutaciones compartidas con tumores humanos y la apertura de un repositorio genómico de acceso libre dibujan un cambio de rumbo en la investigación oncológica comparada: el gato doméstico pasa de ser solo un compañero de sofá a convertirse en una pieza clave para descifrar cómo aparece el cáncer, cómo se comporta y qué vías terapéuticas pueden funcionar mejor tanto en las consultas veterinarias de Europa como en los hospitales oncológicos humanos.
