El gatito es un felino que nace teniendo muchísima curiosidad por todo lo que le rodea, y a medida que crece esas ganas de explorar no hacen sino que aumentar hasta que llega un punto en el que se pasa todo el día investigando cada rincón de su hogar. Y el rascador es una de las cosas que más le atrae, sobre todo si es alto.
Sin embargo, a veces puede no resultar fácil que lo utilice, de modo que te voy a explicar cómo enseñar a mi gatito a usar el rascador para que no arañe los muebles y, de paso, conseguir que se divierta.
Consigue que el rascador sea atractivo para el gatito
Hay algunos rascadores que no están muy adornados y que pueden resultar un poco aburridos para el felino. Pueden tener muy pocas cuerdas o peluches pequeños, y eso no siempre es del agrado de un animal que disfruta jugando. Por eso, es muy recomendable comprar algunos pequeños juguetes y ponérselos encima del rascador para que tenga que ir a buscarlos.
Para que le guste todavía más, compra también algunas golosinas para gatos y pon algunas en diferentes partes del rascador: en el túnel, en el estante, en la cama,… Ya verás como así disfruta.

Además, muchos gatos muestran interés inmediato por los rascadores cuando detectan catnip o hierba gatera. Puedes espolvorear un poco sobre la base o frotar una bolsita para incrementar la curiosidad. Otra ayuda útil son las feromonas sintéticas en spray, que facilitan la aceptación del nuevo objeto sin estrés.
Enséñale dónde tiene que afilarse sus garras
El gatito aprende a veces por accidente, pero también y sobre todo por imitación. Mientras que está con la madre, aprende a ser gato observándola, imitando sus movimientos. Incluso cuando la mamá falta, si tiene la suerte de convivir con más gatos serán ellos los que le enseñarán todo lo que tiene que saber.
Cuando se trata de enseñarle a usar el rascador hay que ponerse en la »piel» de un gato adulto, e imitarle. ¿Qué haría un gato si tuviera que enseñarle a un peludito? Afilarse sus uñas en el poste rascador, por supuesto. Así pues, llámalo y pasa tus manos sobre poste, como si realmente quisieras afilarte las uñas. Hazlo varias veces todos los días que sean necesarios. Puedes incluso cogerlo con suavidad, sujetarle una pata y pasársela por el poste.

Si nada de esto funciona, coloca un comedero con lata de comida húmeda para gatitos y seguro que no tardará en subir a comer. De esta forma, aprenderá por accidente que tiene un juguete increíble donde puede pasárselo bien y tener sus garras bien sanas.
Por qué rascar es necesario y no debes evitarlo
Rascar no es un capricho, es parte del instinto de rascado. Al hacerlo, los gatos marcan territorio dejando el olor de las glándulas de sus patas. Por eso, cuando arañan un objeto suelen volver a la misma zona para reforzar su marca. Rascar también les ayuda a estirar musculatura, liberar tensión y mantener las uñas en buen estado. Tratar de anular el rascado no solo es casi imposible; perjudica su bienestar emocional y puede agravar problemas de comportamiento. La clave es ofrecerle lugares apropiados, como el rascador.
Dónde colocarlo y qué tipo elegir
- Ubicación estratégica: coloca el rascador junto al mueble que suela arañar o en zonas de paso donde el gato se estira al despertar. Si su objetivo favorito es el sofá, valora rascadores de esquina o para sofá.
- Tamaño: debe permitir que tu gato se estire completamente. Si es pequeño, perderá interés.
- Estabilidad: una base pesada o anclaje firme evita movimientos que asustan al gatito. Si se tambalea, no volverá a usarlo.
- Textura y orientación: algunos prefieren sisal o cartón, otros moqueta o madera; y hay quien rasca vertical y quien prefiere horizontal. Ajusta el material y el formato a su preferencia.
- Entorno tranquilo: rascar es una rutina de relajación y estiramiento; evita ruidos o zonas con sobresaltos.
Técnicas prácticas y refuerzo positivo
- Dale ejemplo: rasca tú mismo sobre el poste para que oiga el sonido y se acerque. Usa juguetes tipo caña alrededor para atraerlo y que “descubra” el rascador jugando.
- Asocia el rascador con cosas buenas: cada vez que lo use, premia al instante con snacks, caricias o palabras suaves. Esa inmediatez es lo que fija el aprendizaje.
- Marca con su olor: frota el rascador con su manta o cama para que lo reconozca como propio y se anime a reforzar su marca.
- Usa catnip o feromonas: el catnip despierta interés en muchos gatos; si no funciona, prueba con feromonas sintéticas de uso ambiental o en spray.
- Redirección sin castigo: si araña un mueble, dile un “no” calmado y llévalo de inmediato al rascador. Castigar solo genera miedo y no resuelve la conducta.
- Varios gatos: si conviven más felinos, puede hacer falta más de un rascador o uno grande con varias superficies para evitar disputas.
¿Un rascador es un juguete?
No es un juguete como tal, sino un accesorio de bienestar básico que permite mantener uñas sanas, estirar y marcar territorio. Algunos modelos incorporan juguetes colgantes o camas, combinando diversión con función de rascado, pero su objetivo principal es canalizar el instinto de arañar, no sustituir el juego interactivo.
Si sigue sin usarlo: ajustes finales
Hay gatos que necesitan un pequeño cambio para dar el salto. Prueba a moverlo unos centímetros hacia su zona favorita, cambiar el material de la superficie o ofrecer un rascador horizontal si insiste en alfombras. Si nada funciona, quizá ese modelo no es el adecuado para tu gatito: prueba con otro diseño.
También puedes fabricar un rascador casero: una base firme con poste envuelto en cuerda de sisal bien tensa y fijada con pegamento; añade una base pesada para máxima estabilidad y cuelga un juguete sencillo (ratoncito o pompón). Esta opción permite ajustar tamaño, textura y altura a sus preferencias.
Con paciencia, constancia y un enfoque amable, el rascador se convertirá en su lugar favorito para estirarse, relajarse y cuidar sus uñas, mientras tus muebles se mantienen a salvo y tu hogar sigue oliendo “a gato” donde corresponde: en sus superficies pensadas para él.