Cuando nuestro querido gato tiene alguna enfermedad ocular el veterinario nos va a recomendar que le echemos una o dos gotas de algún colirio o incluso una pomada oftálmica. Pero si ya es difícil darle un medicamento por vía oral, echarle gotas en sus preciosos ojos puede llegar a resultarnos una tarea casi imposible.
Aún así, a veces no queda más remedio que ser pacientes y «obligar» al gato a que se esté lo más quieto posible para poder ponérselas, ya que de lo contrario no podría sanar. La cuestión es, cómo poner gotas en los ojos a un gato sin generar miedo ni que termine enfadado con nosotros.
Lo importante es que estemos tranquilos, incluso considerando relajantes naturales para gatos si fuera necesario. Si estamos nerviosos el gato lo va a notar y se va a poner tenso incluso antes de que le hagamos nada. Por lo tanto, si es necesario nos iremos a una habitación solos y haremos unas cuantas respiraciones profundas, soltando el aire lentamente hasta que hayamos conseguido calmarnos. Después, sólo será cuestión de actuar con normalidad y seguir una serie de pasos bien organizados.
Por qué es tan importante poner bien las gotas en los ojos del gato

Los ojos de los felinos son estructuras muy especiales: tienen un campo de visión amplio, ven mucho mejor que nosotros con poca luz y están adaptados para cazar durante el amanecer y el anochecer. Esa gran capacidad visual también los hace más vulnerables a golpes, infecciones y enfermedades que pueden afectar de forma notable a su vista.
Entre los problemas más frecuentes se encuentra la conjuntivitis felina, una inflamación de la membrana que recubre el interior de los párpados y la parte externa del globo ocular. También son habituales las úlceras corneales, las infecciones por virus o bacterias, alergias o irritaciones por cuerpos extraños y algunos traumatismos; en ocasiones aparecen síntomas del glaucoma en gatos.
Algunos signos que pueden indicar que tu gato necesita colirio o pomada son:
- Legañas abundantes o muy pegajosas, a veces de color verdoso o amarillento.
- Ojos llorosos, con exceso de lágrimas que caen por la cara.
- Párpados inflamados o enrojecidos, que el gato intenta mantener cerrados.
- Sensibilidad a la luz, con ojos medio cerrados y molestias al abrirlos.
Cuando un veterinario nos recomienda un colirio es porque realmente lo necesita. Usarlo bien no solo reduce las molestias del gato, también asegura que el medicamento haga efecto y evita complicaciones. Por eso es clave aprender la técnica correcta para aplicar gotas, preparar el entorno y respetar las dosis y tiempos indicados en la receta.
Preparación previa: entorno, colirio y limpieza del ojo

Antes de llamar al gato y empezar a manipularle los ojos, conviene dedicar unos minutos a dejarlo todo listo. Esto reduce el tiempo de manejo y hace la experiencia menos estresante para ambos.
En primer lugar, es fundamental lavarse bien las manos con agua y jabón. Así evitamos llevar suciedad o gérmenes a una zona tan delicada como los ojos. También debemos leer con calma las instrucciones del colirio o pomada: dosis, frecuencia, si necesita conservarse en la nevera y durante cuánto tiempo puede utilizarse tras abrirlo.
Si el colirio estaba en la nevera, es recomendable atemplarlo un poco con las manos antes de usarlo, para que no esté tan frío y resulte menos molesto. Hay que abrir el frasco sin tocar la punta del envase, de manera que se mantenga libre de contaminación, y dejarlo preparado sobre una mesa, cerca de la zona donde vayamos a colocar al gato.
En muchos casos el veterinario aconsejará hacer una limpieza suave del ojo con suero fisiológico o con un producto específico para lavado ocular. Cuando hay muchas legañas, es importante humedecerlas bien, también alrededor de los párpados, y secar después con un algodón o gasa muy suave. Conviene dejar que el gato cierre los ojos durante la limpieza para no raspar la córnea, especialmente en animales con ojos muy saltones. Tras esta higiene, es mejor esperar unos minutos para que el ojo recupere su capacidad de absorción antes de aplicar el colirio de tratamiento.
Cómo colocar al gato y conseguir que esté tranquilo
Es cierto: el felino es muy inteligente y, al observarnos, puede intuir lo que vamos a hacer, pero esto es algo a lo que tenemos que restar importancia. Ponerle gotas no es nada del otro mundo; además, cuando un veterinario nos recomienda ponérselas, es porque realmente lo necesita. Así que por su propio bien, abriremos el colirio y lo dejaremos en una mesa, cerca de donde estemos, y lo llamaremos mostrándole una golosina para gatos y dándosela en cuanto se haya acercado.
Antes de nada, es muy aconsejable mimarlo un ratito, con caricias o incluso juegos, así la experiencia no será tan desagradable para él. Puedes aprovechar para hablarle con voz suave, acariciar su cabeza y asociar ese momento a cosas positivas. Eso sí, cuando hayan pasado un par de minutos, cogeremos al gato y lo pondremos encima de la mesa o en nuestro regazo, en un lugar estable y cómodo.
Para muchos gatos funciona muy bien sentarse con ellos sobre las piernas, de espaldas a nuestro pecho, de forma que podamos sujetar el cuerpo y las patas delanteras. Si es un animal muy inquieto o poco colaborador, puede ser útil envolverlo con una toalla a modo de “burrito”, dejando solo la cabeza fuera. De esta forma, evitamos arañazos y el gato se siente más contenido.
Un truco que recomiendan algunos profesionales es colocarnos ligeramente por detrás del gato, en vez de de frente. Esta posición suele hacerlo sentir menos amenazado y reduce la tendencia a retroceder o a esquivar nuestra mano. En cualquier caso, la clave es sostener su cabeza con suavidad pero con firmeza y algo inclinada hacia arriba, sin apretar el cuello ni generar dolor.
Paso a paso: cómo poner las gotas en los ojos del gato

Una vez el gato está bien sujeto y algo más relajado, llega el momento de aplicar el medicamento. Es normal que nos dé respeto, pero siguiendo un método claro reducimos el riesgo de errores y lo hacemos más rápido.
En primer lugar, sujetaremos el frasco de colirio entre el pulgar y el índice de la mano dominante. Con la otra mano le sujetaremos suavemente pero con firmeza la cabeza. Luego, con uno de los dedos de esa mano (normalmente el meñique o el índice) levantaremos ligeramente el párpado superior o bien tiraremos un poco del párpado inferior para formar una pequeña “bolsita” donde caerá la gota.
Es importante mantener el ojo abierto con los dedos de una mano, y con la otra poner las gotas situando el colirio a una distancia aproximada de 1 centímetro del ojo. La punta del frasco nunca debe tocar la superficie ocular ni las pestañas, para evitar heridas o contaminación del producto. Dejaremos caer la gota o gotas prescritas en el ojo, sin presionar en exceso el frasco.
Si cae alguna gota de más, en la mayoría de los colirios no suele tener mucha importancia, ya que el propio ojo expulsará el exceso en forma de lágrima. Sin embargo, con algunas medicaciones concretas (por ejemplo, ciertos fármacos que dilatan la pupila) puede ser más delicado, por lo que siempre conviene respetar la dosis indicada por el veterinario. Tras la aplicación, podemos cerrar con suavidad el párpado del gato y hacer un pequeño masaje muy suave sobre el párpado cerrado, para ayudar a que el medicamento se distribuya por toda la superficie del ojo.
Cuando hayamos acabado, le daremos unas cuantas golosinas como premio y lo dejaremos irse si lo desea. Repetir siempre este refuerzo positivo ayudará a que en las siguientes ocasiones el gato se muestre algo más colaborador.
Errores frecuentes, uso de varios colirios y cuándo pedir ayuda
Además de la técnica, conviene tener en cuenta algunos detalles que marcan la diferencia entre un tratamiento eficaz y uno que no funciona como debería. Uno de los errores más habituales es aplicar varios colirios seguidos sin dejar tiempo entre ellos. Si el veterinario ha recetado dos tipos de gotas diferentes, nunca hay que ponerlas una detrás de otra: es recomendable esperar unos 10 o 15 minutos entre una y otra para que el ojo pueda absorber bien el primer medicamento.
Otro fallo común es no cerrar inmediatamente el frasco después de usarlo. Taparlo en cuanto terminemos evita que el colirio quede expuesto a contaminación y al aire, lo que podría alterar su composición. Si el producto necesita conservación en frío, debemos guardarlo de nuevo en la nevera en cuanto hayamos terminado.
No todos los felinos aguantan bien que se intente manipularles, sobre todo en una zona tan sensible como los ojos. Si, pese a envolverlo en una toalla, usar premios y actuar con calma, el gato bufa, se revuelve con mucha fuerza o intenta arañar, lo más prudente es no insistir a la fuerza. En esos casos, lo mejor es ponerse en contacto con el veterinario, exponerle el problema y pedirle ayuda: en la clínica pueden enseñarte otra técnica, valorar la opción de usar otro formato de medicamento o incluso administrárselo allí cuando sea imprescindible.
Y listo. Siguiendo estos pasos, con paciencia y refuerzo positivo, se consigue que la aplicación de colirios se convierta en una rutina más sencilla y tu gato pueda recuperarse de sus problemas oculares lo antes posible, manteniendo sus ojos sanos y su visión en buen estado.
