
En los últimos meses, varias asociaciones han alzado la voz para denunciar la situación. Desde Ponferrada hasta Marratxí, los rescates de camadas enteras se han convertido en una constante. Los datos nacionales no invitan al optimismo: según la Fundación Affinity, el año pasado se recogieron más de 116.000 gatos en todo el país, una cifra que se mantiene entre las más altas de los últimos cinco años. La falta de concienciación y la ausencia de políticas efectivas siguen siendo los principales obstáculos.
Cifras que alarman
Las estadísticas oficiales reflejan la magnitud del problema. La Fundación Affinity contabilizó 116.000 gatos recogidos en España durante el último año, una cifra similar a la del ejercicio anterior y que supone uno de los peores registros de la última década. En el ámbito local, la protectora Peludines sin suerte, en Ponferrada, ha recogido más de 350 gatos desde el inicio de la campaña de primavera, la mayoría recién nacidos. La ocupación en sus instalaciones felinas alcanza el 200%, lo que obliga a las voluntarias a improvisar espacios y a buscar casas de acogida de forma urgente.
Estos datos contrastan con la percepción de que el abandono es un fenómeno estacional. El concejal de Protección Animal de Ponferrada, Iván Alonso, asegura que no hay un repunte específico en verano, sino un goteo constante que se mantiene durante todo el año. Esta opinión coincide con la de la presidenta de APA Rioja, Carmen Faulín, quien denuncia que “lejos de ir a mejor, vamos a peor”. Ambas voces coinciden en que la solución pasa por una mayor implicación de las administraciones y de la sociedad en su conjunto.
El drama de las camadas

Uno de los aspectos más crueles del abandono es la aparición de camadas enteras en lugares peligrosos. En Marratxí, la asociación Moixets denunció el hallazgo de cuatro gatitos dentro de un contenedor de basura, infestados de pulgas y con evidentes signos de haber sido criados en contacto con humanos. “No son gatos salvajes. Alguien sabía perfectamente que estaban allí y decidió deshacerse de ellos”, lamentaban desde la entidad. Este caso no es aislado: en Ponferrada, el Ayuntamiento ha detectado un abandono de camadas en cajas y colonias felinas controladas. Introducir un gato doméstico en una colonia no es ayudarlo, advierten los responsables municipales, ya que el animal corre el riesgo de contraer enfermedades o ser atacado por los felinos residentes.
Otro comportamiento que agrava la situación es la retirada de los cachorros de una madre lactante. La presidenta de Peludines sin suerte, Natalia Ramos, explica que esta práctica altera el ciclo natural de la gata, que entra en celo de nuevo y puede llegar a tener hasta cinco camadas al año en lugar de las dos habituales. Además, los bebés suelen llegar hipotérmicos y desnutridos, y muchos mueren por una alimentación inadecuada. “Un error que comete mucha gente es darles de comer nada más recogerlos, y eso muchas veces los mata de hipotermia”, señala Ramos.
La labor de las protectoras
Las asociaciones y protectoras son el último recurso para estos animales. En Ponferrada, Peludines sin suerte trabaja con el método CES (captura, esterilización y suelta) para controlar las colonias felinas, pero los abandonos constantes deshacen los avances. La protectora, que apenas recibe una subvención de 3.500 euros del Gobierno central, se sostiene gracias al voluntariado y a las aportaciones de particulares. En Marratxí, Moixets de Marratxí también depende de la solidaridad ciudadana para costear los gastos veterinarios y el mantenimiento de los animales rescatados.
La adopción responsable es una de las vías para aliviar la presión. En Ponferrada, el Ayuntamiento ha realizado 33 adopciones en los primeros seis meses del año, una cifra inferior a las 50 del año anterior, pero que demuestra que la concienciación está aumentando. Sin embargo, las protectoras insisten en que adoptar gatos en España no es un gesto impulsivo: un animal supone un compromiso a largo plazo, con gastos de alimentación, veterinario y tiempo. “El que adopte un perro tiene que saber que es para toda la vida”, recuerda Paulino Fernández, gerente del albergue de Mieres, en una línea similar a la de otros expertos.
Consejos para evitar el abandono
Ante esta realidad, las asociaciones lanzan un mensaje claro: si no puedes hacerte cargo de una camada, busca ayuda antes de tomar decisiones drásticas. Existen protectoras y asociaciones que pueden ofrecer alternativas, como la acogida temporal o la esterilización. Abandonar a un animal en un contenedor o en una colonia no es una solución, es un delito que pone en riesgo la vida del animal y que puede acarrear multas de hasta 844.000 euros en algunos municipios, como el caso de Villa María en Argentina, aunque en España las sanciones también son significativas.
La esterilización es una de las herramientas más eficaces para prevenir el abandono. El método CES ha demostrado su eficacia en Ponferrada, donde el censo de colonias felinas se ha reducido en unos 200 ejemplares. Sin embargo, los abandonos constantes obligan a redoblar los esfuerzos. La concienciación ciudadana es fundamental: cada persona que adopta, esteriliza o denuncia un caso de abandono contribuye a frenar esta lacra.
Por último, es importante recordar que los gatos no son objetos que se puedan desechar cuando ya no interesan. Detrás de cada camada abandonada hay una decisión humana y una responsabilidad. Las protectoras, los voluntarios y los trabajadores municipales hacen todo lo posible para que ningún animal se quede atrás, pero necesitan la colaboración de todos. Este verano, al menos en Ponferrada, no se ha registrado un repunte de abandonos, pero el problema sigue ahí, invisible pero constante. La solución no es solo rescatar, sino evitar que el siguiente gato llegue a la calle.


