El gato común europeo, es decir, el gato mestizo, es un felino que puede procrear hasta tres veces por año a partir de los seis meses de edad. Además, hay que tener en cuenta que cada camada puede estar formada por desde 1 hasta 13 gatitos. Sólo por esto, debería de ser obligatorio castrarlos, aunque no dejemos que salga a la calle, ya que en cualquier momento puede surgir un accidente o despiste y acabar formando parte de una colonia felina.
Sin embargo, la realidad es muy distinta. Son muy pocas las personas que llevan a castrar a sus animales y aún menos las que se gastan su dinero (lamentablemente, los ayuntamientos no ayudan) para llevar a operar a los que viven en la calle. Por eso, son tantos y tantos los seres humanos que se preguntan cómo ahuyentar a un gato callejero. Pues bien, vamos a ver cómo podemos hacerlo sin hacerle ningún daño, con métodos respetuosos, legales y efectivos que ayuden tanto a las personas como a los propios gatos.
Pon barreras físicas
Una bonita barrera hecha con postes de madera inclinada un poco hacia afuera, una rejilla cubierta con plantas trepadoras o enredaderas, o incluso un seto denso de cipreses puede ser más que suficiente para evitar que los gatos callejeros pisen tu jardín y, de paso, conseguir que éste se vea más bonito. A los gatos no les gusta trepar por superficies inestables o incómodas, así que cualquier obstáculo que dificulte el acceso les hará buscar otro lugar.
También puedes recurrir a mallas de gallinero o celosías colocadas sobre el suelo de los parterres. Las plantas se adaptan y crecen a través de la malla, pero a los gatos les resulta muy desagradable caminar sobre una superficie irregular y metálica. Es una buena opción si quieres proteger macetas, huertos urbanos o zonas concretas de tierra donde suelen escarbar para hacer sus necesidades.
En espacios pequeños, como terrazas o patios interiores, ayudan mucho las vallas altas o rejas verticales que reduzcan las superficies planas y blandas donde puedan tumbarse. Si los gatos llegan desde tejados o muros colindantes, valora instalar pequeñas extensiones inclinadas hacia el exterior (tipo visera) para que no puedan apoyarse con seguridad.
Otra alternativa son los llamados pinchos anti gatos caseros: pequeñas estacas, palillos o ramitas cortas clavadas en la tierra, suficientemente juntas como para que el gato no pueda caminar cómodo entre ellas, pero sin llegar a pincharle ni causarle daño. Colocadas en macetas o bordes de parterres, hacen que ese sitio deje de ser atractivo para descansar o escarbar.
Si, a pesar de todo, los gatos siguen entrando, puedes combinar estas barreras físicas con dispositivos de disuasión como rociadores de agua con sensor de movimiento, luces que se encienden al detectar presencia o aparatos de ultrasonidos diseñados específicamente para uso con animales. Emiten sonidos molestos para ellos, pero no para las personas, y refuerzan la idea de que tu jardín no es un lugar cómodo.
Utiliza el aroma a cítricos y otros repelentes naturales
Una solución simple, económica y eficaz es la de esparcir cáscaras de cítricos (naranjas, pomelos, limones, etc.) en diferentes zonas del jardín. A los gatos no les gustan los aromas cítricos porque su olfato es muy sensible y estos olores resultan demasiado intensos. Otra opción es hacer zumos con dichas frutas y rellenar un pulverizador con ellos; de este modo, podremos rociar paredes, plantas, y otras zonas. Eso sí, es importante hacerlo cada 3-4 días para que el aroma no se pierda.
Si quieres un repelente más elaborado, puedes preparar un spray casero de cítricos. Pon agua a hervir, añade cáscaras de naranja, limón, lima o mandarina y deja que hiervan a fuego lento unos minutos para que liberen sus aceites. Cuando el agua se enfríe, cuélala, viértela en un pulverizador, añade un poco de zumo de limón y unas gotas de jabón neutro para que se adhiera mejor a las superficies. Después, pulveriza en las zonas de paso de los gatos y reaplica tras la lluvia.
Además de los cítricos, hay otros olores naturales que los gatos suelen detestar: vinagre blanco, vinagre de manzana, posos de café, canela, pimienta negra o de cayena, ajo, e incluso algunos aceites esenciales suaves como la menta o la citronela (siempre muy diluidos y lejos de las plantas delicadas). Lo ideal es empapar bolas de algodón o trapos pequeños con estos aromas y colocarlos en puntos estratégicos del jardín o la terraza.
Otra estrategia muy estética y práctica es plantar especies aromáticas repelentes alrededor de las zonas problemáticas: lavanda, romero, tomillo, ruda, melisa, hierba limón o la conocida Coleus canina (llamada popularmente “planta espanta gatos”) forman una barrera olfativa que les resulta molesta. Al mismo tiempo, embellecen el jardín y atraen insectos beneficiosos.
Ten en cuenta que la mayoría de estos remedios caseros tienen un efecto limitado en el tiempo y se debilitan con la lluvia o el viento. Por eso, funcionan mejor como complemento a las barreras físicas y a la higiene del entorno, más que como única solución. La clave está en insistir y en combinar varios olores y ubicaciones hasta encontrar la mezcla que mejor funcione en tu caso.
Resérvale un espacio y entiende por qué vienen

Quizás no hayas contemplado esta posibilidad, pero ¿qué te parece la idea de dejar que el gato entre en el jardín? Puedes plantar Nepeta cataria que es una planta que les encanta en un rincón y dejar que el peludo disfrute. A veces, ofrecerles un punto concreto donde tumbarse o jugar hace que ignoren el resto del espacio y reduzcan notablemente los destrozos.
Antes de decidir qué hacer, conviene comprender por qué los gatos se sienten atraídos por tu casa y no por la del vecino. Los felinos son animales territoriales que dividen su entorno en varias zonas: para cazar, descansar, reproducirse, jugar o ir al baño. Si tu jardín es tranquilo, tiene sombra, agua, restos de comida o presencia de aves y roedores, es normal que lo consideren un lugar ideal.
También es posible que el gato haya marcado tu propiedad como parte de su territorio al orinar, frotarse o arañar. Esas marcas contienen feromonas que otros gatos pueden detectar a distancia y que les indican que ese lugar es seguro. Mientras esas señales olfativas sigan ahí, será más probable que vuelvan una y otra vez.
Si te preocupa la presencia constante de gatos, una de las medidas más efectivas y respetuosas a medio y largo plazo es apoyar o promover proyectos de captura, esterilización y suelta (CES o TNR). Esterilizar a los gatos de la colonia reduce maullidos, peleas, marcajes con orina y, sobre todo, el nacimiento de camadas que terminarían buscando refugio en patios, tejados y jardines privados.
En el caso de que se trate del gato de un vecino que entra repetidamente en tu jardín, conviene dialogar primero y buscar soluciones conjuntas (castración, control de salidas, enriquecimiento ambiental dentro de casa, etc.). En muchos lugares la normativa de convivencia prohíbe que un animal cause molestias continuadas a terceros, por lo que la responsabilidad recae en su cuidador, no en el gato.
Limpia bien las marcas y elimina los atractivos
Además de impedir el acceso y usar olores desagradables para ellos, es fundamental retirar todo lo que hace atractiva tu casa. Cierra bien las bolsas de basura y utiliza cubos con tapa pesada para que no puedan abrirlos. Si tienes comederos para pájaros, colócalos en zonas altas y protegidas para que no se conviertan en “carnada” felina.
Explora tu jardín en busca de posibles refugios (huecos bajo escaleras, montones de leña, cobertizos poco usados) donde puedan estar descansando o criando. Si no quieres que los utilicen, sella los huecos o hazlos incómodos con materiales que no les resulten agradables para tumbarse, siempre sin poner en riesgo su integridad.
Si ya han orinado, defecado o rascado alguna zona, lo primero es eliminar por completo el olor. Retira las heces con una pala (incluyendo la tierra que las rodea) y limpia la orina con agua y detergente suave. Después, aplica un eliminador enzimático específico para mascotas, que descompone las feromonas y evita que el gato reconozca ese lugar como suyo.
Evita usar productos como lejía, amoniaco, cloro o creolina, ya que algunos pueden atraer todavía más a los gatos o resultar tóxicos para ellos, para otros animales y para tus plantas. Tampoco se recomienda recurrir a naftalina, azufre o venenos: además de ser peligrosos y, en muchos casos, ilegales, suponen un maltrato injustificable para los animales.
En zonas donde se orinan o defecan con frecuencia, combina la limpieza enzimática con una barrera física ligera (piedras grandes, piñas, ramas, mallas) y con alguno de los repelentes de olor mencionados. Al modificar el olor y la textura del suelo, el gato dejará de asociarlo a un lugar adecuado para su baño y buscará otro sitio más cómodo y discreto.
Seguro que con estos consejos podrás estar tranquilo/a. Controlar la presencia de gatos callejeros en tu jardín sin hacerles daño es posible si combinas barreras físicas, olores que no les gustan, buena higiene, eliminación de atractivos y, cuando se pueda, colaboración en la esterilización de las colonias. Así proteges tu hogar, tus plantas y tu descanso, mientras respetas a unos animales que solo siguen sus instintos y buscan un lugar seguro donde vivir.



