A nuestro querido gato también le pueden doler los dientes de vez en cuando, especialmente cuando es un cachorro. Este peludo nace sin dentadura y, a medida que van pasando las semanas, le va saliendo y se va fortaleciendo, lo que hace que durante este periodo tenga molestias y necesidad de morder. Precisamente por eso no hay que dejar que nos muerda ni siquiera a temprana edad, ya que puede convertirse en una conducta aprendida difícil de corregir más adelante.
Sin embargo, no solemos dar mucha importancia al cuidado de esta parte de su cuerpo hasta que empieza a tener síntomas más evidentes, como mal aliento, dificultad para comer o incluso caída de piezas dentales. El problema es que los gatos tienden a ocultar el dolor y pueden seguir comiendo a pesar de sentirse muy incómodos, por lo que los signos suelen aparecer cuando la enfermedad ya está avanzada.
Por ello, te vamos a explicar cómo saber si a mi gato le duelen los dientes, cuáles son las causas más frecuentes, qué síntomas debes vigilar y qué puedes hacer para ayudarle con la ayuda del veterinario, junto con varios consejos de prevención para cuidar su boca desde joven.
Causas del dolor de dientes en gatos

Le están saliendo los dientes (cambio de dentición)
Suele ser una de las causas más comunes de molestias en gatos jóvenes. El gato nace sin dientes, pero alrededor de las 2-4 semanas de vida empezarán a salirle los primeros dientes de leche. Más adelante, aproximadamente entre el tercer y el séptimo mes, se produce el cambio a los dientes definitivos.
En total, cuando el proceso ha terminado, acabará teniendo 30 piezas compuestas de 12 incisivos (6 superiores y 6 inferiores), 4 caninos o colmillos (2 superiores y 2 inferiores), 10 premolares (6 superiores y 4 inferiores) y 4 molares (2 superiores y 2 inferiores). Los incisivos le sirven para cortar y arrancar pequeños trozos de comida, los colmillos para sujetar y matar presas, y los premolares y molares para cortar y triturar el alimento.
Durante este cambio de dentición es normal que el gato muerda más objetos, que se lama las encías a menudo, que mastique más despacio o que coma algo menos. También puede salivar más de lo habitual o tener un leve mal aliento. Si aparecen fiebre, dolor muy intenso o apatía marcada, se debe acudir al veterinario para descartar complicaciones, como dientes de leche persistentes, fracturas o infecciones.
Ha sufrido un traumatismo
Si ha tenido un accidente, se ha caído desde cierta altura, se ha golpeado con algún objeto duro o ha tenido una pelea, puede ser que se haya hecho daño en sus dientes o incluso que se haya roto alguna pieza. Las fracturas dentales, especialmente en los colmillos, son muy dolorosas y pueden dejar expuesta la pulpa del diente, con riesgo de infección y de inflamación del hueso maxilar.
En estos casos, además de dolor al masticar, se pueden observar dientes partidos, cambio de color en alguna pieza, sangre en la boca o rechazo total a la comida dura. Siempre es una urgencia veterinaria, ya que el tratamiento suele implicar extracción o tratamiento específico del diente afectado.
Tiene alguna infección o inflamación (sarro, gingivitis y enfermedad periodontal)
Si el gato no ha recibido los cuidados dentales necesarios a lo largo de su vida, la placa bacteriana se va acumulando y mineralizando hasta convertirse en sarro o cálculo dental. Este sarro forma una capa endurecida de color marrón amarillento que se adhiere entre las encías y los dientes y también entre las propias piezas dentales.
Llega un momento en que el sarro se convierte en un foco de infección, provocando inflamación de las encías (gingivitis) y de los tejidos que sujetan el diente, lo que se conoce como enfermedad periodontal. Podemos notar encías rojas, doloridas, sangrado al masticar o al tocar la boca y, a la larga, movilidad e incluso caída de dientes. El tratamiento de la gingivitis y la limpieza profesional con ultrasonidos son fundamentales para frenar este proceso.
En fases avanzadas, la infección puede extenderse desde la boca al resto del cuerpo a través de la sangre y provocar problemas más graves, como alteraciones cardíacas o renales, por lo que no es solo una cuestión estética.
Resorción dental felina y otras enfermedades bucales dolorosas
La resorción dental felina es una enfermedad muy frecuente y muy dolorosa en los gatos, en la que el esmalte y el tejido del diente se van destruyendo progresivamente. Esto hace que el diente se debilite, se fracture a nivel de la encía o acabe cayéndose. Afecta a un porcentaje muy alto de gatos, especialmente a medida que envejecen, y muchas veces pasa desapercibida si no se realizan radiografías dentales.
Un gato con resorción dental puede tener problemas para masticar, sobre todo la comida seca o muy fría, dejar de comer de repente, babear, mostrar encías rojas e inflamadas o presentar dientes aparentemente rotos o con defectos en el cuello del diente. El tratamiento consiste en la extracción de las piezas afectadas bajo anestesia general y una revisión radiográfica completa de la boca.
Además, existen otras patologías inflamatorias y dolorosas como la gingivoestomatitis crónica felina, en la que se inflaman encías, mucosa oral y, en ocasiones, paladar. Suele estar asociada a sarro, enfermedades víricas (como el calicivirus), alergias alimentarias o procesos resortivos, y provoca un dolor intenso que se manifiesta con salivación excesiva, disminución del apetito, apatía y rechazo a que le toquen la cara o la boca.
Cáncer y tumores orales
Si el gato tiene algún tumor en la cavidad bucal, ya sea en las encías, lengua, mandíbula o paladar, puede experimentar mucho dolor, tanto en los dientes como en los tejidos circundantes. Esto puede impedirle comer con normalidad, provocar mal aliento muy intenso, sangrado, deformidades faciales o aparición de bultos visibles en la boca.
El diagnóstico precoz mediante exploración veterinaria, biopsia y pruebas complementarias es clave para valorar si es posible operar, extirpar parte de la mandíbula o aplicar otros tratamientos paliativos que mejoren la calidad de vida del gato.
¿Cómo saber si le duelen los dientes?

A veces es complicado detectar el dolor dental en los gatos, ya que tienden a disimular el malestar. Aun así, hay signos bastante claros que pueden indicar que algo va mal en su boca. Sabremos que le duelen los dientes si muestra algunos de los siguientes síntomas:
- Muerde todo lo que encuentra, especialmente objetos duros, durante el cambio de dientes o cuando siente molestias en las encías.
- Tiene mal aliento (halitosis) de forma continuada, a menudo asociado a sarro, gingivitis o enfermedad periodontal.
- Ha empezado a perder peso y/o apetito, o come más despacio, seleccionando solo la comida blanda.
- Se muestra apático, triste o irritable y evita las caricias alrededor de la boca o la cabeza.
- Le cuesta masticar, mastica solo por un lado, deja caer comida de la boca o tarda mucho en terminar su ración.
- Tiene fiebre, encías enrojecidas o inflamadas, o se aprecia saliva con rastros de sangre.
- Babear de manera continuada, mantener la boca entreabierta o inclinar la cabeza al comer también pueden indicar dolor dental intenso.
En muchos gatos, los signos son muy sutiles y el único cambio apreciable es que comen menos pienso seco, piden más comida húmeda o se vuelven más tranquilos. Por eso, es muy recomendable revisar su boca de forma periódica en casa (si se deja) y acudir a revisiones veterinarias regulares, sobre todo en gatos adultos y mayores.
¿Cuál es el tratamiento?
Dependiendo de la causa que le esté provocando el dolor en los dientes, el tratamiento será uno u otro. Por lo general, el veterinario puede recomendar analgésicos para aliviar el dolor, antiinflamatorios para reducir la inflamación y/o algún antibiótico si existe infección bacteriana asociada.
Cuando hay sarro, gingivitis o enfermedad periodontal, suele ser necesaria una limpieza dental profesional con ultrasonidos bajo anestesia general, para eliminar la placa y el cálculo dental sin dañar el diente. En ese mismo procedimiento, el veterinario valorará la estabilidad de cada pieza y decidirá si es preciso extraer alguna.
En el caso de resorción dental, fracturas graves, dientes de leche persistentes o gingivoestomatitis muy dolorosa, puede ser imprescindible la extracción de las piezas afectadas. Aunque parezca drástico, muchos gatos viven muy bien con pocos dientes o incluso sin ninguno, siempre que se les ofrezca una dieta adecuada, principalmente alimento húmedo o textura blanda.
Cuando se sospecha de tumores orales o enfermedades sistémicas asociadas (como infecciones víricas o problemas renales), el veterinario realizará radiografías, analíticas y otras pruebas para establecer un plan de tratamiento más completo que puede incluir cirugía, medicación específica o terapias complementarias.
Como vemos, son varios los motivos por los que un gato puede sentir dolor en sus dientes. Siempre que sospechemos que le duelen los dientes, lo más recomendable será llevarlo al veterinario lo antes posible para que realice una exploración completa de la cavidad oral y paute el tratamiento adecuado, evitando así complicaciones mayores y mejorando su bienestar.
Además del tratamiento, la prevención es clave: mantener una buena higiene bucal, ofrecer una alimentación de calidad, revisar de forma rutinaria la boca del gato y acudir a revisiones dentales periódicas ayuda a que nuestro felino conserve una boca sana durante muchos años y que el dolor de dientes no se convierta en un problema crónico.