Los gatos son animales de costumbres, tanto es así que les puede llegar a sentar bastante mal que su rutina cambie hasta el punto de sentirse muy deprimidos. Dedican cada momento de su vida a hacer una determinada cosa, y si por el motivo que sea surgen cambios, lo primero que tenemos que hacer es ayudarles a sentirse bien, tranquilos. Además, aunque son muy territoriales y gestionan su vida en torno a espacios y recursos, muchos pueden ser sociables con otros gatos y con las personas cuando su entorno está bien organizado.
Pero, ¿cuáles son las costumbres de los gatos? Aunque cada uno de ellos es único e irrepetible, sí que hay una serie de cosas que todos, o prácticamente todos, tienen en común.
Beber agua, importante para vivir y para sentirse bien

Y vamos a empezar por lo básico: el agua. Todos los seres vivos necesitamos beber el preciado líquido para mantenernos vivos; de lo contrario, terminaríamos deshidratados y enfermos. Pero en el caso de los gatos, es mucho más importante si cabe, ya que estos felinos son originarios de los desiertos cálidos, donde apenas llueve. En sus genes llevan escrito que, si encuentran agua, deben de aprovechar la oportunidad y beber hasta saciarse.
Pero los que tenemos en casa saben que tienen el bebedero siempre lleno, por lo que sus necesidades de encontrarla se disipan; no así su interés por que esté limpia. En efecto: tan necesario como asegurarnos de que tenga agua a libre disposición es que ésta esté perfectamente limpia, puesto que de lo contrario no beberán.
Como felinos de origen desértico, tienden a concentrar la orina y a beber a sorbos. Muchos prefieren el agua en movimiento (grifos o fuentes) y que el bebedero esté lejos del comedero y de la bandeja. También puede influir el material: cuencos de acero inoxidable o cerámica suelen generar menos rechazo que los de plástico. Si sospechas de “fatiga de bigotes”, prueba recipientes anchos y poco profundos para evitar que los vibrisas rocen los bordes.
La ubicación es clave: coloca varios puntos de agua en zonas tranquilas, lejos de pasillos de paso y electrodomésticos ruidosos. En hogares con varios gatos, multiplica los bebederos para evitar conflictos por acceso.

Comer, tan necesario como beber… pero sólo si la comida está limpia

Si el agua es necesaria para mantenernos con vida, la comida es esencial para que todos nuestros órganos funcionen debidamente. De hecho, se sabe que una persona puede vivir hasta 10 días sin comer, no más de 5 días sin beber. En el caso de los gatos, ese número se reduce aún más: si pasan 3 días o más sin beber ni comer, sus sistemas empiezan a fallar.
Pero, igual que ocurre con el agua, la comida también debe de estar limpia; es decir, todo lo limpia que puede estar. Esto significa que en sus comederos sólo tiene que haber pienso o comida natural, y nada de suciedad ni pelos. Además, sus areneros tienen que estar en una habitación lo más alejada posible de donde coman.
Y por cierto, si alguna vez que tapan su comida, no te preocupes demasiado: con este gesto lo que están tratando de hacer es ocultarla para después, del mismo modo que lo hacen los perros.
Los gatos son carnívoros estrictos y, si tienen alimento a libre disposición, suelen hacer entre 8 y 16 pequeñas ingestas al día de pocos minutos. Su sistema digestivo está adaptado a dietas con alta proteína animal y grasa, con menor tolerancia a los almidones. Evita cambios bruscos de dieta (mejor transiciones de varios días) y ofrece enriquecimiento alimentario (comedores interactivos, escondites) para respetar su impulso de búsqueda. La leche tras el destete suele sentarles mal; no la ofrezcas salvo fórmulas específicas.
Ubica el comedero en un sitio silencioso, sin paso y con visión del entorno; algunos gatos rechazan comer si se sienten observados o si el cuenco les roza los bigotes. En hogares multi-gato, planifica múltiples puntos de comida para reducir tensiones.
El arenero bien limpio

A nadie le gusta ir a un baño que está sucio o que huele mal; a los gatos, menos si cabe. Por ello es muy necesario que retiremos las deposiciones a diario, más de una vez al día si tenemos dos o más peludos, para que de esta manera se sientan a gusto cada vez que vayan a utilizar su WC particular.
Asimismo, es muy recomendable usar arenas para gatos que no suelten mucho polvo, como la arena de sílice, o las aglomerantes. Ambas dejan las bandejas y las patas de los felinos bastante limpias.
Además, respeta la regla de un arenero por gato + 1 y colócalos en zonas distintas para que siempre tengan alternativas. El arenero ideal es amplio (1,5 veces la longitud del gato), con profundidad de arena de 5-7 cm y acceso fácil para gatos senior. A muchos no les gustan las tapas por la acumulación de olores. Evita arenas muy perfumadas y mantén una limpieza profunda semanal del recipiente con agua caliente y jabón neutro.
Si tu gato saca arena fuera, puede ser por su necesidad de escarbar; poner un arenero más grande, con bordes altos o alfombrillas atrapaarena es preferible a regañar. Cambios en el uso del arenero (visitas muy frecuentes, vocalizaciones, orinar fuera) pueden indicar estrés o problemas urinarios; consulta al veterinario.
Higiene personal, la importancia de estar bien aseado

Los gatos parecen tener obsesión por la higiene personal. Se asean después de comer, después de dormir, después de que los acaricien, después de… hacer cualquier cosa. Quieren estar siempre bien limpios, sin ni una sola mota de polvo entre sus preciosos y bien cuidados pelos.
Sin embargo, debemos cepillarlos a diario para quitarles el pelo muerto, puesto que si no lo hiciéramos el riesgo de que se les formen bolas de pelos es muy alto.
El acicalado ocupa hasta un tercio del tiempo de vigilia. Además de mantener la piel y el pelaje, les ayuda a regular la temperatura y a relajarse gracias a receptores sensoriales cutáneos. En casa, el cepillado evita nudos, reduce la ingestión de pelo y fortalece el vínculo. Si un gato deja de acicalarse, puede ser signo de dolor, estrés o enfermedad. Entre gatos con buena relación es común el acicalado mutuo (refuerzo social).
Jugar para perfeccionar sus técnicas de caza

No podemos olvidarnos de que los gatos son depredadores. Los leones, los tigres o los guepardos son parientes muy cercanos de los peludos que tenemos en casa y, como ellos, necesitan ejercitar sus músculos y su mente para perfeccionar sus técnicas de caza, aunque no las vayan a necesitar nunca.
Así, es conveniente que juguemos con ellos desde el primer día que llegan al hogar, utilizando cualquier juguete para gatos como puede ser un plumero, un peluche o una pelota. Seguro que no tardan en elegir su favorito, al que se llevarán consigo a cualquier rincón de la vivienda, pudiendo incluso dormir con él.
Respeta la secuencia de caza (acechar → perseguir → capturar → “matar”) con juguetes tipo caña y termina con una recompensa comestible para evitar frustración. Dos o tres sesiones diarias de 5-10 minutos ayudan a controlar peso, reducir estrés y mejorar conducta. Evita juegos bruscos con manos y, si usas láser, ofrece al final un juguete físico para “atrapar”.
Si salen al exterior una vez, querrán salir más

A los gatos, al igual que a los seres humanos, les gusta salir de vez en cuando a dar una vuelta para ver a otros de su especie. Obviamente, en las ciudades o en los pueblos donde vive mucha gente los peligros superan con creces a los beneficios. Por el contrario, si vives en un barrio tranquilo o en el campo, mi consejo es que los dejes salir poniéndoles antes un collar con una placa identificativa con, al menos, tu número de teléfono.
Si finalmente decides darles permiso, verás que querrán salir a determinadas horas y volverán siempre a las mismas. Para que te hagas una idea, te voy a decir el horario de mis gatos (Keisha -7 años-, Benji -3 años- y Susty -10 años-. La pequeña Sasha nació hace poco y hasta que no esté esterilizada, con cinco o seis meses, no saldrá):
Por la mañana
- Salir: a la misma hora, sobre las 8.30 hora española.
- Regresar: Benji a las 9.00, Keisha a las 9.30 y Susty no regresa hasta por la tarde.
Al mediodía
- Salir: a la misma hora, sobre las 13 o a las 14h.
- Regresar: sobre las 15h.
Por la tarde
- Salir: sobre las 16h.
- Regresar: antes de las 18h.
Por la noche
Susty regresa sobre las 20 o 21h, pero se vuelve a ir sobre las 22h. Ha salido muy callejera.
Valora el paseo con arnés, el microchip y el cierre seguro de terrazas/ventanas (redes). Los gatos son crepusculares, por eso ajustan salidas a amanecer y anochecer.
Dormir, un gusto

Y, ¿qué hacen los gatos la mayor parte del día? Efectivamente, dormir. Los adultos pueden pasar hasta 16 horas durmiendo, y los pequeños de 18 a 20h. Menos mal que no son seguidas. De hecho, echan varias siestas cortas, levantándose un rato para beber, comer, jugar y hacer sus necesidades.
Pero sí, dormir en determinadas horas forma parte de sus rutinas. Ellos suelen descansar más por la mañana para mantenerse activos por la noche. ¿Por qué? Porque son animales nocturnos, ya que sus presas naturales salen de sus guaridas cuando el sol se pone. Afortunadamente para nosotros, podemos cambiarles sus hábitos de sueño, jugando con ellos en los ratos que estén despiertos para que, así, al llegar la noche estén cansados y prefieran dormir antes que cazar.

Durante el descanso alternan sueño ligero y REM. Ofrece camas en lugares elevados y cajas para que se sientan seguros. Si tiene “locuras” nocturnas, incrementa el juego vespertino y dale una pequeña ración de comida antes de dormir.
Comunicación no verbal y vocal
La cola es un indicador claro: relajada cuando están tranquilos; erizada y rígida ante miedo; movimiento brusco lateral como signo de agitación. Las orejas erguidas y orientadas denotan alerta; hacia los lados, incomodidad; completamente atrás, miedo. Las pupilas dilatadas suelen indicar miedo/activación; muy contraídas, posible tensión. El parpadeo lento es una señal de confianza.
En lo vocal, el ronroneo suele acompañar bienestar, aunque también puede aparecer ante dolor para autorregularse. El chirrido o trino es un saludo amistoso; los bufidos y gruñidos señalan conflicto. El castañeteo de dientes al ver aves o insectos refleja alta excitación y preparación de la mandíbula. El jadeo en gatos es poco común; si aparece fuera de un episodio claro de estrés o calor, consulta al veterinario.
Más claves corporales que conviene conocer: la cabeza ligeramente adelantada suele ser una invitación amistosa; baja, puede reflejar inseguridad. Los bigotes relajados caen hacia los lados; proyectados al frente indican interés o excitación; pegados a las mejillas, miedo o malestar. La boca abierta con siseo comunica defensa; un bostezo puede actuar como señal de no amenaza. También existe el maullido silencioso, un pequeño gesto que muchos gatos usan como petición suave de atención.
En cuanto a la cola, además de los estados anteriores, una cola alta con punta curvada indica sociabilidad e interés amistoso; movimientos tipo latigazos rápidos reflejan irritación; una cola recta y rígida con leve vibración puede aparecer en saludos muy emocionales. El contacto visual directo y sostenido puede resultar amenazante para ellos; un parpadeo lento compartido ayuda a generar confianza.

Marcaje, feromonas y comportamiento territorial
Los gatos son más territoriales que gregarios. Organizan su espacio en áreas de descanso, actividad (comer, jugar, aseo) y tránsito. Mientras esos “mapas” no cambian, suelen estar tranquilos. Cambios bruscos pueden generar estrés. El marcaje con feromonas faciales al frotarse y el rascado dejan señales químicas y visuales; proporciónales rascadores verticales y horizontales, de sisal o madera blanda, cerca de puertas, sofá y zonas de paso.
Si hay marcaje con orina, la esterilización ayuda y, sobre todo, la gestión ambiental: más recursos, menos competencia y rutinas previsibles. El gesto de “boca abierta” al oler (reflejo flehmen) indica que usan el órgano vomeronasal para analizar feromonas.

Comportamientos destructivos: por qué aparecen y cómo redirigir
Cuando un gato araña muebles o muerde objetos, suele hacerlo por marcaje, mantenimiento de uñas o ansiedad. Proporciona alternativas claras: rascadores altos y estables, cartón en horizontal y postes en vertical. Puedes cubrir temporalmente zonas delicadas con láminas plásticas flexibles mientras aprende a usar el rascador, y refuerza con premios cada uso correcto. Para mordisqueo de cables o hilos, manténlos fuera de su alcance y ofrece juguetes masticables seguros.
Agresividad: tipos, causas y manejo
La agresividad suele estar ligada a miedo, defensa de recursos o redirección del estímulo (por ejemplo, ver a otro gato por la ventana y arremeter contra un conviviente). Señales previas: orejas aplanadas, pupilas dilatadas, cola azotando y cuerpo rígido. Ante estas situaciones, no acerques las manos ni intentes calmarlo invadiendo su espacio: reduce estímulos, separa a los individuos y deja que baje la activación.
Es crucial descartar causas médicas (dolor, hipertiroidismo, problemas neurológicos). Con la salud OK, un plan de modificación de conducta con manejo ambiental, enriquecimiento, feromonas sintéticas y entrenamientos basados en refuerzo positivo suele mejorar en pocas semanas. Para conflictos entre gatos, aplica presentaciones graduales y refuerza interacciones calmadas.
Costumbres curiosas que quizá no entendías
Amasar con las patas es un remanente de la etapa de cachorro que aporta confort. Frotarse contra ti significa aceptación e integración en su “grupo”. Beber del grifo suele deberse a que perciben el agua como más fresca. Tapar el plato puede ser intento de “guardar” la comida o señal de que no le agrada.
Jugar con un ratón muerto forma parte del patrón de caza; la “diversión” no termina con la captura. Si se muerde o araña en exceso, podría estar aliviando picor o dolor: observa la piel y acude al veterinario si persiste. Sacar arena es normal si el arenero es pequeño o poco profundo; mejora el equipo y el entorno antes de castigar. Jugar con el inodoro puede deberse a la atracción por el agua en movimiento o reflejos; mantén la tapa cerrada.
Convivencia entre gatos: social o sociable
Un gato puede ser sociable sin pertenecer a una especie “social” como los perros. Su estrategia de caza individual explica que no dependan de un grupo, aunque en hogares o colonias toleren e incluso cooperen. En grupos domésticos aparecen jerarquías suaves basadas en el carácter: individuos más seguros, intermedios y alguno más tímido que puede sufrir. Identificar tensiones a tiempo evita estrés crónico.
Para mejorar la convivencia, duplica recursos (comida, agua, areneros, rascadores), crea rutas de huida y alturas, y realiza presentaciones graduales entre gatos. Si persisten conflictos, un veterinario o etólogo puede pautar manejo ambiental y, si hace falta, apoyo con feromonas sintéticas y planes de comportamiento.
Estrés: qué lo provoca y cómo ayudar
Los cambios de vivienda, la reubicación de recursos, ruidos altos, visitas frecuentes, falta de escondites o la llegada de otros animales/personas son detonantes típicos. Para reducir el estrés, ofrece zonas altas y cuevas, mantas y prendas con tu olor, establece rutinas, distribuye recursos por la casa y usa, si procede, difusores de feromonas felinas. En mudanzas, lleva consigo objetos con su olor (manta, cama, un poco de arena usada) y empieza por una habitación segura.
Etapas de actividad y juego según la edad
La energía varía con el desarrollo. En la etapa de gatito verás exploración intensa y juego social; en la fase junior aún abunda la curiosidad, pero aparece mayor autocontrol; como adulto joven el nivel de juego se estabiliza; con la madurez y etapa senior conviene incentivar juego suave y estimulación mental. Ajusta la duración de las sesiones (10-15 minutos) y varía los juguetes y su ubicación para mantener su interés.
Agilidad felina, reflejos y seguridad
Su esqueleto flexible y clavícula “flotante” permiten giros y posturas increíbles; pueden saltar varias veces su altura. El reflejo de enderezamiento les ayuda a caer sobre sus patas, pero no siempre se libran de lesiones en caídas desde alturas medias. Asegura ventanas y balcones con redes.
Olores y plantas
Tienen un olfato muy desarrollado; cítricos, vinagre o cebolla les resultan intensos o desagradables. Puedes usarlos como disuasorio suave en zonas sensibles, siempre sin molestar al gato. Muchos buscan y mastican hierba para facilitar el tránsito; ofrece macetas seguras (p. ej., hierba gatera no tóxica) y evita plantas peligrosas.

Socialización temprana y manejo del miedo
Los gatitos que reciben experiencias positivas con personas, ruidos y manipulación suave en sus primeras semanas tienden a ser más seguros de adultos. Ante miedo intenso, su lenguaje corporal es claro: orejas replegadas, cuerpo pegado al suelo, inmovilidad o huida. Evita movimientos bruscos, elimina el estímulo si es posible y ofrece refugios. Si el miedo se repite, consulta con tu veterinario para diseñar un plan de desensibilización.
Emociones y motivación
Su comportamiento está guiado por sistemas emocionales básicos: la búsqueda promueve explorar y cazar; el miedo prioriza evitar riesgos; el juego facilita aprendizaje y vínculo; los cuidados sostienen relaciones sociales. Las emociones pueden ser agradables o aversivas, y moverse en intensidad: del interés al entusiasmo, o de la frustración a la cólera. Un entorno predecible con retos adecuados (juego, rascadores, alturas) equilibra estas dinámicas.
Algunos mitos y una invitación responsable
Existen creencias erróneas sobre colores, “mala suerte” o la idea de que “se apañan solos”. Un gato doméstico puede sufrir en la calle y no siempre sabe proveerse. Valora la esterilización y, si decides ampliar la familia, apuesta por la adopción. En colonias, la gestión ética (captura, esterilización y retorno) es esencial para su bienestar y el de la comunidad.
Los gatos son magníficos, ¿verdad? ¿Cuáles son las costumbres de tu peludo? Conocer su lenguaje, respetar su territorio y ajustar el hogar a sus necesidades convierte la convivencia en una relación más tranquila y feliz para todos.

