Nuestro gato pasará por diferentes etapas a lo largo de su vida. Al igual que nosotros, tendrá momentos muy buenos, y otros que no lo serán tanto. Es posible que caiga enfermo alguna que otra vez o que sea testigo de una separación, mudanza o de la pérdida de un ser querido.
Ante estos cambios, su comportamiento puede variar de forma muy marcada. Perderá interés por sus juguetes, estará más tiempo en su cama, puede mostrarse más dependiente y buscar más contacto, o por el contrario aislarse. Y lo que es más preocupante si cabe, puede dejar de alimentarse con normalidad o incluso dejar de comer por completo. ¿Cómo alimentar a un gato que no quiere comer? No es fácil, pero con estos consejos lo será un poco más.
¿Por qué deja de comer un gato?

Para ayudar a nuestro querido amigo, lo primero que tenemos que saber es por qué ha perdido el apetito. Así podremos tomar las medidas necesarias y conseguir que poco a poco vaya recuperándose. Es muy importante diferenciar entre un gato que no quiere comer porque algo le impide hacerlo (dolor, náuseas, estrés), y un gato que no puede comer aunque lo intente (problemas en la boca, mandíbula, dificultad para tragar). En ambos casos hay que actuar pronto, ya que un ayuno prolongado puede desencadenar lipidosis hepática, una enfermedad grave del hígado.
Las causas más frecuentes por las que un gato puede dejar de comer son:
- Ambiente familiar tenso: el animal que no se siente tranquilo podría dejar de comer. Los gritos, la música a todo volumen, visitas constantes, el no dejarle su espacio personal, las faltas de respeto hacia el animal, además de los malos tratos, solo servirán para que el gato caiga enfermo. El estrés y el miedo reducen su apetito, sobre todo si ya está enfermo o convaleciente.
- Llegada de un nuevo miembro a la familia: a los gatos no les gustan mucho los cambios, y si ese cambio está producido por la llegada de un nuevo miembro al hogar (bebé humano u otro animal), les suele costar bastante más aceptarlo. Un mal proceso de presentación puede generar estrés sostenido, con conductas de evitación, marcaje y, por supuesto, menos ganas de comer.
- Mudanzas y cambios en la rutina: un traslado a una nueva casa, mover muebles, cambiar de sitio el comedero, variar de forma brusca nuestros horarios o el de las tomas puede hacer que el gato se sienta inseguro. Estos animales son muy de hábitos, y una alteración en su entorno, por mínima que parezca, puede hacer que deje el plato intacto.
- Tiene alguna enfermedad: hay algunas enfermedades, como la leucemia felina o la peritonitis infecciosa felina (PIF), que pueden hacer que las fosas nasales se obstruyan y el gato pierda capacidad olfativa. Cuando eso ocurre, su alimento no le resulta tan apetecible y puede dejar de comer. Asimismo, enfermedades crónicas como la insuficiencia renal o hepática, problemas digestivos (vómitos, diarrea, estreñimiento) o infecciones diversas también reducen mucho el apetito.
- Dolor en la boca o dificultad al masticar: las enfermedades dentales, la gingivitis, el sarro, las heridas en la lengua o en las encías, así como tumores o fracturas en la mandíbula, pueden hacer que comer sea doloroso. En estos casos, el gato se acerca al comedero, puede mostrar interés, pero no come o deja de hacerlo tras unos pocos bocados.
- Problemas gastrointestinales u obstrucciones: gastritis, cuerpos extraños, parásitos internos o inflamaciones del tracto digestivo provocan náuseas y malestar. Un gato con problemas en el estómago o intestinos suele dejar de comer y puede presentar vómitos o diarrea.
- Ha perdido a un ser querido: todos los animales con sentimientos, incluyendo a los gatos, lo pasan mal cuando dejan de ver a un ser querido, ya sea humano o felino. Pueden verse como si estuvieran ausentes, sentados en un rincón mirando hacia ninguna parte. No tendrán ganas de jugar, ni tampoco de comer, pero tenemos que asegurarnos de que ingieren al menos algo de comida y agua cada día mientras atraviesan su duelo.
- Abandono: un gato que ha sido abandonado podría llegar a dejar de probar bocado. ¿Por qué? Porque se ve en una situación que no sabe cómo afrontar. Puede que esté en un refugio de animales, pero aunque esté con más gatos y gente que realmente se preocupa por él, estará triste y desorientado por un tiempo hasta que encuentre una verdadera familia.
- Cambios bruscos de alimento: pasar de un pienso a otro, o de pienso a comida húmeda de forma repentina, cambiar de marca o textura sin transición, o dar alimentos con olor y sabor muy diferentes puede originar que el gato rechace su nueva comida. Son animales muy sensibles al olor, sabor y textura, y necesitan que todo cambio se haga de forma gradual.
- Problemas con la propia comida: un pienso caducado, mal almacenado, rancio o una lata abierta desde hace demasiado tiempo puede perder su aroma o incluso estropearse. Si la comida no huele bien o no está fresca, es muy probable que el gato no quiera comerla.

Sea cual sea la causa, si nuestro gato lleva más de un día comiendo mucho menos de lo habitual o pasa 24 horas sin probar alimento, hay que consultar con el veterinario. Un ayuno de dos días en un felino puede tener consecuencias muy serias para su salud.
¿Cómo reconquistar el paladar de un gato enfermo o triste?

Lo primero y más importante que tenemos que hacer es llevarlo al veterinario para que lo examine. Como hemos dicho, si está enfermo puede que no coma, de modo que para que lo haga probablemente solo tendremos que darle el medicamento que nos recomiende el profesional o una dieta específica para su problema. En muchos casos es necesario realizar pruebas (análisis de sangre, orina, radiografías o ecografías) para encontrar la causa real de la inapetencia.
En ningún caso debemos auto-medicarlo, ni darle medicamentos humanos ni suplementos sin supervisión, ya que podría ser muy perjudicial para él. Solo el veterinario debe decidir si es necesario usar fármacos que estimulen el apetito, antibióticos, antiinflamatorios, sueros o incluso alimentación asistida con sonda en casos graves.
Otra de las cosas que podemos hacer en casa es darle latas (comida húmeda) para gatos. Como estas suelen tener un olor más intenso que el pienso seco, le estimulan el apetito y, si está medianamente receptivo, es probable que no deje nada en el plato. Podemos calentar ligeramente la comida húmeda unos segundos (solo templarla, nunca muy caliente) para potenciar su aroma y hacerla aún más atractiva. Las latas suelen ser más caras; por eso recomendamos ofrecerlas temporalmente hasta que recupere el apetito, o bien mezclarlas con su pienso habitual para facilitar la transición.
En algunos casos, los gatos enfermos necesitan además un aporte extra de energía o calorías. Muchos veterinarios recomiendan temporalmente alimentos de alta densidad energética o incluso piensos de cachorro, que están formulados para cubrir necesidades nutricionales mayores y pueden ayudar a que el gatito convaleciente recupere peso sin necesidad de grandes raciones.

Por otra parte, hay que dejarle agua, así como la comida, siempre a libre disposición, en una habitación en la que no pase mucha gente. Es fundamental que el gato no se deshidrate, por lo que podemos animarlo ofreciéndole agua fresca, fuentes para gatos o incluso añadiendo un poco de agua a la comida húmeda para incrementar la ingesta de líquidos.
Además de la comida y el agua, conviene adaptar el entorno:
- Colocar el comedero y bebedero cerca del gato enfermo si tiene la movilidad reducida, para que no tenga que hacer esfuerzos para llegar hasta ellos.
- Escoger un lugar tranquilo, sin ruidos ni sobresaltos, donde pueda comer sin sentirse observado ni presionado.
- Evitar que el comedero esté junto al arenero, ya que muchos gatos rechazan comer cerca de donde hacen sus necesidades.
- Revisar que el comedero sea ancho y poco profundo, para que los bigotes no choquen con los bordes, algo que a muchos gatos les resulta muy molesto.
Si es un gato que lo está pasando mal porque la familia ha aumentado o porque ha sufrido una pérdida, es muy aconsejable procurar que ambos pasen tiempo juntos, recibiendo la misma cantidad de cariño y atenciones. Mantener una rutina estable de juegos suaves, caricias y horarios de comida ayuda a reducir el estrés y a que el gato vuelva a interesarse por su plato.

En casa también podemos aplicar algunas estrategias adicionales para estimular su apetito:
- Ofrecer pequeñas raciones varias veces al día en lugar de un gran plato, para que no se agobie y se anime a comer aunque sea poco en cada toma.
- Probar distintas texturas (paté, mousse, trocitos en salsa) y sabores dentro de una dieta de calidad, siempre siguiendo las indicaciones del veterinario.
- Ablandar el pienso con un poco de agua templada o caldo de pollo sin sal ni condimentos para hacerlo más fácil de masticar y oler.
- Reservar su alimento favorito para los momentos de inapetencia, ofreciéndoselo como premio especial para animarlo a comer.
Solo en los casos en los que el veterinario lo indique, y si el gato se niega completamente a comer, puede ser necesario alimentarlo con jeringuilla o mediante sonda. Estas técnicas deben hacerse siempre bajo supervisión profesional para evitar que el alimento pase a las vías respiratorias o se cause un rechazo mayor.
Si pasa el tiempo y no vemos mejoría, es importante que lo llevemos de nuevo al veterinario y a un educador de gatos que trabaje en positivo, especialmente si sospechamos que está pasando por el duelo o que está deprimido. La buena salud del peludo dependerá, en gran medida, de que se mantenga bien alimentado, hidratado y cuidado tanto a nivel físico como emocional.

Hagamos lo posible para que sea feliz, se sienta seguro y vuelva a disfrutar de su comida; con una detección temprana, apoyo veterinario y mucha paciencia, la mayoría de los gatos consiguen recuperar su apetito y su bienestar.
