Sin embargo, no le queda otra que tratar de acostumbrarse. Pero debemos saber que no lo va a hacer si no le echamos una mano. La cuestión es, ¿cómo podemos ayudarle a ver el transportín con otros ojos?

Poco a poco y con mucha paciencia. Las prisas no son buenas para nadie, y menos para nuestro amigo de cuatro patas, quien no tolera ni un poquito el estrés. Por este motivo, no tenemos que cogerlo en brazos y meterlo directamente en el transportín, pues de hacerlo sólo conseguiríamos que lo asocie con nuestro nerviosismo, lo cual es negativo para su bienestar y puede aumentar el miedo al veterinario; dicho sea de paso, también para nosotros.
Teniendo esto en cuenta, lo que debemos hacer es conseguir que vea ese objeto tipo jaula como un refugio en el cual puede sentirse seguro cada vez que sale de casa. Lograrlo no es una tarea muy sencilla, y menos cuando ya ha tenido algunas malas experiencias, pero no es imposible.
Para acostumbrarlo tocará empezar de cero, es decir, hacer como si acabásemos de comprar el transportín. Lo limpiaremos bien, a consciencia, y lo dejaremos en una habitación, en una zona visible y accesible para el gato, con la puerta abierta y con una manta. Lo más probable es que no quiera acercarse demasiado, así que lo que haremos será acariciarle a ambos lados de su hocico, y después pasar nuestra mano por el transportín y la mantita. Lo haremos varias veces durante algunos días, y seguro que así empieza a mostrar curiosidad.
¿Magia? No, para nada . El gato produce feromonas a ambos lados del hocico. Cuando pasa rozando nuestras piernas o cualquier objeto, lo que está haciendo en realidad es dejar su olor (tienes más información sobre el marcaje felino en este artículo). Así, cuando le tocamos en esta zona e inmediatamente después pasamos nuestra mano por la manta por ejemplo, dejamos su olor en ella, lo cual servirá para »engañarle».
Para que sea más efectivo, te recomendamos pulverizar el transportín con Feliway, que es un producto que ayuda a los gatos a estar mucho más tranquilos. Así, poco a poco, se meterá dentro e incluso puede llegar a utilizarlo como cama. Enseguida que lo veamos más calmado, podremos empezar a cerrarle la puerta un tiempo que debemos ir alargando a medida que vayan pasando los días.
Por qué merece la pena que tu gato se acostumbre
Seguridad y bienestar: el transportín protege en trayectos, evita fugas y funciona como barrera ante ruidos o desconocidos. Además, si forma parte de su día a día, reducimos la asociación negativa con la clínica.
Momentos clave: visitas veterinarias, mudanzas, emergencias o vacaciones. Un transportín familiar disminuye la ansiedad y facilita cualquier traslado.

Familiarización progresiva en casa
Deja el transportín siempre accesible en una zona tranquila, con la puerta abierta y textiles con su olor. Añade premios o comida apetecible primero cerca y luego dentro; refuerza con feromonas felinas y puedes usar un poco de hierba gatera si le atrae.
Si desconfía mucho, empieza con la bandeja inferior sola a modo de cama; después coloca la parte superior sin puerta. Cuando lo use con naturalidad, cierra y abre la puerta unos segundos y premia dentro. Progresivamente, alarga el tiempo, levanta un poco el transportín, pasea por casa, sal al pasillo, y más adelante al coche con el motor apagado.
Ante signos de miedo (orejas hacia atrás, bufidos, huidas), retrocede una fase y mantente ahí más tiempo. La clave es avanzar sin forzar.

Qué transportín elegir
Opta por un modelo rígido y robusto, con buena ventilación y aperturas frontal y superior. Los que se desmontan en dos partes permiten examinar al gato retirando la tapa en la consulta y suelen resultar menos intimidantes. Asegúrate de que el cierre es seguro y que el fondo es antideslizante con una manta o toalla. Para más detalles sobre cómo elegir, consulta cómo elegir un transportín.
Técnicas suaves para introducir al gato
Mantén la calma, sin persecuciones ni movimientos bruscos. Si ya lo explora, bastará con premios o su juguete favorito. La técnica del «burrito» con toalla puede ayudar a gatos que se escapan: envuelve con suavidad, sujétalo con seguridad y acompáñalo hasta el interior.
Con transportines desmontables, introducir por la apertura superior suele ser menos estresante. Si no lo es, funciona meterlo de espaldas o colocar el transportín en vertical (puerta hacia arriba) y deslizarlo con cuidado. La ayuda de una segunda persona facilita el proceso.

Si tu gato se resiste o se muestra agresivo
No fuerces. Dirígelo a una habitación pequeña con el transportín como único refugio, habla suave y muévete lento. Si la ansiedad es elevada, consulta con tu veterinario sobre premedicación o feromonas; en casos extremos, se valora medicación puntual para reducir el miedo. Prioriza tu seguridad: usa toalla y pide ayuda profesional si es necesario.
Limpieza, olor y experiencias previas
Tras una mala experiencia, lava el transportín con agua y jabón para eliminar olores asociados al estrés. Vuelve a dejarlo abierto con su cama y premios para reconstruir asociaciones positivas. Al llegar a casa, deja la puerta abierta y permite que salga a su ritmo; nunca lo saques a la fuerza.
Viajar en coche con menos estrés
Empieza con simulacros: coloca el transportín en el coche y abrocha el cinturón sin arrancar; más tarde, trayectos muy cortos y en recta. Los mejores lugares para situarlo son los asientos traseros con cinturón o el suelo tras los asientos delanteros. Mantén una temperatura agradable y evita música alta.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mejor tipo de transportín? El de plástico rígido, desmontable y con apertura superior y frontal. Facilita la entrada y la atención veterinaria sin obligar a sacar al gato.
¿Conviene usar feromonas? Sí. Las feromonas sintéticas ayudan a reducir el miedo y a crear asociaciones positivas. Pulveriza 10-15 minutos antes de usar.
¿Cómo lo limpio para que no huela mal? Agua y jabón neutro. Evita productos con fragancias intensas. Seca bien y vuelve a introducir textiles con su olor.
¿Y si se hace daño del estrés? Para, retrocede fases y consulta al veterinario. Se puede ajustar el plan de habituación y valorar premedicación segura.
Convertir el transportín en un refugio familiar, cómodo y predecible es posible si avanzas sin prisas, refuerzas lo positivo y eliges un modelo adecuado; con práctica, feromonas y simulacros, cada desplazamiento será más tranquilo para ambos.

