Si hay un síntoma que pueda tener nuestro peludo que nos haga sentir realmente mal por no saber qué hacer para ayudarlo, ese es el de las convulsiones. Cuando aparece, el animal lo pasa tan mal y se siente tan incómodo, que lo primero que queremos es ayudarle. Mantener la serenidad y conocer las pautas adecuadas marca la diferencia.
Pero hay que saber lo que se puede hacer y lo que no, por lo que te vamos a explicar qué son las convulsiones en gatos y qué hacer en caso de una crisis, además de sus causas, cómo se diagnostican y qué tratamientos existen.
¿Qué son las convulsiones?
Las convulsiones son una serie de movimientos repetitivos e incontrolables que se producen por la alteración del funcionamiento normal del cerebro. Dicho de otro modo, estos movimientos surgen cuando las neuronas reciben una excitación mayor de la que pueden soportar, lo que provoca descargas eléctricas anormales en el cerebro del animal afectado.
No se ha de confundir con la epilepsia. Ésta es una enfermedad que se da por sí sola y es crónica, mientras que las convulsiones son un síntoma de otra patología, de ahí que resulte tan importante hacer un examen completo al gato para ponerle el tratamiento adecuado.

Fases típicas de una convulsión
- Fase prodrómica: horas o días previos con posible inquietud o cambios de conducta.
- Aura: segundos o minutos antes del episodio; el gato puede buscar a su humano o mostrarse esquivo.
- Ictus: es la crisis visible con espasmos y pérdida de control.
- Posictal: periodo de recuperación con desorientación, somnolencia o hipersedación.
¿Cuáles son los síntomas?
Las convulsiones pueden presentarse de distintas maneras, siendo los síntomas o signos más comunes los siguientes:
- Pérdida de la consciencia
- Movimientos descontrolados
- Cuerpo rígido
- Salivación o babeo
- Defecación y micción
- Estiramiento de las extremidades o pedaleo
- Movimientos masticatorios y chasquidos
- Hiperventilación o maullidos intensos
- Pérdida de equilibrio y desorientación posictal
- Cambios de comportamiento puntuales, incluso agresividad
Las crisis pueden durar de 2 a 3 minutos, durante los cuales el gato puede hacer dos cosas: esconderse o atraer la atención de su cuidador. En cualquier caso, siempre que veamos un comportamiento anómalo hay que acudir inmediatamente al veterinario. Si aparecen dos o más convulsiones en 24 horas se denominan convulsiones en racimo; y si la crisis se prolonga o la inconsciencia supera los cinco minutos, hablamos de estatus epiléptico, que es una urgencia vital.
¿Cuáles son las causas?
Las convulsiones son un signo clínico y pueden deberse a múltiples problemas:
- Epilepsia: idiopática, secundaria a enfermedad conocida o criptogénica.
- Lesiones cerebrales: traumatismos, tumores, malformaciones o secuelas vasculares.
- Infecciones e inflamaciones del sistema nervioso: encefalitis, meningitis.
- Trastornos metabólicos extracerebrales: enfermedad hepática o renal, hipertiroidismo, alteraciones electrolíticas.
- Hipoglucemia en gatitos, razas pequeñas o diabéticos.
- Intoxicaciones: fármacos no indicados para gatos, plantas o tóxicos domésticos.
- Déficits nutricionales como la vitamina B1 en casos concretos.
¿Qué hacer?
Si tu gato tiene una convulsión, es muy importante mantener la calma. Sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo, pero es necesario para evitar que se sienta más estresado. Asimismo, debes retirar cualquier objeto que pueda lastimarle, y no lo envuelvas con nada pues de lo contrario podrías hacerle daño.
Además, no hay que darle comida ni agua durante una crisis. Al estar inconsciente podría atragantarse. Y, por encima de todo, nunca hay que automedicarlo pues los medicamentos para humanos son peligrosos para él.
Siempre consulta con un veterinario antes de tratarlo.
Como pautas adicionales: evita meter la mano en la boca o sujetarlo con fuerza, baja la luz y reduce ruidos, deja que el episodio termine mientras lo proteges de golpes. Si tu veterinario te ha pautado medicación de urgencia (por ejemplo, diazepam rectal), aplícala solo según sus instrucciones. Tras la crisis, retira la comida y el agua unos minutos si persiste la descoordinación. En gatitos, muy pequeños o diabéticos, el profesional puede recomendar aplicar una pequeña cantidad de miel en encías cuando estén conscientes, para evitar hipoglucemias.
Si necesitas trasladarlo, espera a que acabe la crisis. Para animales pequeños puedes usar una toalla únicamente para el transporte, evitando presiones; en grandes, utiliza una superficie rígida y protege la cabeza para que no se golpee.

Diagnóstico
El veterinario reunirá una anamnesis detallada (edad, dieta, entorno, tóxicos, inicio de los episodios). Grabar en vídeo la crisis aporta datos sobre tipo y duración. Tras la exploración general, se pueden realizar:
- Analítica de sangre y orina para causas metabólicas o tóxicas.
- Pruebas de imagen: radiografías, TAC o resonancia magnética para descartar tumores o lesiones.
- Líquido cefalorraquídeo si se sospechan infecciones o inflamación.

Tratamiento
El manejo busca eliminar o reducir la frecuencia e intensidad de las crisis. Si existe una causa identificable, se trata de forma específica: infecciones con antibióticos cuando proceda, tumores con cirugía o terapias oncológicas, y trastornos metabólicos corrigiendo el problema de base.
En epilepsia primaria o cuando no se identifica causa, se indican anticonvulsivantes de larga duración, como el fenobarbital, ajustando dosis y realizando controles periódicos. En urgencias, el veterinario puede administrar benzodiacepinas para cortar la crisis. Es clave complementar con rutinas tranquilas, alimentación equilibrada y evitar sobresaltos.
Prevención y cuidados en casa
- Evita tóxicos y guarda fármacos bajo llave.
- Mantén al día revisiones, vacunación y antiparasitarios específicos para gatos.
- Ofrece alimentación completa y agua fresca, y controla el peso.
- Garantiza un espacio tranquilo con escondites y luz tenue.
- Minimiza estrés y viajes largos; respeta horarios y rutinas.
- Tras un episodio, proporciona un ambiente silencioso y observa su evolución.
Conocer qué es una convulsión, sus posibles causas y cómo actuar con seguridad te permitirá proteger mejor a tu gato. Ante la mínima duda o si las crisis se repiten, la consulta veterinaria inmediata es la vía más segura para un diagnóstico certero y un tratamiento eficaz.