
El gatito es una preciosa bola peluda que, a pesar de que hace muchas travesuras propias de la edad, ha sabido cómo ganarse nuestra confianza y cariño. Por eso, nos gustaría que su salud siempre fuese buena, pues verlo enfermar tan chiquitín es algo realmente triste.
Aunque no te puedo asegurar al 100% que con los consejos que te voy a dar tu felino va a estar sano, sí que te puedo decir que estará mucho mejor protegido. A continuación te explicaré cómo prevenir que un gatito enferme en base a mi experiencia y a las recomendaciones veterinarias actuales, para que puedas detectar problemas a tiempo y ofrecerle los mejores cuidados.
No lo separes de su madre antes de los dos meses de edad
Desde que nace hasta que cumple las ocho semanas tiene que estar con su madre. Durante ese tiempo ella lo alimentará con la mejor leche: la materna. Pero no sólo eso, sino que durante los primeros días tomará calostro, que es una leche rica en anticuerpos que lo mantendrán protegido frente a muchas infecciones.
Además de la alimentación, la madre le proporciona calor constante, estimulación para orinar y defecar, higiene mediante lamidos y una primera educación social, enseñándole a relacionarse con sus hermanos y con el entorno. Separarlo antes de tiempo aumenta el riesgo de problemas digestivos, respiratorios y de conducta (miedos, agresividad, inseguridad).
Si se ha quedado huérfano o su madre no lo quiere o no puede hacerse cargo de él, entra aquí para saber cómo cuidarlo. En esos casos es esencial que le proporciones un ambiente cálido, seguro y tranquilo, simulando en lo posible los cuidados de la madre: calor, alimentación frecuente con leche maternizada y estimulación para que haga sus necesidades.
Dale una alimentación de calidad
Esto es muy importante. Un gatito es un animal carnívoro que necesita comer carne para desarrollarse correctamente. Una buena alimentación refuerza su sistema inmunitario, mantiene su peso ideal y reduce el riesgo de muchas enfermedades a corto y largo plazo.
Si optamos por darle pienso (croquetas) es necesario que leamos la etiqueta de los ingredientes y que descartemos aquellas marcas que incluyan cereales (maíz, trigo, etc.) en gran cantidad, pues éstos pueden causar alergias alimentarias e incluso infecciones de orina al no poder digerirlos bien. Lo ideal es elegir alimentos donde la proteína animal de calidad sea el primer ingrediente, con un contenido moderado de grasas saludables y sin azúcares añadidos.
También es posible alimentarlo con comida húmeda de calidad o con dietas naturales equilibradas bajo supervisión veterinaria. Lo importante es que la dieta sea específica para gatitos, ya que necesitan más energía, proteínas y ciertos nutrientes (como taurina, ácidos grasos esenciales y vitaminas) que un gato adulto.
En cuanto al agua, aunque los gatos no suelen beber grandes cantidades, debemos asegurarnos de que siempre tengan agua limpia y fresca a su disposición. Es preferible usar un recipiente metálico o de cerámica para evitar sabores extraños y que sea lo suficientemente ancho para que los bigotes no rocen constantemente los bordes, algo que puede resultarles muy molesto.
Controlar la cantidad de comida que ingiere el gatito te ayudará a prevenir la obesidad futura, un factor de riesgo para enfermedades como diabetes, problemas articulares o trastornos urinarios. Un gatito activo, con una dieta equilibrada y raciones adecuadas a su peso y edad, tendrá muchas más probabilidades de mantenerse sano a lo largo de su vida.
Llévalo a desparasitar y a vacunar
El gato es un animal precioso pero tiene un serio problema: si proviene de la calle o si su madre no se ha desparasitado es más que probable que él mismo tenga parásitos, tanto internos como externos. Para «limpiar» a un gatito hay que llevarlo a un veterinario, el cual le dará un jarabe y le pondrá un antiparasitario adecuado a su edad y peso.
De esta manera, podrá quedar libre tanto de gusanos intestinales (que pueden causar diarrea, vómitos, vientre hinchado y retraso en el crecimiento), como de pulgas y garrapatas, responsables de picor intenso, alergias y transmisión de otras enfermedades. La desparasitación debe repetirse siguiendo el calendario que indique el veterinario para mantenerlo protegido de forma continua.
Asimismo, con 6 semanas de edad hay que ponerle su primera vacuna, ya que así su sistema inmunológico comenzará a fortalecerse frente a virus graves y muy contagiosos. El especialista te explicará qué vacunas son obligatorias o altamente recomendables en tu zona y cada cuánto tiempo hay que reforzarlas.
Además de desparasitar y vacunar, es recomendable realizar revisiones veterinarias periódicas aunque el gatito parezca estar sano. Los gatos son expertos en ocultar el dolor y el malestar, por lo que una exploración profesional puede detectar problemas en etapas muy tempranas, cuando todavía es fácil tratarlos.
Un buen veterinario no sólo pondrá vacunas: te asesorará sobre alimentación, comportamiento, higiene, prevención de enfermedades comunes y pruebas recomendadas según la edad y estilo de vida del gatito. Es importante elegir una clínica con profesionales cualificados y en la que te sientas cómodo para poder comentar cualquier duda con total confianza.
No lo bañes hasta que no tenga dos meses (o más)

En realidad, no hay que bañarlo nunca a menos que esté realmente sucio o lleno de parásitos externos. El gato es un animal muy limpio que se acicala por instinto, y un exceso de baños puede dañar la barrera protectora de su piel y aumentar el riesgo de irritaciones o infecciones.
Si tenemos que darle un baño por los motivos antes mencionados lo haremos cuando ya haya cumplido los dos meses y siempre que se encuentre clínicamente estable (sin fiebre, sin diarrea, sin debilidad). Utiliza agua tibia, un champú específico para gatitos y evita mojarle la cabeza en exceso, sobre todo los oídos, para prevenir otitis.
Al terminar, lo secaremos bien con una toalla con el fin de que no coja un resfriado, y, si lo tolera, podemos utilizar un secador a baja temperatura y a cierta distancia, siempre vigilando que no se estrese. Es fundamental que durante el proceso se sienta seguro y sujeto con suavidad para que no se resbale ni se haga daño.
En el día a día, suele ser suficiente con un cepillado suave y regular adaptado al tipo de pelo del gatito, lo que ayuda a mantener el pelaje brillante, reducir la formación de bolas de pelo y detectar a tiempo la presencia de parásitos, heridas o zonas sin pelo.
Vigila orejas, ojos, boca, piel y pelaje

Una de las mejores formas de prevenir que un gatito enferme es revisar con frecuencia su aspecto general. Hay ciertas zonas del cuerpo que actúan como un termómetro de su salud y conviene acostumbrarse a observarlas con calma.
Las orejas deben estar siempre limpias y sin cera espesa de color marrón. No deben oler mal ni presentar rojeces o irritación. Si ves secreción oscura, sacude constante de la cabeza o se rasca mucho, puede haber una infección o ácaros y es necesario consultar al veterinario.
Los ojos tienen que mostrarse brillantes y claros, sin lagrimeo abundante, sin legañas densas, ni enrojecimiento, ni hinchazón de los párpados. Cualquier cambio, junto con estornudos o dificultad para respirar, puede indicar una infección respiratoria que precisa atención profesional.
La nariz, en condiciones normales, es suave y ligeramente húmeda al tacto, sin costras ni secreciones continuas. Si gotea de forma persistente, sangra o está muy reseca y agrietada, conviene que el veterinario lo revise.
En cuanto a la boca, el aliento del gatito no debería ser muy fuerte. Un olor especialmente desagradable puede ser signo de problemas dentales, digestivos o renales. Los dientes deben estar limpios, sin exceso de sarro, y las encías mostrar un color rosa saludable (o negras si la pigmentación natural es oscura), sin inflamación ni sangrado.
Controla la comida, el agua y sus necesidades

Además de ofrecer una buena alimentación, es importante vigilar cómo come y bebe el gatito. Un cambio brusco en el apetito (comer mucho menos o mucho más) puede ser un signo temprano de enfermedad, estrés o dolor.
Aunque aparentemente los gatos no beben mucha agua, un aumento marcado en la cantidad que bebe o en la frecuencia con la que acude al bebedero puede indicar problemas en el sistema urinario, endocrino o renal cuando sea adulto. Por eso es bueno conocer su comportamiento normal desde pequeño para detectar variaciones.
Las regurgitaciones ocasionales de comida o las expulsiones de bolas de pelo pueden ser normales en algunos gatos, pero los vómitos persistentes, con presencia de comida sin digerir, bilis o sangre, requieren una visita inmediata al veterinario. Lo mismo ocurre con la diarrea que no mejora en poco tiempo o va acompañada de apatía, fiebre o pérdida de apetito.
Las heces deben ser sólidas y de color marrón uniforme, sin presencia de mucosidad, sangre ni parásitos visibles. Si son muy duras, muy blandas o líquidas durante varios días, o si el gatito hace mucho esfuerzo para defecar, es importante consultar con un especialista.
En cuanto a la orina, si el gatito orina con demasiada frecuencia, hace fuerza sin conseguir orinar, maúlla dentro del arenero o ves sangre en la orina, se trata de una urgencia veterinaria, especialmente en machos, ya que podría haber una obstrucción del tracto urinario.
Observa su actitud y comportamiento diario
Los gatos son expertos escondiendo problemas de salud, pero en general, si notas que tu gatito evita el contacto con los humanos cuando antes era cariñoso, se esconde más de lo habitual o está muy apático, esto suele ser una señal de aviso.
Al igual que las personas, cada gato tiene su propia personalidad y algunos son tímidos por naturaleza, de modo que es vital notar cualquier cambio respecto a su comportamiento habitual. Un gatito que de repente se vuelve muy agresivo, se muestra irritable al tocarle ciertas zonas o empieza a orinar en lugares inusuales puede estar intentando expresar que algo le duele o le incomoda.
También hay que fijarse en cómo se mueve. Si comienza a cojear, andar más despacio o mostrarse rígido al levantarse, podría tener dolor en las articulaciones, un golpe o alguna lesión. Un aumento de la hiperactividad, desorientación o choques con objetos también merece una revisión profesional.
Conocer bien a tu gatito implica tocarlo, observar cuánto come, cómo respira, cómo juega y en qué lugares le gusta descansar. Cuanto más familiarizado estés con su rutina, antes notarás cuando algo no va bien y podrás actuar a tiempo.
Quiérelo mucho
Sí, es probable que ya lo hagas, pero es muy importante. Un gatito que se siente querido, respetado y comprendido va a tener motivos más que suficientes para ser feliz, y por lo tanto, en el caso de que llegara a enfermar, tendría más fuerzas para salir adelante.
Dedicarle tiempo a diario para jugar, acariciarlo con suavidad, hablarle con voz calmada y crear un entorno predecible reduce notablemente el estrés felino, un factor que se relaciona con varias enfermedades, sobre todo las del tracto urinario y algunos problemas de conducta.
Trabajar en equipo con tu veterinario, acudir a las revisiones recomendadas, mantener una buena higiene, alimentarlo correctamente y ofrecerle un hogar tranquilo y lleno de cariño son pilares esenciales para prevenir que tu gatito enferme. Con atención, paciencia y observación diaria podrás detectar cualquier cambio a tiempo y darle la vida larga y sana que merece.

Que disfrutes de tu gatito


