Hablar de este tema no es nada fácil, pero en un blog como este se tiene que hablar de todo lo relacionado con los gatos: lo bueno, lo curioso, pero también lo malo. La muerte es el final de la vida, y a todos nos terminará llegando. Nuestros peludos viven muchos menos años que nosotros, un motivo más que suficiente para demostrarles lo mucho que les queremos cada día y ofrecerles siempre la mejor calidad de vida posible.
A medida que pasan los años iremos viendo que envejecen, que ya no tienen tantas ganas de jugar como antes y que sus rutinas cambian. Pero tenemos que ser conscientes de que algún día identificaremos algunos detalles que nos indicarán que, lamentablemente, su final está cerca. Saber reconocer estos signos no evita la pérdida, pero sí ayuda a prepararnos y a acompañarlos mejor, evitando sufrimiento innecesario.
Descubre cómo saber si un gato se va a morir, qué señales físicas y de comportamiento suelen aparecer, cómo diferenciarlas de una enfermedad tratable y de qué manera puedes ayudar a tu compañero felino en sus últimos momentos.
Observa si come y bebe

Un gato sano comerá entre 4 y 5 veces al día pequeñas raciones y beberá sorbos de agua repartidos a lo largo de la jornada. Mantener el apetito es una señal de que el organismo sigue funcionando con relativa normalidad. Cuando el cuerpo empieza a fallar, el metabolismo se ralentiza y es muy frecuente que pierda el interés por la comida y por el agua.
Si está a punto de morir veremos que el comedero y el bebedero están siempre prácticamente llenos. Puede acercarse, oler la comida y apartarse sin probar bocado, o aceptar apenas uno o dos bocados y dejar el resto. A esto se suma una pérdida de peso notable: el cuerpo se vuelve más delgado, se marcan las costillas y la musculatura se atrofia, haciendo que parezca más huesudo y frágil.
Como consecuencia de la pérdida de apetito, utilizará menos su arenero y, además, el peludo podría hacer sus necesidades donde no debería por la pérdida del control de su tracto urinario. En etapas avanzadas, muchos gatos moribundos muestran incontinencia de orina y heces, o bien no llegan a tiempo al arenero porque están demasiado débiles o desorientados.
También es posible que deje de acicalarse con normalidad. El aseo diario es una de las conductas más importantes para un felino; cuando está enfermo o al final de su vida la higiene se descuida, el pelaje se ve opaco, enredado y con mal aspecto, y puede aparecer un olor corporal más intenso debido a la falta de limpieza.
Acércate a él y huélelo
El mal olor es la señal que ninguno de nosotros quiere notar en sus gatos, pero puede aparecer en etapas muy avanzadas de enfermedad o en el momento en que la vida se apaga. Es la prueba de que el animal ha llegado al final de su vida o de que padece una patología muy grave.
Esto es así porque cuando los órganos dejan de funcionar, las toxinas se le van acumulando en la sangre y en los tejidos, causando así el característico olor. El aliento también puede volverse especialmente intenso, con una halitosis fuerte que indica problemas renales, hepáticos o infecciones graves en boca. En algunos gatos mayores, el mal aliento y las encías muy inflamadas pueden ser una de las primeras señales de que algo serio está ocurriendo.
Aunque el olor fuerte suele asociarse a fases terminales, también puede indicar enfermedades que, detectadas a tiempo, se tratan. Por eso, no conviene asumir que el gato va a morir solo por este síntoma: siempre hay que consultar con el veterinario para valorar si existe un tratamiento o cuidados paliativos que mejoren su bienestar.
Comprueba si quiere estar solo

El gato moribundo busca la soledad para poder estar tranquilo. Puede esconderse debajo de los muebles o de la cama, o en algún lugar del exterior si tiene acceso a la calle o al jardín. Este comportamiento tiene raíces muy profundas en su instinto: en la naturaleza, un felino enfermo o débil se convierte en una presa fácil, de modo que esconderse es un mecanismo de protección.
Muchos cuidadores describen que, en sus últimos días, su gato pasó más tiempo en lugares apartados, oscuros y silenciosos, como armarios, detrás de muebles o bajo la cama. Otros, en cambio, experimentan lo contrario: hay gatos que, al final de su vida, buscan más que nunca el contacto con su familia humana, se muestran especialmente cariñosos, piden caricias constantes y quieren dormir pegados a sus personas de referencia.
Ninguna de estas conductas es mejor o peor; simplemente responden a diferentes formas de gestionar el malestar y la debilidad. Lo importante es respetar la preferencia del animal: si se esconde, conviene dejarle su espacio, pero vigilando que tenga agua, mantas y acceso fácil a la bandeja. Si busca cariño, es fundamental ofrecerle compañía serena y contacto suave, sin forzarlo ni estresarlo.
Otro cambio habitual es la modificación de la personalidad. Un gato antes sociable puede volverse irritable o agresivo, o por el contrario un felino reservado puede mostrarse más cercano. Estos cambios pueden deberse tanto al dolor físico como a la confusión y al cansancio extremos, por lo que siempre merecen una consulta veterinaria.
Revisa si tiene problemas para respirar

Un gato sano toma entre 20 y 30 respiraciones por minuto de forma silenciosa y regular. Cuando el corazón se debilita, los pulmones no trabajan bien y por lo tanto se bombea menos oxígeno en el torrente sanguíneo. Esto hace que, al principio, el animal tenga que tomar aire con más frecuencia y su respiración se vuelva rápida y algo superficial.
En fases más avanzadas, la respiración puede hacerse irregular, con jadeos, pausas largas o respiración con la boca abierta. Luego, la respiración se vuelve más lenta y dificultosa pues los pulmones se llenan de líquido o el corazón ya no es capaz de bombear con fuerza. En algunos gatos, las mucosas (encías, lengua) pueden observarse pálidas o amoratadas, señal de que no está llegando suficiente oxígeno a los tejidos.
Además de los cambios respiratorios, suelen alterarse otras constantes vitales: el ritmo cardíaco puede hacerse más lento o errático y la temperatura corporal bajar de los valores normales del gato. Las orejas, las patas y la cola se sienten más frías al tacto, lo que indica un importante deterioro de la circulación y del estado general.
Es frecuente que en esta etapa el gato duerma casi todo el tiempo. Aunque los felinos ya son dormilones por naturaleza, cuando se aproxima la muerte pueden pasar prácticamente todo el día en un estado de letargo profundo, despertando apenas unos minutos para cambiar de postura o beber un poco. Si además aparecen temblores, convulsiones o signos de dolor intenso, la atención veterinaria es urgente.
Otros signos habituales de que un gato se va a morir
Aparte de los síntomas anteriores, existen otros cambios que suelen aparecer en gatos muy mayores o con enfermedades terminales:
- Cambio en la expresión de la cara: ojos vidriosos, más hundidos o sin brillo, párpados entrecerrados y bigotes tensos pueden indicar dolor o malestar intenso.
- Movimientos lentos y torpes: le cuesta levantarse, ya no salta a sus lugares favoritos, se tambalea o parece desorientado al caminar.
- Bultos o masas en el cuerpo: la aparición de nódulos, especialmente en gatos ancianos, puede relacionarse con procesos tumorales que, en algunos casos, son malignos.
- Cambios en el uso del arenero: además de la incontinencia, algunos gatos dejan de cubrir sus heces o muestran sangre en la orina o en las deposiciones.
Los gatos, además, son expertos en ocultar el dolor. Como heredero de sus antepasados salvajes, tu felino rara vez se quejará o maullará por dolor; en su lugar, lo manifestará con posturas rígidas, apatía, falta de juego y cambios en la mirada. Observar con calma sus orejas, ojos y bigotes puede ayudarte a valorar si está sufriendo.
¿Qué hacer si crees que tu gato se está muriendo?
Si has observado cualquiera de estos síntomas en tu gato, o si sospechas que está enfermo, no lo dudes: llévalo al veterinario lo antes posible. Es el único profesional que puede decirte si se trata de una enfermedad tratable, de una fase avanzada pero reversible o de un proceso ya irreversible en el que haya que priorizar los cuidados paliativos y el alivio del dolor.
En casa, puedes ayudarle ofreciéndole un lugar tranquilo, cálido y cómodo, accesible sin necesidad de saltar. Mantén el agua cerca, la bandeja de arena a poca distancia y proporciónale mantas suaves donde descansar. Muchos gatos agradecen una luz tenue y poco ruido a su alrededor.
Respeta siempre su ritmo: algunos días querrá que lo acaricies y otros preferirá estar solo. Tu presencia cercana, una voz suave y caricias delicadas, siempre que él las acepte, pueden ser un gran consuelo. Ante signos de sufrimiento intenso y sin posibilidad de mejora, el veterinario podrá orientarte sobre la opción de la eutanasia humanitaria, ya sea en la clínica o, si es posible, en casa, para evitarle dolor prolongado.
Acompañar a un gato en sus últimos días es muy duro, pero también un acto profundo de amor. Conocer las señales de que su final se acerca ayuda a tomar decisiones informadas, a reducir su malestar y a ofrecerle un adiós lleno de respeto, calma y cariño, a la altura de todo lo que nos ha dado a lo largo de su vida.
