¿Cómo puede una persona llevarse bien con un gato? Esa es, sin duda, una muy buena pregunta que puede parecer tener una difícil respuesta; sin embargo, a medida que pasa el tiempo te das cuenta de que en realidad no es tan complicado, ya que sólo se trata de tratarlo con respeto, paciencia y cariño.
Pero claro, si esta es la primera vez que convives con uno puedes tener muchas dudas. Dudas que espero puedas ir resolviéndolas con la lectura de este artículo especial en el que te ofreceré muchos consejos para llevarse bien con un gato, integrando además lo que hoy se sabe sobre comportamiento felino, manejo respetuoso y convivencia diaria.
Entendiendo al gato

Antes de empezar, es importante primero saber qué es un gato y cuál es su carácter, ya que así podremos hacernos una idea de cómo tenemos que comportarnos con él. Cuanto mejor comprendas su forma de ver el mundo, más fácil será que el vínculo sea positivo y duradero.
Bien. El gato es un animal del que se nos han dicho muchas cosas, siendo varias de ellas medias verdades o incluso mitos. En estado salvaje, cuando podía vivir tranquilo en su hábitat natural -campos, praderas-, solía pasarse el día en solitario pero sin alejarse mucho de los miembros de lo que para él era su familia, y menos si era una hembra. Dormía muchas horas al día, escondido en su refugio, y por la noche cazaba principalmente roedores y pequeños pájaros. Unas dos o tres veces al año, dependiendo del clima, buscaba pareja para tener descendencia.
La gata, cariñosa y amable, era una buena madre. No se separaba de sus pequeños más de lo estrictamente necesario. Eso sí, cuando los pequeños cumplían los dos o tres meses, edad en la que empezaban a aprender a cazar sus propias presas, los echaba de su hogar para que se valieran por sí mismos. Esto nos puede parecer un acto cruel hoy día, pero no lo era en absoluto para la naturaleza de estos felinos quienes no tenían tiempo para aburrirse y necesitaban aprender a sobrevivir por sí solos.
No obstante, los humanos modernos aparecieron y, con ellos, una fuente de comida permanente. Se acercó poco a poco a ellos, o más concretamente a sus graneros, lugares donde tenían maíz y otros tipo de cereales que atraían a los roedores. Con el paso del tiempo, estas personas vieron en el gato a un compañero, y no tardaron mucho en llevárselo a sus chozas o, más adelante, a sus casas, pisos, apartamentos o chalets.
Aunque tuvo que pasar por un período crítico, el de la Edad Media, cuando se decía que era transmisor de la peste y que daba muy mala suerte, actualmente y gracias a todos esos amantes de estos animales que han ido apareciendo y que seguirán apareciendo, ahora podemos disfrutar de su compañía. Hoy se sabe, además, que la relación humano-gato recuerda en algunos aspectos a la relación entre progenitor e hijo: las decisiones, el ambiente del hogar y hasta la personalidad humana pueden influir en el bienestar emocional del gato.
Estudios recientes señalan que la personalidad de las personas con las que convive el gato también tiene impacto en su conducta. Personas muy inestables emocionalmente o muy nerviosas tienden a convivir con gatos que muestran más ansiedad, conductas agresivas o problemas relacionados con el estrés. En cambio, quienes tratan de forma tranquila y coherente a sus animales suelen tener gatos más relajados, confiados y estables. Entender que el gato no es solo un animal independiente, sino un ser sensible que reacciona a nuestro estilo de vida, es clave para llevarse bien con él.
El gato no es un animal «de interior» (salvo excepciones)

No, no lo es. Por supuesto, se adapta bien a vivir en una casa, y desde luego si lo crías a biberón siendo muy bebé no te voy a aconsejar que le des permiso para irse a dar una vuelta porque puede que no sepa regresar y tengas que ir a buscarlo (hablo desde la experiencia), pero si lo tienes desde que tenía dos meses o más es probable que más pronto que tarde intente salir o, al menos, que muestre curiosidad por el exterior.
En menos de dos siglos hemos metido dentro de una vivienda a un animal que se ha pasado gran parte de su historia (unos diez mil años) en el exterior. El instinto cazador está en sus genes, y eso se manifestará siendo muy joven: cuando juegue con un juguete, en realidad lo que estará haciendo será perfeccionar sus dotes de caza por si el día de mañana puede atrapar a una presa; cuando clave sus uñas en los muebles, lo que hará será marcar su territorio; cuando se pelee con un gato que no conoce -y al que no se ha presentado correctamente- lo que hará será decirle que en su vivienda no es bienvenido.
No amigo, el gato no es un animal doméstico en el mismo sentido que el perro. No es como un perro que siempre va a seguirte allá donde vayas y que te obedecerá casi siempre. Un gato tiene un carácter especial, muy parecido en cierto modo al que tenemos los humanos pero con ese tinte salvaje que todavía hoy no entendemos del todo.
Por todos estos motivos, pienso que sólo puede convivir con un felino aquella persona que quiera dedicar tiempo a entender su lenguaje corporal, a respetar su espacio (o sus distintos espacios dentro de la casa), y hacer lo posible para que pueda vivir feliz entre cuatro paredes. Eso implica ofrecerle libertad de movimiento dentro del hogar, opciones para explorar, puntos altos, escondites y actividades que canalicen su energía cazadora.
Cuando no puede salir al exterior, es especialmente importante que el interior sea rico en estímulos felinos: rascadores, estanterías, juguetes, zonas tranquilas para dormir, bandeja de arena en un lugar íntimo y fuentes de agua fresca. Muchos de los llamados «problemas de comportamiento» (arañazos, marcajes, persecuciones, agresiones leves) disminuyen en cuanto el entorno se adapta mejor a sus necesidades naturales.

Esto es lo que tienes que hacer si quieres llevarte bien con tu gato
Ahora que sabemos más o menos cómo es un gato, pasemos al tema principal del artículo. ¿Cómo llevarse bien con el gato? La idea básica es respetar su naturaleza, adaptar la convivencia a sus necesidades y mantener una comunicación clara a través de su lenguaje corporal y del nuestro.
Entiende su lenguaje corporal
Imagen – Elsecretodelosgatosfelices.com
El gato no puede hablar como las personas, por lo que no es capaz de decirnos cómo se siente con palabras, pero sí con gestos. Por eso, dependiendo de cómo tenga la cola, el pelo y/o los ojos, nos estará diciendo una cosa u otra. Aprender a leer estos signos es esencial para evitar conflictos y ofrecerle el tipo de contacto que realmente disfruta.
Por ejemplo:
- Orejas hacia atrás, boca abierta enseñando los colmillos, pelo erizado: está muy tenso y podría atacar en cualquier momento. En este caso, no intentes acariciarlo ni calmarlo físicamente; es mejor que le des espacio y reduzcas estímulos.
- Cola erguida, boca cerrada, mirada dulce: está tranquilo. Si se acerca a ti, seguramente te pida mimos o se suba a tu regazo. Aquí puedes ofrecerle caricias suaves en zonas que suelen gustarles, como la cabeza y la base de las orejas.
- Está frente a ti, mirándote: si no tiene el pelo erizado, simplemente muestra interés en algo que llevas -quizás una lata de comida o un juguete-. También puede estar evaluando tu estado emocional, así que un tono de voz suave y movimientos tranquilos le resultarán más agradables.
- Cola moviéndose rápido de lado a lado, cuerpo tenso: suele indicar molestia o excitación. Conviene parar el juego o las caricias y dejar que se aleje si quiere.
- Parpadeo lento mientras te mira: es una señal de confianza y relajación. Puedes responder con otro parpadeo lento para reforzar esa sensación de seguridad.
También es importante recordar que a la mayoría de los gatos no les gustan las miradas fijas e intensas. Pueden interpretarlas como un desafío. Por eso, si quieres mostrarle que eres amistoso, es mejor parpadear lentamente o mirar ligeramente hacia otro lado mientras le hablas con un tono suave.
Respétale
Esto es fundamental. Sin respeto no hay nada. Un gato que no vive en una casa donde puede llevar una vida en compañía de personas que le quieren, no podrá ser feliz nunca. Por esto, nunca hay que pegarle, ni gritarle, ni meterle los dedos en los ojos, ni tirarle del pelo ni de la cola. Un gato no es un juguete, es un ser vivo que tiene sentimientos.
Además, es importante no utilizar castigos físicos ni gritos como forma de educación. Lejos de entender qué ha hecho mal, el gato solo aprenderá a temerte o a defenderse. Si se siente acorralado o asustado, es más probable que recurra a arañazos o mordiscos, o que desarrolle problemas de comportamiento por estrés.
También conviene evitar:
- Arrinconarlo para acariciarlo cuando intenta irse. Eso solo genera desconfianza.
- Perseguirlo por la casa para cogerlo o abrazarlo. La persecución le resultará muy amenazante.
- Bloquearle el paso cuando quiere moverse. Interrumpir constantemente su deambular aumenta su nivel de estrés.
- Mirarle fijamente a los ojos si aún no hay confianza; para muchos gatos eso es un desafío incómodo.
La regla de oro es muy sencilla: respeta para ser respetado. Si eres constante, tranquilo y predecible, tu gato aprenderá que a tu lado está seguro y que eres una compañía agradable, no una amenaza.
Juega con él

Otra de las cosas que hay que hacer para llevarse bien con un gato es jugar con él todos los días. Hay que dedicar de tres a cuatro sesiones de unos 10-15 minutos cada día; de esta manera, podrá quemar energía y, de paso, disfrutar.
Es importante no utilizar tus manos o pies como juguetes. Si dejas que tu gato muerda o arañe tus manos durante el juego, le estarás enseñando que eso es aceptable, y con el tiempo puede hacerte daño sin querer. En lugar de eso, usa juguetes para gatos como cañas con plumas, pelotas, ratoncitos o juguetes interactivos.
Al jugar con él, ten en cuenta estos puntos:
- No le tires contra el juguete; lanza el juguete en una trayectoria que se aleja del gato para que él pueda perseguirlo y cazarlo, imitando así la secuencia de caza natural.
- Evita los juegos que terminen en frustración constante. Deja que de vez en cuando «gane» y atrape el juguete.
- Si se excita demasiado, con bufidos o golpes de cola muy fuertes, baja la intensidad del juego o haz una pausa.
- Adapta el tipo de juguete a su personalidad: algunos prefieren plumas en alto, otros juguetes que se deslizan por el suelo o pelotas que pueden perseguir.
El juego no solo es un entretenimiento: es la mejor manera de canalizar su instinto cazador, reducir el estrés y estrechar vuestro vínculo. Un gato que juega a menudo con su humano suele ser un gato más confiado y con menos problemas de comportamiento.
Déjale ser gato
Con esto me refiero a que hay que dejar que se comporte como lo que es, lo cual supone dejar que se suba a los muebles, que duerma con nosotros -a menos que tengamos alergia, claro está-, y que pueda hacer sus necesidades (no sólo las fisiológicas, sino también las de mantener sus uñas en buen estado con la ayuda de un rascador) en un lugar tranquilo.
Muchos comportamientos que a las personas les resultan molestos son en realidad conductas normales felinas. Arañar, marcar con las mejillas, olerlo todo, esconderse cuando hay ruido, buscar sitios altos o apartados para descansar… forman parte de su naturaleza. En lugar de intentar impedirlos a toda costa, ofrécele alternativas adecuadas.
Por ejemplo:
- Coloca rascadores estables cerca de los muebles que suela arañar, para redirigir esa conducta.
- Ofrécele lugares elevados (estanterías, árboles para gatos) desde donde pueda observar su territorio tranquilamente.
- Reserva un rincón tranquilo para la bandeja de arena, lejos de la comida y del paso constante de personas.
- Permite que tenga rincones de refugio, como cajas de cartón, camas tipo cueva o espacios debajo de muebles.
También forma parte de «dejarle ser gato» el respetar sus rutinas. A los gatos les gusta que las cosas sean predecibles: horario de comida estable, momentos de descanso sin interrupciones, sesiones de juego más o menos regulares. Si respetas sus tiempos de dormir, de usar el arenero o de comer, se sentirá mucho más seguro y confiado.

Prémialo de vez en cuando
A todos nos gusta recibir regalos. Al gato también. De vez en cuando es muy buena idea darle una lata de comida húmeda o un snack para gatos. Seguro que le encantará. Además, con esto conseguirás que confíe más en ti y que asocie tu presencia con experiencias agradables.
Los premios también son útiles para reforzar conductas deseadas. Por ejemplo, puedes darle un pequeño snack cuando:
- Viene hacia ti de forma voluntaria y se deja acariciar relajado.
- Usa el rascador en lugar de tus muebles.
- Se comporta tranquilo ante situaciones nuevas (como visitas o ruidos extraños).
- Se relaciona de manera amistosa con otro animal de la casa.
El refuerzo positivo funciona mucho mejor que el castigo. Si quieres que se repita un comportamiento, premia al gato justo después de que lo haga. No hace falta abusar de las chucherías: una pequeña cantidad es suficiente, combinada con palabras suaves, caricias en sus zonas favoritas o un ratito extra de juego.
No le obligues a nada
Puede que por ejemplo no sea un gato especialmente cariñoso, pero no por eso hay que obligarle a comportarse de una manera diferente. No tenemos que ser egoístas. A uno de los míos no le gusta que le cojan en brazos, de hecho, puede llegar a gruñir fuerte si lo sostienes por más de un minuto, pero por el contrario le encanta que le acaricien mientras está relajado en su cama.
Y es que hay que observarlo. Así iremos averiguando cuándo se siente bien y cuándo no, cuándo quiere recibir mimos y cuándo no. Poco a poco, sin prisa. Te aseguro que el «esfuerzo» valdrá mucho la pena.
Muchas veces, cuando intentamos forzar el contacto (cogerlo en brazos sin que le guste, abrazarlo fuerte, acariciarlo mientras duerme profundamente o insistir en jugar cuando quiere descansar) lo que hacemos es que el gato nos asocie con malestar y estrés. En cambio, si dejamos que sea él quien marque los tiempos, vendrá a buscarnos cuando realmente quiera nuestra compañía.
Algunas pautas prácticas para no obligarle a nada:
- No lo cojas en brazos sin asegurarte antes de que le gusta que lo levanten. Muchos gatos prefieren tener las cuatro patas en el suelo.
- No lo levantes por la piel del cuello, sobre todo si es adulto. No les suele gustar nada y puede ser doloroso.
- No aproveches mientras duerme profundamente para tocarle si cuando está despierto ya te ha mostrado que no disfruta demasiado del contacto.
- No le rasques la barriga, patas o cola si ves que se incomoda; suele ser mejor centrarse en la zona de la cabeza y el cuello, especialmente delante y detrás de las orejas y debajo del mentón.
Recuerda que cada gato se sitúa en un punto distinto del espectro de sociabilidad. Algunos disfrutan de muchas caricias y contacto físico, mientras que otros se sienten mejor con interacciones más breves o limitadas. El objetivo no es transformar su personalidad, sino adaptar nuestras expectativas a lo que él realmente necesita y puede ofrecer.
Respeta sus rutinas y momentos privados
Para un gato, determinados momentos del día son especialmente sensibles. Si los interrumpimos de forma constante, es posible que trate de evitarnos o que desarrolle problemas de comportamiento. Piensa en cómo te sentirías si alguien te molestara siempre en el baño o mientras duermes; al gato le ocurre algo muy parecido.
Conviene que tengas en cuenta lo siguiente:
- Uso del arenero: cuando el gato utiliza la bandeja de arena se siente vulnerable. No es buena idea observarlo fijamente, tocarlo o interrumpirlo. Si lo hace en paz, seguirá usando su arenero; si no, puede decidir buscar otros rincones más «íntimos» de la casa para hacer sus necesidades.
- Comida y agua: mientras come o bebe, prefiere no ser molestado. Manipularle el plato, cogerle en brazos o meter la mano en el comedero puede generarle rechazo o que responda con un pequeño arañazo o mordisco.
- Descanso y sueño: el descanso es sagrado para su bienestar físico y emocional. Despertarlo a propósito, tocarlo con insistencia o jugar bruscamente cuando está durmiendo puede aumentar su irritabilidad.
Un truco útil es crear una zona libre de humanos: un lugar donde, si el gato está, toda la familia sabe que no debe molestarlo. Puede ser una habitación tranquila, un rincón elevado del salón o una cama específica. Si siempre respetas ese espacio como su «refugio inviolable», tu gato se sentirá mucho más seguro en casa.
Cuidado con cómo lo manipulas

No es una buena idea tocar o coger a un gato a nuestro antojo. Son animales bastante independientes que no disfrutan del contacto humano si no lo han permitido previamente. Intentar agarrar a un minino suele terminar con algún bufido amenazante y, en el peor de los casos, algún arañazo o mordisco.
Hay varias normas básicas de manipulación respetuosa:
- En ningún caso debemos coger o tirar de la cola a un gato. La cola es delicada, le ayuda a mantener el equilibrio y es una herramienta importante de comunicación.
- No debemos sujetarlo por la piel del cuello, aunque hayamos visto a su madre hacerlo cuando era cachorro. El cuerpo de un gato adulto pesa mucho más y para él puede ser doloroso y muy desagradable.
- Antes de cogerlo en brazos, observa si se acerca voluntariamente, se frota contra ti o se muestra relajado. Si se tensa, agacha las orejas o intenta irse, lo mejor es no insistir.
- Si está alterado (bufa, gruñe, tiene la cola como un látigo y las orejas planas), es mejor no tocarlo. En ese estado puede reaccionar con agresividad redirigida, incluso hacia la persona que intenta calmarlo.
Manipular al gato con suavidad, evitando movimientos bruscos y respetando sus señales de incomodidad, hará que poco a poco te vea como alguien confiable y cercano, no como una fuente de invasión constante.
Calidad de las interacciones por encima de cantidad
Cuando se trata de caricias y atención, a cada gato le gusta una cantidad distinta. Algunos podrían estar en tu regazo todo el día, mientras que otros prefieren unos pocos minutos de contacto y luego retirarse. Lo más importante no es pasar muchas horas tocándolo, sino que las interacciones que tengáis sean agradables para ambos.
Un enfoque que suele funcionar muy bien es el de «menos es más», sobre todo al principio:
- Adopta una actitud pasiva y tranquila: siéntate cerca, habla en voz baja y deja que sea el gato quien se acerque a ti.
- Cuando venga, ofrécele la mano para que la huela y se frote. Solo entonces empieza a acariciar suavemente.
- Concéntrate en las zonas donde a la mayoría de los gatos les gusta ser tocados: frente, mejillas, base de las orejas y mentón.
- Observa su lenguaje corporal todo el tiempo: si deja de ronronear, se tensa, mueve la cola con fuerza o se gira para morder suavemente, es hora de parar.
Cuando respetas sus límites y detienes las caricias antes de que se agobie, el gato aprende que tiene control sobre la interacción. Esto, a la larga, suele aumentar su confianza y hacer que él mismo busque más tu compañía, porque sabe que contigo sus preferencias serán escuchadas.
Nuestra personalidad también influye en la suya
La calidad de la relación con tu gato no depende solo de lo que él haga, sino también de cómo eres tú. Las personas muy ansiosas, muy impulsivas o que cambian mucho de humor pueden generar un ambiente más estresante, y eso se nota en el comportamiento del gato.
Los gatos que conviven con humanos muy nerviosos o inestables suelen mostrar con más frecuencia:
- Conductas agresivas (arañazos o mordiscos en juego o al ser manipulados).
- Actitudes temerosas (se esconden, evitan el contacto, huyen al menor ruido).
- Signos de estrés crónico (lamidos excesivos, problemas digestivos, marcaje inadecuado).
- Tendencia al sobrepeso si la respuesta al estrés es comer más o moverse menos.
En cambio, las personas que ofrecen un trato coherente, tranquilo y respetuoso, con rutinas estables y poca agresividad verbal o gestual, suelen convivir con gatos más seguros y sociables. No se trata de cambiar tu personalidad por completo, pero sí de ser consciente de que tu forma de hablar, moverte y reaccionar tiene impacto directo en cómo se siente tu gato contigo.
Pequeños cambios como bajar el tono de voz, evitar los gritos en casa, moverte con más calma cerca de él o establecer horarios más regulares pueden marcar una gran diferencia en su bienestar emocional y, por tanto, en la calidad de vuestra relación.
Cuando hay más de un gato en casa

Si además de llevarte bien con tu gato quieres que se lleve bien con otros gatos, es importante entender que estos animales son territoriales y que los encuentros bruscos suelen generar tensión y peleas. La mayoría de gatos comienzan sus relaciones con otros felinos con un lenguaje defensivo: bufidos, gruñidos, miradas fijas y posturas rígidas.
Cuando entra un nuevo gato en la familia, lo ideal es hacer una presentación gradual y controlada. Si se les deja en libertad desde el primer día, es muy probable que se persigan, se agredan o que se genere un conflicto difícil de revertir. En cambio, si se les permite verse y olerse poco a poco, a través de barreras físicas como transportines o jaulones seguros, podrán irse acostumbrando sin tanto miedo.
Durante los primeros días es normal que estén tensos y sólo puedan prestar atención al otro gato. Lo más recomendable es:
- Permitir que se vean con protección (por ejemplo, con el nuevo gato dentro de un transportín robusto) durante periodos cortos.
- Si alguno se estresa demasiado (maullidos muy altos, intentos de ataque, golpes repetidos contra el transportín), terminar la sesión y reintentarlo más adelante.
- No forzar interacciones ni meter comida o premios hasta que ambos estén algo más tranquilos. Primero necesitan comprobar que el otro no es una amenaza.
- Con el paso de los días, cuando ya no se bufan o gruñen con tanta intensidad, empezar a ofrecer refuerzo positivo (premios o comida húmeda) cuando se ven sin tensión.
Más adelante, cuando el lenguaje corporal sea más amistoso (miradas suaves, posturas relajadas, ausencia de intentos de agresión), se puede abrir la puerta del transportín y dejar que el gato nuevo salga a explorar sin obligarlo. Es normal que haya alguna persecución leve o bufidos esporádicos, pero si conoces bien su lenguaje podrás intervenir con calma antes de que llegue a mayores, por ejemplo interponiendo un objeto o haciendo un pequeño ruido que los distraiga, sin agarrarlos directamente para evitar agresividad redirigida.
En esta etapa es muy útil:
- Frotar suavemente una toalla por las mejillas de ambos gatos e intercambiarlas, para que se acostumbren al olor del otro.
- Colocar feromonas sintéticas felinas en difusor como apoyo ambiental.
- Crear momentos positivos conjuntos con comida rica o juguetes interactivos cuando ya están en la misma habitación.
El objetivo no es que se conviertan en mejores amigos de inmediato, sino que se toleren sin miedo ni agresiones. A partir de ahí, la relación que desarrollen dependerá mucho de sus personalidades individuales y de que sigas ofreciéndoles un entorno estable, rico en recursos y respetuoso con sus límites.
Con toda esta información, entenderás mejor por qué algunos gatos parecen distantes y otros muy cariñosos, por qué a veces reaccionan con arañazos o bufidos y cómo puedes adaptar tu comportamiento para que cada día estén un poco más a gusto contigo. Si respetas sus tiempos, sus gustos y su naturaleza, podrás disfrutar de una convivencia muy especial con tu felino, llena de pequeños gestos cotidianos que fortalecen vuestro vínculo y hacen que ambos os sintáis mejor en casa.
Espero que te haya sido de utilidad. Si te han quedado dudas, ya sabes que nos las puedes consultar.