

La obesidad felina es un problema que cada vez es más común. El gato que vive en una casa es un animal que ya no puede salir al exterior a ejercitar sus patas, y que por lo tanto necesita que su familia humana se preocupe de mantenerlo en forma, algo que pocas veces ocurre. Lo que sí solemos hacer mucho, y me incluyo, es darle algún que otro tentempié, lo que sería para nosotros el picoteo entre horas.
Esto, si lo hacemos con bastante frecuencia, puede hacer engordar mucho a nuestro amigo y poner en riesgo su salud. Un gato con sobrepeso es más propenso a sufrir diabetes, problemas articulares, trastornos cardíacos, lipidosis hepática y una reducción de su esperanza de vida. Por eso, además de controlar los premios, es fundamental revisar qué come y cuánto come.
¿Qué hacer cuando eso ocurre? ¿Cuál es la mejor alimentación para gatos obesos? Vamos a verlo paso a paso, combinando la parte nutricional con el ejercicio y el control veterinario.
Dale piensos sin cereales y controla muy bien las raciones
Aunque existen piensos light, la realidad es que muchos de ellos son ricos en cereales (maíz, trigo, avena, arroz y similares). Este ingrediente no es digerible de forma eficiente para el gato; y de hecho le puede causar problemas de alergia alimentaria o incluso de tipo renal. Además, al faltar suficientes proteínas de origen animal, el felino tiene que comer más cantidad para saciarse.
Por lo tanto, una de las cosas que recomiendo hacer es darle un pienso sin cereales, que tenga un porcentaje mínimo de 70% de carne o proteína animal de calidad. Así, el peludo necesitará una dosis más baja de alimento para llenar su estómago y mantendrá su masa muscular mientras pierde grasa.
Igual de importante que el tipo de pienso es la cantidad exacta que ofreces. El motivo principal por el que los gatos engordan es una cantidad de comida excesiva junto con alimentos muy energéticos. En lugar de usar vasos medidores, que suelen ser imprecisos, es preferible pesar la ración diaria con una báscula de cocina siguiendo siempre las indicaciones del veterinario, basadas en el peso ideal del gato y no en el peso actual.
El objetivo saludable es que la pérdida de peso sea lenta y constante, alrededor de un 0,5-1% del peso corporal por semana. Una reducción demasiado rápida puede provocar lipidosis hepática, una enfermedad muy grave del hígado, por lo que nunca se debe hacer una dieta radical por cuenta propia.
La comida húmeda también puede ser una gran aliada. Tiene una densidad calórica más baja que el pienso seco debido a su alto contenido en agua, lo que ayuda a que el gato se sacie con menos calorías y, además, mejore su hidratación y salud renal.
Antes de empezar la dieta: revisa si realmente está obeso
Antes de modificar la dieta es importante confirmar que tu gato tiene sobrepeso y descartar problemas de salud ocultos. La causa más frecuente es un exceso de comida y falta de ejercicio, pero también influyen la castración y, más raramente, algunas enfermedades endocrinas.
Puedes orientarte con estos signos:
- Costillas difíciles de palpar al pasar las manos por los laterales.
- Falta de cintura visible al observar al gato desde arriba.
- Vientre colgante o línea del abdomen casi paralela al suelo.
- Menos ganas de jugar, fatiga rápida o dificultad para asearse bien.
Aun así, quien mejor puede evaluar su condición corporal es el veterinario. Él determinará si realmente necesita perder peso, fijará un peso objetivo y calculará la ración diaria adecuada. En las revisiones posteriores se ajustará esa ración según la evolución.
No le des tentempiés y evita la comida humana
Es difícil no hacerlo, sobre todo cuando te pone esas caritas que sólo él sabe poner. Pero es importante controlarse, por su propio bien. Cada vez que queramos darle un premio, siempre va a ser mejor darle cariño que no una golosina o algún trozo de nuestra comida. Así, poco a poco iremos viendo que va bajando de peso.
Si aun así quieres ofrecerle algo especial, busca snacks específicos bajos en calorías o utiliza una pequeña parte de su propia ración diaria de pienso para premiarlo en juegos de búsqueda. Lo que nunca debes hacer es darle comida humana rica en grasa o sal, ya que 30 gramos de ciertos embutidos pueden cubrir casi el 100% de sus necesidades calóricas diarias, además de contener ingredientes potencialmente tóxicos para gatos.
Recuerda que cualquier premio que reciba debe contabilizarse dentro de la ración diaria, no como un extra. De lo contrario, aunque la comida principal sea adecuada, el gato no perderá peso.
Quítale el comedero y organiza bien los horarios
Para que pueda adelgazar, será conveniente quitarle el comedero y dárselo sólo cuando sea hora de comer, es decir, cada 5-6 horas aproximadamente, según la ración que te haya indicado el veterinario. De esta forma, podremos controlar mejor su peso y se evita la comida “a libre disposición”, que favorece el picoteo constante.
Muchos gatos se benefician de una rutina de alimentación fija: ofrecer siempre la comida a las mismas horas ayuda a que se regule y deje de mendigar continuamente. Si en casa conviven varios gatos y no todos están a dieta, puedes utilizar comedores automáticos con microchip para que solo el gato indicado tenga acceso a su alimento.
Las esterillas o alfombrillas de comida con protuberancias y los llamados tableros de inteligencia también pueden ayudarte. Obligan al gato a comer más despacio, aumenta su sensación de saciedad y lo mantienen entretenido durante más tiempo, lo que reduce la ansiedad por la comida.
Hazle hacer ejercicio y conviértelo en un juego diario

De poco servirá darle una alimentación de calidad y evitar darle tentempiés si el gato no se ejercita. Por eso, tendremos que jugar mucho con él, por ejemplo, con una cuerda o una pelota. Pero también podremos hacer otras cosas para que tenga que moverse, como ponerle el comedero sobre una mesa para que tenga que saltar.
El ejercicio complementa la dieta, ayuda a quemar más calorías, mejora el estado físico y fortalece la musculatura. Puedes usar cañas con plumas, ratones de juguete, láser (siempre con cuidado y finalizando el juego con una “presa” real), túneles o circuitos de bolas. Alternar los juguetes y sesiones cortas varias veces al día suele motivar más a los gatos sedentarios.
Otra opción es introducir juguetes interactivos o de inteligencia que se llenan con parte de su ración diaria de comida. El gato tiene que moverlos o manipularlos para obtener el alimento, lo que aumenta su actividad física y mental mientras consume las calorías que ya estaban previstas en su dieta.
Lo ideal es crear una rutina: unos minutos de juego antes de cada comida imitan el patrón natural de caza-comida-descanso del gato y contribuyen a que esté más relajado y satisfecho.
En caso de duda, tenemos que consultar con un veterinario, ya que tan importante como tener un peso saludable es recuperarlo a un ritmo sano. Con una combinación de alimentación adecuada, control de raciones, reducción de premios y ejercicio diario, podrás ayudar a tu gato obeso a mejorar su salud, sentirse más ágil y disfrutar durante más tiempo de una vida plena a tu lado.


