
Al mismo tiempo, se ha hecho evidente que una gestión eficaz de las colonias felinas exige algo más que buena voluntad y voluntariado: requiere datos fiables, planificación y coordinación entre administraciones, asociaciones y personas cuidadoras. Iniciativas locales, proyectos ciudadanos y convenios con colegios veterinarios están intentando cubrir ese hueco, mientras la Ley de Bienestar Animal marca nuevas obligaciones para los municipios.
Ayuntamientos que profesionalizan el cuidado: carnés y acreditaciones
Uno de los pasos más visibles en esta nueva etapa es la acreditación oficial de las personas que alimentan y cuidan colonias felinas. Municipios como Puerto de la Cruz, Segovia o Alba de Tormes han empezado a entregar carnés que identifican a las cuidadoras autorizadas, con el objetivo de ordenar una labor que durante años se ha desarrollado de forma casi invisible.
En Puerto de la Cruz, el Área de Bienestar Animal ha puesto en marcha un carnet oficial de alimentador/a de colonias felinas. La medida busca regular quién puede suministrar comida, bajo qué condiciones y con qué criterios higiénico-sanitarios, evitando alimentaciones descontroladas y conflictos con el vecindario. Las personas interesadas deben dirigirse al área municipal correspondiente, donde se les informa de los requisitos, del procedimiento para solicitar el carnet y de las normas que deberán respetar en la calle.
La concejala responsable ha remarcado que esta acreditación supone un reconocimiento explícito de la labor altruista que muchas personas llevan tiempo realizando. A la vez, el consistorio quiere que esa actividad esté enmarcada en un modelo técnico de gestión, vinculado al método CER y a los protocolos de bienestar animal y convivencia vecinal.
En Alba de Tormes, el ayuntamiento también ha dado un paso similar con su Programa Municipal de Gestión de Colonias Felinas, entregando los primeros carnés a las personas cuidadoras autorizadas. Estas acreditaciones formalizan una red de voluntariado que se encarga de alimentar, limpiar y supervisar los puntos donde se ubican las colonias, siguiendo las directrices municipales y ayudando a mantener un censo actualizado de gatos comunitarios.
La ciudad de Segovia ha reforzado además la parte formativa. Cerca de 40 participantes asistieron a una jornada en la que se entregaron nuevos carnés, se presentó la imagen que identificará a las colonias felinas y se ofrecieron pautas prácticas para la gestión responsable y la convivencia con el vecindario. En torno a 80 personas están actualmente acreditadas para cuidar colonias, siendo las únicas autorizadas para alimentarlas, lo que permite evitar duplicidades y conflictos en la vía pública.
Método CER: base de la gestión ética de los gatos comunitarios
La mayoría de estos programas municipales se apoyan en el método CER (Captura, Esterilización y Retorno), que se ha consolidado como la herramienta de referencia para el control ético de las colonias felinas. Este sistema consiste en capturar a los gatos comunitarios, esterilizarlos, desparasitarlos, identificarlos y devolverlos a su lugar de origen, evitando así camadas constantes y una reproducción sin control.
En Beasain, el ayuntamiento ha renovado su convenio con la asociación Lau Katu Beasain para continuar con el programa municipal de gestión de colonias felinas basado precisamente en el CER. Según destacan, este método permite reducir lentamente el número de animales en la calle, mejorar su estado de salud y minimizar las molestias en el entorno, siempre bajo criterios acordes con la legislación vasca de protección animal.
Como parte de las novedades, Beasain cederá un local municipal a la asociación para almacenar material y albergar a los gatos recién esterilizados durante el postoperatorio. De esta manera, se evita depender exclusivamente de domicilios particulares y se profesionaliza el proceso. Además, se mantiene un sistema de acreditación para controlar quién puede alimentar a las colonias, en qué puntos y con qué tipo de alimento, buscando garantizar la limpieza y la salubridad del entorno.
La experiencia de Lanzarote ilustra por qué el CER resulta tan relevante. Mientras la presencia de perros vagando por la isla se ha conseguido reducir de forma notable, las colonias de gatos siguen creciendo si no se aplican programas de esterilización continuados. La protectora Sara explica que trabajan todo el año realizando cirugías de gatos comunitarios porque, si no se actúa, cada temporada de celo se traduce en nuevas camadas que acaban abandonadas o malviviendo en la calle.
Desde la entidad inciden en un mensaje claro hacia las instituciones: un gato puede ser fértil en apenas cinco meses, por lo que es fundamental que los ayuntamientos asuman su responsabilidad, apliquen el método CER y refuercen las campañas de esterilización y concienciación. De lo contrario, las colonias siguen creciendo y el problema se traslada al futuro, con más animales en riesgo y tensión añadida en los barrios.
Datos, tecnología y transparencia: el gran reto pendiente
Aplicar correctamente una gestión integral de colonias felinas no solo implica capturar y esterilizar. Es imprescindible contar con información fiable sobre cuántos gatos comunitarios hay, dónde están y cuál es su situación. Sin censos ni estadísticas mínimas, las decisiones sobre presupuestos, recursos veterinarios o número de esterilizaciones necesarias se convierten en conjeturas, y las colonias nunca terminan de estabilizarse.
De ahí que hayan surgido iniciativas como la plataforma Meowmetrics, creada por profesionales de la biología y ya implantada en municipios como Getafe. Esta herramienta digital permite a ayuntamientos y voluntariado censar colonias, crear fichas individuales de los gatos, registrar incidencias y coordinar actuaciones de una forma sencilla, trasladando a un entorno digital el trabajo diario que realizan las personas gestoras en la calle.
En Getafe, por ejemplo, se han llegado a censar más de un centenar de colonias con alrededor de 900 gatos comunitarios. A partir de esos datos, el consistorio ha puesto en marcha una campaña de esterilización masiva que ya ha alcanzado a más de la mitad de la población felina de colonias, con el fin de aproximarse a un porcentaje de animales esterilizados que permita estabilizar su número y reducir camadas descontroladas.
A la vez, proyectos ciudadanos como el impulsado por Consejos para Mascotas tratan de suplir la falta de información oficial. Un grupo de voluntarios ha solicitado datos sobre colonias felinas y gestión CER a miles de ayuntamientos españoles. El resultado ha evidenciado una gran carencia de registros homogéneos: la mayoría de municipios no ha respondido en plazo, algunos alegan falta de medios o desconocimiento y otros ni siquiera disponen de cifras básicas sobre gatos comunitarios.
Esta situación se agrava por la ausencia de estadísticas específicas a escala estatal. Organismos como el Instituto Nacional de Estadística no recogen datos sobre colonias felinas, y los informes existentes, tanto públicos como privados, se basan en estimaciones parciales o encuestas. En la práctica, nadie sabe con exactitud cuántos gatos comunitarios viven en España, ni cuál es el grado real de implantación del método CER en los municipios.
Convenios, financiación y modelo de corresponsabilidad
La respuesta institucional a la gestión de colonias felinas adopta distintas formas según el territorio, pero tiende hacia un modelo de corresponsabilidad entre administraciones, colegios veterinarios, asociaciones y ciudadanía. Un ejemplo claro es el convenio firmado en la Ciudad Autónoma de Melilla con el Colegio de Veterinarios, que incluye un Plan de Control de Colonias Felinas integrado dentro de un programa más amplio de lucha antirrábica y atención a animales sin propietario.
Este acuerdo asigna una dotación económica específica para el proyecto CES, además de partidas para vacunación antirrábica, desparasitación, atención de urgencia y cuidados en el centro de acogida de animales. Veterinarios colegiados se encargan de explorar, vacunar y desparasitar a los animales, informando a sus responsables sobre la importancia de la identificación con microchip, y asumiendo también la atención de gatos abandonados recogidos por los servicios municipales.
En contraste, otras ciudades muestran las dificultades de encajar la gestión de colonias felinas en los tiempos y requisitos administrativos. El Ayuntamiento de Alicante ha tenido que renunciar a una subvención provincial destinada a programas de esterilización y control de colonias al no poder justificar el uso de los fondos dentro del plazo previsto. Aunque el consistorio asegura que se han realizado esterilizaciones y actuaciones veterinarias, la falta de ajuste a los plazos de la convocatoria ha supuesto la pérdida de esa financiación.
Este tipo de situaciones alimenta el debate político sobre el grado de planificación municipal en bienestar animal. Mientras la oposición critica la pérdida de recursos públicos y reclama un plan estable de control de colonias felinas, desde el gobierno local se insiste en que el trabajo sobre el terreno sí se está llevando a cabo, aunque con problemas de tramitación.
En paralelo, municipios medianos y pequeños continúan firmando convenios con asociaciones protectoras y entidades locales para externalizar parte de la gestión, pero manteniendo la competencia pública. Se trata de una fórmula que combina financiación municipal, experiencia del tercer sector y participación del voluntariado, aunque sigue pendiente lograr una homogeneidad mínima en criterios, recogida de datos y niveles de servicio entre territorios.
El conjunto de estas iniciativas dibuja un escenario en el que las colonias felinas han pasado de ser un fenómeno casi invisible a un tema central en las políticas de bienestar animal municipales. Carnés de cuidador, programas CER, plataformas digitales y convenios con veterinarios apuntan a un cambio de enfoque: de la improvisación a la planificación. Sin embargo, la falta de datos fiables, las dificultades administrativas y la dependencia del voluntariado demuestran que aún queda un largo camino por recorrer para que todas las ciudades y pueblos cuenten con una gestión estable, ética y eficaz de sus gatos comunitarios.

