Es probable que alguna que otra vez hayas escuchado decir que los gatos son tan independientes que no son de nadie, o que no tienen dueño alguno. Lo cierto es que el carácter que tienen estos animales es un poco distinto al que tienen los canes, unos peludos que siempre están dispuestos a complacer a sus humanos, pero eso no significa que los gatos no se vinculen de forma profunda con las personas con las que conviven. Entonces, ¿es cierto que no tienen un vínculo fuerte con nadie?
Si alguna vez te has preguntado cuántos dueños tiene un gato, a continuación te resolveremos la duda y, además, profundizaremos en cómo se establece ese vínculo y cómo influye nuestra personalidad en su comportamiento y bienestar.
¿Realmente un gato tiene “dueños”?
Los gatos son seres vivos que se hacen querer mucho. Cuando hablamos de dueños, resulta inevitable asociar el término con “propiedad” y “posesión”, en definitiva, con cosas materiales que pertenecen a alguien. Si escribimos «dueño» en el buscador de Google, nos sale:
dueño, dueñanombre masculino y femenino.
Persona que posee una cosa.«el dueño del bar; el dueño del perro; el dueño del automóvil; el dueño de una vivienda en alquiler; (fig) ningún ser humano es dueño de la vida de otro»
Los animales no son cosas, son seres vivos con emociones, necesidades y formas muy particulares de relacionarse. Partiendo de esto, nadie es realmente dueño de ningún gato. Lo que existe, más bien, es una relación de convivencia y cuidado en la que los humanos asumimos la responsabilidad de su bienestar.
Un gato puede convivir con una o varias personas y desarrollar con cada una de ellas una relación distinta. En lugar de hablar de “amo” o “propietario”, es más apropiado hablar de compañeros, cuidadores o personas de referencia. Desde la perspectiva felina, esas personas se convierten en sus figuras favoritas: quienes le dan seguridad, alimento, juego y afecto.

¿Cómo es la relación entre un gato y una persona?
La relación entre gatos y humanos es una relación de iguales en la que, si se respeta su naturaleza, puede surgir un vínculo muy estable. Cuando una persona proporciona todos los cuidados que un gato necesita (alimentación adecuada, higiene, entorno seguro, atención veterinaria, juego y afecto), el animal tiende a comportarse de forma cariñosa con ella, porque eso es precisamente lo que recibe.
Estudios sobre interacción humano-animal han demostrado que la personalidad del cuidador influye en el comportamiento y la salud del gato. Rasgos como la responsabilidad, la amabilidad o la estabilidad emocional se asocian con gatos más tranquilos, con menos problemas de estrés y con un peso más saludable. En cambio, convivir con personas muy nerviosas, impredecibles o poco constantes puede favorecer en el felino conductas ansiosas, agresivas o problemas de salud relacionados con el estrés.
Esto hace que muchos expertos comparen este vínculo con el que se da entre padres e hijos: el estilo de crianza, las rutinas y el clima emocional del hogar moldean el carácter y la manera en la que el gato afronta el mundo. No es que los gatos “copien” nuestra personalidad, pero sí interiorizan nuestras formas de tratarles y el ambiente que les ofrecemos.
Además, las investigaciones más recientes han puesto de manifiesto que los gatos son capaces de asociar rostros y nombres de los humanos y de otros gatos con los que conviven. Esto significa que identifican de forma individual a las personas de su entorno y pueden llegar a relacionar nuestro nombre con experiencias agradables o desagradables, reforzando así el vínculo que sienten hacia cada uno.

¿Cuántos “dueños” puede tener un gato?
Si entendemos “dueño” como persona que manda y posee, la respuesta es clara: ninguno. Pero si hablamos de personas importantes en su vida, con las que comparte confianza y apego, entonces un gato puede tener una, dos o varias, dependiendo de su carácter y del tipo de convivencia.
Los estudios sobre comportamiento felino y apego apuntan a que muchos gatos desarrollan una figura principal de referencia, similar a lo que sería el “cuidador principal”. Con esa persona suelen mostrarse más relajados, confiados y seguros. Sin embargo, también pueden establecer vínculos significativos con otras personas del hogar, que pasan a ser sus “personas favoritas”, sobre todo si con ellas también juegan, reciben comida o caricias.
Ahora bien, no todos los vínculos son iguales. Investigaciones que han clasificado los tipos de relación entre gatos y humanos describen desde relaciones muy estrechas y afectuosas hasta vínculos más distantes. Hay gatos que parecen reservar su afecto casi exclusivamente para una persona y otros que reparten su cariño de forma bastante equitativa entre varios miembros de la familia.
En cualquier caso, lo importante no es tanto cuántos “dueños” tiene un gato, sino la calidad de ese vínculo: cómo se siente el animal, si tiene una base de seguridad, si está protegido, si puede expresar su comportamiento natural y si se respeta su espacio cuando lo necesita.

¿Cómo elige un gato a sus personas favoritas?
Los gatos no eligen a sus compañeros humanos al azar. Suelen preferir a quienes les tratan con respeto, les ofrecen rutinas previsibles y se comunican de forma amable. Aspectos como el tono de voz, la forma de acariciarles, la frecuencia del juego o la paciencia que mostramos al acercarnos influyen mucho en cómo nos perciben.
También hay un componente de compatibilidad: algunos gatos disfrutan más con personas tranquilas y poco invasivas, mientras que otros se sienten cómodos con humanos más activos que pasan mucho tiempo jugando. En hogares con varias personas, el gato puede buscar a una para dormir, a otra para jugar y a otra para pedir comida, creando distintos tipos de relación con cada miembro de la familia.
Por tanto, más que hablar de un único dueño, es mejor pensar que el gato construye una red de vínculos en función de lo que recibe de cada persona: seguridad, estimulación, compañía, calma o simplemente respeto por su espacio.
Qué hacer para gustarle a tu gato y fortalecer el vínculo
La relación entre gatos y humanos es una relación de iguales. Si los tratamos bien y no les obligamos a nada, ellos aprenderán a confiar en nosotros; de lo contrario, acabaremos conviviendo con un animal que no sólo no se siente a gusto sino que, además, podría mostrarse anti-social con los demás.
Para convertirte en una de sus personas favoritas, es fundamental ofrecerle un entorno estable, respetar sus tiempos y evitar el castigo o los gritos. El juego diario, las caricias cuando las busca, la comida de calidad y la atención a su salud crean un contexto en el que el gato nos percibe como fuente de bienestar y seguridad.
Por lo tanto, antes de llevar a un peludo a casa es muy importante pensarlo bien. Tenemos que saber que su esperanza de vida suele situarse alrededor de los 15-20 años, pudiendo llegar a los 20 o más si recibe buenos cuidados y atención veterinaria regular. Además de comida, agua y una cama, necesitará atenciones y mucho cariño. Sólo si podemos realmente hacernos cargo de él podremos adoptarlo y ofrecerle una convivencia en la que no sea “nuestra propiedad”, sino un miembro más de la familia.
Comprender que los gatos no tienen dueños en el sentido estricto, sino compañeros humanos con los que comparten su vida, ayuda a asumir que su bienestar depende de nosotros y que, cuanto mejor nos cuidemos y más respetuosa sea la relación que construyamos, más profundo y equilibrado será el lazo que nos unirá a ellos.
