¿Estás pensando en adquirir a un gato pero no tienes claro cómo educarlo? Eso es algo normal. Aunque cada vez vamos aprendiendo más sobre este animal, aún hay alguna que otra duda no resuelta que nos hace descubrir que todavía tenemos mucho que aprender de él.
Para que la convivencia sea agradable tanto para el felino como para ti, te vamos a ofrecer una serie de consejos para educar a tu gato basados en refuerzo positivo, rutinas, entorno adecuado y mucha paciencia. Además, integraremos pautas específicas para gatitos muy jóvenes, gatos adultos y también para corregir conductas concretas como morder, arañar muebles o maullar de noche.
Dedícale tiempo

Si quieres que tu gato sea feliz y además aprenda algunos trucos o a no morder ni arañar, debes de estar con él. Puede parecer obvio, pero se puede caer en el error de pensar que con decirle «NO» un par de veces cuando te araña ya lo aprende, cuando en realidad necesita mucho más tiempo para entenderlo. Además, del mismo modo que se dedica tiempo a conocer a un amigo, hay que hacer eso mismo con el peludo que tenemos en casa.
El aprendizaje de los gatos se basa en la repetición y en la asociación de experiencias. Por eso, es fundamental que pases cada día unos minutos de juego, caricias y atención con tu felino. Ese tiempo no solo le entretiene, también crea un vínculo de confianza que hará que te preste más atención cuando quieras enseñarle algo.
Observa su lenguaje corporal y aprende a interpretarlo. Fíjate en su cola, sus orejas, la posición del cuerpo y el tipo de maullido para saber si está relajado, asustado o excitado. Sorpréndele de vez en cuando hablando en lenguaje gatuno (por ejemplo, si quieres decirle que le quieres, entrecierra los ojos, o si quieres mostrarle respeto describe una línea curva cuando te dirijas a él).
Además, es muy recomendable crear pequeñas sesiones de entrenamiento cortas (5-10 minutos) varias veces al día, sobre todo si quieres enseñarle órdenes sencillas como acudir a la llamada o sentarse en un sitio concreto. Cuanto más breves y positivas sean, más fácil será que tu gato mantenga la atención.
Déjale ser gato

El gato es un peludo al que le gusta arañar, trepar y subirse a donde pueda. ¿Qué significa esto? Que cuando vive con los humanos va a arañar los muebles y va a trepar. Por lo tanto, tenemos que proporcionarle un rascador (o varios) y superficies donde trepar, no intentar que deje de comportarse como gato.
Proporciónale uno o varios rascadores bien estables, de diferentes tipos (verticales y horizontales) y colócalos en los lugares donde ya intenta arañar, como cerca del sofá o junto a las puertas. Puedes hacerlos más atractivos usando hierba gatera o jugando con él alrededor del rascador para que lo asocie con algo positivo.
Asimismo hay que tener presente que no le gusta estar mucho tiempo en el suelo, sino que prefiere subirse a algún sitio alto. Por ello, te recomendamos que coloques diferentes estantes a diferentes alturas envueltos con cuerda de rafia o que instales árboles para gatos para que, aparte de tener sus garras bien afiladas, pueda controlar su entorno desde una situación privilegiada.
Siempre que sea seguro para él, es buena idea que le dejes subirse a los muebles. No va a pasar nada. Si te preocupan los pelos, tan sólo tienes que cepillarle a diario; y si lo que te preocupan son los parásitos, debes darle un antiparasitario recomendado por el veterinario siguiendo la frecuencia indicada.
Recuerda también que muchas conductas que consideras molestas (como correr por la casa o saltar de madrugada) son solo formas de liberar energía acumulada. Un buen rato de juego interactivo con cañas, plumeros o pelotas antes de irte a dormir ayudará a que tu gato esté más tranquilo durante la noche.
No lo maltrates

Además de que está prohibido por ley, si una persona adquiere un gato y lo utiliza para desahogarse con él de mala manera, ese animal no va a ser feliz. No puede. Vivirá con miedo, con ansiedad. Eso no es vida, ni para el gato ni, tampoco, para el ser humano. Podremos hablar con el felino, pero siempre va a ser mucho mejor decirle palabras de y con cariño.
Los gatos no entienden la ira ni los castigos físicos. Golpear, gritar o asustar al gato solo consigue que te tema, que se esconda y que aumenten los problemas de comportamiento. Tampoco se le tiene que pulverizar con agua para que deje de hacer algo mal, ni darle con un papel de periódico.
Si queremos que deje de hacer algo, simplemente lo que debemos de hacer es redirigir su conducta. Por ejemplo: si está mordiendo la ropa, lo que haremos será decirle un «NO» firme (pero sin gritar), esperar 4 segundos, coger un juguete o una cuerda y después nos pondremos a jugar con él. Así entenderá que morder ropa hace que se acabe la diversión, mientras que morder el juguete la mantiene.
También es muy útil recurrir a la llamada aversión ambiental suave: hacer que las superficies que no quieres que toque sean algo desagradables sin dañarle (por ejemplo, usando cinta de doble cara en los bordes del sofá o cubriéndolos con materiales que no le gusten). De este modo, la corrección no viene de ti, sino del entorno, y se reduce el estrés que le generaría verte como fuente de castigo.
Sé paciente y constante

Independientemente de la edad que tenga el gato o gatito, su cuidador tiene que ser muy paciente y constante con él. No se puede pretender que aprenda algo en dos días; de hecho, lo más habitual es que le lleve semanas e incluso meses. A los más jóvenes les suele costar menos, pero todos necesitan tiempo.
De todas formas, para que le sea más fácil aprender hay que usar siempre las mismas palabras. Así, si tiene intención de morder, se le dirá siempre «NO» y se le bajará de donde esté; si se quiere que venga, se le dirá «ven», etc. Cambiar de palabra o de reacción según el día solo provoca confusión y hace más lento el aprendizaje.
Ten en cuenta también la importancia del momento: la reacción, positiva o negativa, debe ser inmediata. No sirve de nada reñirle por algo que hizo hace media hora, porque no asociará tu enfado con la acción. Sin embargo, si dices un «NO» firme justo cuando ves que se sube a la mesa, y al mismo tiempo le ofreces una alternativa (como un rascador o un estante alto permitidos), la asociación será mucho más clara.
Si quieres enseñarle algunos trucos básicos, te invitamos a leer este artículo, donde se explican técnicas como el uso de clicker y premios para que tu gato aprenda órdenes sencillas de forma divertida.
Adapta la educación a la edad del gato
La forma de educar no será igual con un gatito de dos meses que con un gato adulto. Sus capacidades, miedos y experiencias son distintas, y conviene adaptar las estrategias.
Gatitos muy jóvenes
Entre las 2 y las 7 semanas de vida, los gatitos atraviesan una etapa crucial de socialización. Es el momento ideal para que se acostumbren al tacto, a diferentes sonidos, a las personas y, poco a poco, a otros animales tranquilos.
En esta etapa puedes:
- Acostumbrarle al arenero colocándolo dentro justo después de comer o de despertarse.
- Manipularlo con suavidad unos minutos al día para que normalice las caricias y las revisiones veterinarias.
- Iniciarle en el juego estructurado, usando juguetes adecuados para gatitos y evitando siempre manos y pies como juguetes.
Gatos jóvenes (2-6 meses)
En esta fase los gatos tienen muchísima energía y tienden a morder y usar las uñas durante el juego. Es el momento de redirigir sus instintos hacia juguetes y rascadores para evitar problemas futuros.
Cuando muerda fuerte durante el juego, emite un «¡Ay!» algo exagerado, detén el juego de inmediato y alévate unos minutos. Así aprenderá que morder demasiado fuerte hace que se acabe lo divertido. Cuando juegue con suavidad o use sus juguetes, premia con caricias o snacks.
Gatos adultos
Si tu gato adulto se sube a la mesa o araña un mueble concreto, puedes combinar:
- Redirección: «NO» firme en el momento, lo bajas y lo llevas al rascador o a un estante permitido.
- Aversión suave: cubrir el mueble con materiales de textura incómoda para él (como papel de aluminio o cinta de doble cara) y colocar un rascador atractivo muy cerca.
En gatos procedentes de la calle o de protectoras, es fundamental crear primero un entorno tranquilo y predecible, con escondites y recursos básicos (agua, comida, arenero, rascador) antes de pedirles nada. Puede que pasen días o semanas hasta que se sientan seguros, pero con amor y paciencia terminan adaptándose y confiando en su nueva familia.
Corrige conductas concretas sin castigos
Al convivir con un gato es muy habitual encontrarse con dos problemas: mordiscos durante el juego y arañazos en muebles. Ambos son instintos naturales que simplemente necesitan una buena dirección.
Cómo hacer que no muerda
Si el gato muerde durante el tiempo de juego, casi siempre se debe a exceso de excitación o a que ha aprendido que así consigue tu atención.
- Parada inmediata del juego cuando el mordisco sea fuerte, sin gritos ni golpes.
- Usar siempre juguetes para que muerda, nunca manos o pies.
- Reforzar el juego suave con caricias, voz amable o pequeñas chuches.
Cómo evitar que arañe muebles
Las uñas del gato son una herramienta esencial para su ejercicio y comunicación. No se trata de que deje de arañar, sino de que lo haga en lugares adecuados.
- Ofrece alternativas atractivas: rascadores verticales si araña cortinas o sofás, y horizontales si prefiere alfombras.
- Haz desagradable el mueble: usa materiales que no soporte (aluminio, plásticos rugosos, cinta de doble cara) sobre las zonas de rascado.
- Premia el uso del rascador con juego y mimos cada vez que lo utilice.
Dale permiso para dormir contigo

Lo sabemos: no es un consejo de educación, en principio. Pero si dejamos que duerma con nosotros conseguiremos fortalecer todavía más la relación, lo que servirá para que cada vez que queramos enseñarle algo nos preste más atención.
Compartir la cama con tu gato puede ayudar a que se sienta seguro, acompañado y a reforzar el vínculo afectivo. Un gato que se siente parte de la familia suele estar más receptivo a las normas de la casa y muestra menos conductas relacionadas con la ansiedad.
Si prefieres que no duerma contigo, es importante que le ofrezcas camas cómodas en lugares tranquilos, lejos de ruidos y corrientes de aire, y que seas coherente: no le permitas subir algunas noches y otras no, porque eso solo le confundirá.
Con estos consejos podremos tener un gato feliz, equilibrado y mucho más fácil de educar. Al centrarte en el refuerzo positivo, la coherencia, un entorno adecuado y el respeto a su naturaleza felina, tu compañero de cuatro patas aprenderá poco a poco qué esperas de él y vuestra convivencia será cada día más armoniosa.
