Por lo general, una gata que acaba de ser madre será una estupenda progenitora para sus pequeños. Es una auténtica gozada verla cuidando de los gatitos, manteniéndolos limpios, bien alimentados y protegidos del frío. Pero, ¿quién sería capaz de no ayudar a su peluda? Yo, desde luego, no podría dejar que hiciera todo el trabajo sola, y seguro que tú tampoco, ¿verdad?
Por eso, es posible que te preguntes cómo cuidar a una gata que acaba de tener gatitos. Qué puede hacer un humano por su felina, y por los cachorritos de ésta, es mucho más de lo que a veces pensamos. Con unas pautas claras podrás acompañarla en todo el proceso, desde la gestación hasta las primeras semanas de vida de la camada.
Durante el embarazo

La gata tiene un embarazo de unos 65 días de duración aproximada (como mínimo debe durar 64, y como máximo 67). Durante ese tiempo necesitará una serie de cuidados para que todo vaya como la seda, empezando por la alimentación y el entorno donde vive.
En cuanto sepamos que está esperando gatitos, tenemos que cambiarle la dieta y empezar a darle un pienso para gatitos y gatas lactantes, ya que contienen una mayor concentración de nutrientes que le serán muy necesarios para la lactancia. Este tipo de alimento suele ser más rico en proteínas y grasas de calidad, algo clave para que pueda producir leche suficiente y mantener su propio peso.
Además de un buen pienso, conviene que tenga agua fresca siempre disponible en uno o varios cuencos, y que estos se encuentren en lugares tranquilos y accesibles. Una gata gestante puede necesitar comer pequeñas cantidades varias veces al día, así que es recomendable dejarle el alimento a libre disposición, salvo indicación contraria del veterinario.
Pero, además, tenemos que asegurarnos de que está viviendo en un hogar seguro y tranquilo, sin ruidos ni sobresaltos. Si queremos que todo vaya bien, la calma, la paciencia y el respeto serán nuestros mejores aliados. Evitar visitas innecesarias, gritos, música muy alta o cambios bruscos en la rutina ayudará a que la gata se sienta protegida.
Asimismo, tenemos que dejar que sea ella la que decida dónde quiere hacer su nido, y no cambiárselo a menos que esté en una zona peligrosa (como lo puede ser la cocina o la lavandería). Podemos facilitarle cajas amplias con mantas limpias en lugares silenciosos, cálidos y alejados de corrientes de aire. Ella elegirá la que considere más adecuada, y lo más importante es respetar esa decisión siempre que sea segura.
A medida que el embarazo avanza también conviene observar su estado general de salud: apetito, nivel de actividad, respiración y aspecto del abdomen. Cualquier signo de dolor intenso, apatía marcada o secreciones anómalas debe comentarse con el veterinario para descartar complicaciones antes del parto.
Durante el parto
En la medida de lo posible, no intervendremos. La mayoría de las gatas paren sin ayuda y nuestro papel debe reducirse a vigilar que todo transcurre con normalidad y ofrecer un entorno seguro. Es importante reconocer algunas señales que indican que el parto avanza correctamente y cuándo puede estar finalizando.
Sólo tenemos que ir comprobando que expulsa una placenta para cada gatito nacido, y que el pequeño se mueve tras el nacimiento. Lo habitual es que la placenta salga pocos minutos después de cada cría, aunque a veces puede retrasarse algo más. Muchas gatas se comen las placentas para recuperar energía, por lo que conviene contarlas en cuanto las veamos.
En el caso de que un gatito no se moviera tras salir, lo cogeremos y haremos como si quisiéramos limpiarlo bien, a consciencia, con un trapo, frotando la espalda. También es muy importante insuflarle aire en los pulmones, lo que sería el boca a boca, si sabemos cómo hacerlo de forma segura. A veces, esta maniobra sencilla es la única medida capaz de ayudar al gatito a vivir.
Mientras dura el parto es normal que haya pausas entre gatito y gatito de hasta media hora o algo más, siempre que la madre no muestre signos de dolor intenso, jadeo extremo o esfuerzos prolongados sin resultado. El abdomen se irá viendo cada vez más plano y la gata tenderá a relajarse y lamer a sus cachorros cuando el proceso se acerca al final.
Si falta alguna placenta o si la gata se ve muy débil y sospechamos que tiene algún gatito todavía dentro, hay que consultar con un veterinario lo antes posible. También es motivo de consulta urgente que el parto se prolongue muchas horas sin que nazca ningún cachorro nuevo, que la gata sangre de forma abundante o que emita un flujo muy maloliente durante el propio parto.
Tras el nacimiento

La gata, instintivamente, sabe cómo cuidar de sus crías. Pero si es primeriza puede que surjan problemas, como que un gatito no coma demasiado o que la madre lo haya rechazado. Si esto es lo que nos ha ocurrido, podremos cuidarlo siguiendo esta guía, donde se explica cómo proporcionar leche maternizada, mantener su temperatura corporal y estimularlo para que haga sus necesidades.
Durante las primeras semanas, la madre se dedicará casi por completo a amamantar, limpiar y proteger a sus cachorros. Nuestro papel será asegurar que el nido se mantenga limpio, cálido y tranquilo. Es recomendable cambiar las mantas o toallas húmedas o muy sucias con cuidado, sin mover demasiado a la familia, para evitar infecciones y parásitos.
Además, tendremos que saber qué es lo que ha pasado si uno o varios gatitos no maman bien, pues puede que la peluda sufra de mastitis, que es la inflamación de la glándula mamaria, la cual requerirá atención veterinaria. Las mamas deben estar blandas, sin zonas muy duras ni excesivamente calientes, y la gata no debería mostrar dolor intenso al ser tocadas suavemente.
Por otra parte, hay que mirar el flujo vaginal de la gata. En los primeros 10 días, es normal que expulse flujo con un poco de sangre oscura; pero si pasado ese tiempo continúa haciéndolo y/o empieza a tener un olor fétido, hay que ir al veterinario pues podría tratarse de una infección o de restos placentarios retenidos. Del mismo modo, un sangrado rojo vivo o muy abundante no es normal y también exige revisión profesional.
Debido a la lactancia, una gata recién parida requiere gran cantidad de agua y alimento. Por este motivo, deberemos mantener sus cuencos de comida y bebida siempre llenos y situarlos junto al nido, para que no tenga que alejarse demasiado de sus pequeños. La comida tiene que ser muy rica en grasas y proteínas, por lo que se mantiene la recomendación de un pienso especial para la gestación o para cachorros, y permitir que coma a voluntad.
Es importante revisar también su comportamiento maternal. Lo habitual es que esté pendiente de sus crías, que las lama, las acerque a las mamas y las mantenga agrupadas. Si observamos que la gata no cuida de los pequeños, los ignora, los agrede o los abandona fuera del nido, es fundamental acudir a un veterinario, ya que podría existir alguna complicación física o un problema de estrés muy intenso.
Conforme los gatitos crezcan y empiecen a abrir los ojos y moverse, entre la segunda y tercera semana, se puede comenzar un manejo suave y respetuoso para favorecer su socialización: acariciarlos brevemente, hablarles en voz baja y permitir que exploren un poco cerca del nido, siempre bajo la mirada de la madre y sin forzar las situaciones.
Otra cuestión a tener en cuenta es que la gata puede volver a entrar en celo poco tiempo después de parir, especialmente si hay machos enteros cerca. Para evitar nuevas gestaciones tan seguidas, conviene mantenerla separada de los machos no castrados y comentar con el veterinario el momento más adecuado para su esterilización una vez que esté recuperada y, si procede, haya terminado el periodo de lactancia.
Apoyando a tu gata con una buena alimentación, un entorno seguro, revisiones veterinarias cuando hagan falta y mucho respeto por sus instintos, estarás dando a la madre y a sus gatitos la mejor oportunidad de crecer sanos y fuertes y de construir un vínculo de confianza contigo que durará toda la vida.
Esperamos que este artículo te haya sido de utilidad