Cómo castigar (y ayudar) a un gato agresivo sin dañarlo

  • La agresividad felina suele estar relacionada con miedo, estrés, dolor o mala socialización, no con maldad.
  • Los castigos físicos y los gritos empeoran el problema; es mejor aumentar la distancia, usar correcciones suaves y reforzar la calma.
  • La revisión veterinaria y, si hace falta, la ayuda de un etólogo son claves para descartar enfermedades y diseñar pautas específicas.
  • Respeto, juegos adecuados, entorno enriquecido y educación de los niños reducen el riesgo de conductas agresivas a largo plazo.

Gato con comportamiento agresivo

Durante muchos años, y todavía hoy, se ha pensado que a los gatos que se comportaban de una manera violenta tenían que ser castigados pegándoles, gritándoles, encerrándoles en una habitación, o incluso restregando sus morros en sus orines cuando hacían sus necesidades en sitios que no estaban destinados a eso.

Estas prácticas sí servían, pero no para lo que las personas querían. Los animales que han sido educados (o mejor dicho, mal educados) de esa manera vivían con miedo, lo que les llevaba a seguir haciendo aquello por lo que habían sido castigados. Así, aquellas personas que debían de ser su familia no dudaban en abandonarlos. Para evitarlo, te vamos a decir cómo castigar a un gato agresivo correctamente y, sobre todo, cómo entender por qué se comporta así y qué puedes hacer para ayudarlo.

¿Por qué se porta mal mi gato?

Gato adulto enfadado

Esa es una pregunta que se formulan muchos humanos cuando su querido peludo hace cosas que, a ojos de las personas, no está bien, como hacer sus necesidades fuera de la bandeja, arañar y/o morder a alguien, ir rompiendo las sillas o los sofás con sus garras, o pelearse con el nuevo miembro de la familia.

Los gatos… son gatos. No tenemos que olvidarlo. Son depredadores nocturnos que se mantienen activos sobretodo por la noche, y que además son muy territoriales, lo cual les lleva a marcar su territorio para defenderlo. Si quieres que tu amigo sea un animal sociable y cariñoso, debes de educarlo con respeto y cariño desde el primer día, ya que de lo contrario le va a costar mucho superar el miedo porque, sí, si no se les respeta, si no se tiene paciencia con ellos, crecen con miedo.

Además de su instinto cazador, hay muchos factores que pueden hacer que un gato parezca “malo” o agresivo. Entre las causas más frecuentes que señalan los especialistas se encuentran:

  • Miedo: un gato que ha tenido experiencias negativas con personas u otros animales puede reaccionar con arañazos o mordiscos cuando se siente amenazado.
  • Estrés: los felinos detestan los cambios bruscos en su entorno. Mudanzas, reformas, visitas constantes o cambios en la rutina pueden generar un nivel de estrés que se exprese como agresividad.
  • Mala socialización temprana: si un gato no ha convivido de pequeño con otros gatos o personas, puede convertirse en un adulto desconfiado y con reacciones desproporcionadas.
  • Dolor o enfermedad: muchos gatos agresivos en realidad están sufriendo. Un simple contacto en una zona dolorida puede provocar una reacción violenta.
  • Protección del territorio: cuando otro gato, un perro o incluso una persona invade lo que considera “su zona segura”, puede responder con gruñidos, bufidos y ataques.
  • Agresividad redirigida: el gato se altera por algo que no puede alcanzar (por ejemplo, otro gato en la ventana) y descarga ese malestar contra lo primero que se cruza, incluso su cuidador.

Del mismo modo que se dedica tiempo a conocer a nuestros amigos humanos, debes hacer lo mismo con el gato que tienes en casa. Entendiendo su lenguaje corporal podrás descifrar su mensaje, aquello que quiere decirte. De esta manera, te será más fácil saber qué le ocurre. En este blog podrás encontrar mucha información al respecto, como por ejemplo en este artículo.

Algunas señales corporales de irritación o posible ataque que conviene conocer son:

  • Movimientos rápidos de la punta de la cola, como un látigo.
  • Orejas hacia atrás o totalmente pegadas a la cabeza.
  • Pupilas muy dilatadas y mirada fija.
  • Cuerpo rígido, ligeramente encorvado y con el pelo erizado.
  • Bufidos, gruñidos o maullidos graves dirigidos a una persona o animal.

Si te fijas en estos detalles, podrás interrumpir una interacción antes de que pase a mayores y evitar situaciones en las que tu gato se vea obligado a morder o arañar para defenderse.

¿Cómo castigar a un gato agresivo?

Gato agresivo

Cuando tu gato se porta de una manera inadecuada, tienes que pensar tanto en su seguridad como en la tuya. Si ves que su vida corre peligro o que se siente amenazado tienes que mirar de sacarlo de esa situación, pero teniendo presente que sus garras y sus dientes están hechos para cazar pequeñas presas, y podrían hacer mucho daño a un humano.

Por ello, nunca tienes que tratar de cogerlo en brazos cuando se siente nervioso, ni calmarlo como si fuera un niño. Es un felino que busca desesperadamente una vía de escape. Puede que se haya asustado por algo y que se sienta tan mal que necesita alejarse todo lo posible, de modo que lo que debes hacer es abrir la puerta de la habitación y dejar que se vaya a otra zona de la vivienda donde pueda volver a sentirse en calma.

En muchas guías de comportamiento felino se insiste en que no se debe regañar, golpear ni gritar al gato. Ese tipo de castigos solo aumentan el miedo y la desconfianza, y hacen que la agresividad empeore. Lo más eficaz es:

  • Aumentar la distancia cuando el gato está alterado.
  • Evitar mirarlo fijamente y no perseguirlo.
  • Cerrar suavemente una puerta o usar una barrera física si necesitas proteger a alguien.
  • Esperar a que recupere la calma antes de intentar interactuar de nuevo.

En ningún caso tienes que maltratarlo, ni siquiera si ha hecho daño a alguien porque no lo entendería y, además, está prohibido por ley tratar de esa manera a un animal que se supone que forma parte de la familia. Sólo cuando lo veas más tranquilo podrás ofrecerle pienso húmedo o algo que le guste mucho para que vuelva a sentirse confiado y pueda seguir haciendo vida normal.

Una forma de “corregir” sin castigar es usar marcadores verbales suaves, por ejemplo un “ay” o un “no” corto cuando te muerde jugando. No se trata de gritar, sino de emitir un sonido claro que le indique que esa conducta tiene una consecuencia: el juego se termina. Después de ese aviso:

  • Detén el juego o la interacción durante unos segundos o minutos.
  • No le sigas tocando ni hablando hasta que esté tranquilo.
  • Reanuda el contacto solo cuando su lenguaje corporal vuelva a ser relajado.

Este tipo de corrección, combinada siempre con refuerzo positivo cuando se comporta bien (caricias, palabras suaves, premios, juego), es mucho más eficaz y respetuosa que cualquier castigo físico.

Corregir el comportamiento agresivo de un gato

Ayuda a tu amigo

Gato joven de color naranja

Detrás de la agresividad felina casi siempre se esconde el miedo. Miedo a perder el territorio, miedo a perder la vida, miedo a que ese animal (o persona) le vuelva a hacer daño. A veces se porta mal porque es eso lo que aprendió de pequeño, por ejemplo, cuando dejaban que mordiera o arañase. «No hacía daño», es posible, pero si de gatito no se le enseñaba a no morder ni a arañar, de mayor es normal que siga haciéndolo.

Además del miedo, el dolor y las enfermedades, como la artrosis, son una causa muy frecuente de cambios bruscos de carácter. Los gatos, si tienen una fractura o una enfermedad, pueden comportarse de manera agresiva si se les acaricia por la zona que les duele. También pueden mostrarse irascibles cuando sufren problemas hormonales, neurológicos o articulares. Por lo tanto, no está de más hacer una visita al veterinario para que te diga exactamente si le ocurre algo y cómo tratarlo.

Algunas señales que pueden indicar que la agresividad está relacionada con el dolor o el miedo son:

  • Actitudes temerosas ante ruidos o movimientos que antes no le afectaban.
  • Azotes frecuentes de la cola incluso cuando está aparentemente tranquilo.
  • Tendencia a esconderse y evitar el contacto, sobre todo en determinados momentos del día.
  • Reacciones violentas cuando tocas una parte concreta del cuerpo.
  • Disminución del apetito o rechazo repentino a usar el arenero.

Siempre que se porte mal, no sólo tienes que darle esa vía de escape de la cual hablábamos antes, sino que también es muy importante que te asegures de que se encuentra bien de salud. Si el veterinario descarta una causa médica, puede ser útil acudir a un etólogo felino, especialista en comportamiento, para que valore el caso y te dé pautas personalizadas.

Si hay niños en casa tienes que enseñarles a cuidar y a respetar al gato. Los niños tienen mucha tendencia a coger la cola de los animales y a hacerles todo tipo de cosas que a los peludos no les gustan, así que tienes que evitar que los más pequeños traten de esa manera al gato. Por su propio bien, no hay que dejarlos solos, ya que nunca se sabe lo que puede pasar, ni cuándo.

Para prevenir conflictos con los niños:

  • Explícales que el gato no es un juguete, sino un ser vivo que siente.
  • Muéstrales cómo acariciarlo suavemente y en qué zonas suele tolerar mejor el contacto.
  • Enséñales a identificar señales de incomodidad, como la cola agitada o las orejas hacia atrás.
  • Evita que lo levanten en brazos si el gato no está acostumbrado.

También es fundamental reducir las situaciones que generan estrés. Los gatos son animales de costumbres, por lo que les ayuda mucho tener:

  • Rutinas de comida y juego más o menos estables.
  • Un entorno enriquecido con rascadores, lugares altos, cajas y escondites.
  • Un espacio propio tranquilo, alejado de ruidos, donde sepa que nadie lo molestará.
  • Juguetes que le permitan descargar su instinto de caza de forma segura, como cañas, pelotas o plumas.

Por último, me gustaría decir algo: cuando decides tener un gato debes de dedicarle tiempo. Es muy triste ver a estos animales pasarse el día durmiendo sin tener nada que hacer. El aburrimiento y la frustración puede llevarles a tener comportamientos agresivos, de modo que no dudes en darle mucho cariño a tu amigo.

Gato tranquilo durmiendo

Te lo agradecerá  Un gato que se siente comprendido, respetado y estimulado es mucho menos propenso a mostrar agresividad y más fácil de manejar si en algún momento tiene una mala reacción. Comprender las causas, evitar los castigos físicos, reforzar las buenas conductas y pedir ayuda profesional cuando sea necesario es la base para convivir con un felino equilibrado y seguro.

Gato enfadado
Artículo relacionado:
Cómo detener un gato agresivo: causas, manejo y soluciones respetuosas

Añadir como fuente preferida en Google