Aunque los gatos por lo general gozan de buena salud y no suelen tener problemas para digerir el alimento que le damos, lo cierto es que nos podemos encontrar con más de uno y más de dos que necesiten cambiar de dieta para poder alimentarse de forma normal.
La alergia es una reacción exagerada del sistema inmunológico al identificar algo, en este caso un componente de la comida, como algo a lo que hay que «atacar». Si crees que tu peludo tiene, a continuación te explicaremos todo sobre las alergias alimentarias en gatos.

El gato, un animal carnívoro

El gato es un animal carnívoro, al igual que el león, el tigre, y el resto de felinos. Nuestro pequeño peludo, al igual que sus primos, es un depredador nocturno que caza sus presas por la noche. ¿Qué tipo de presas?
Básicamente pequeños mamíferos, como roedores, conejos, quizás alguna liebre, y pequeños pájaros. Esto significa que el gato se come la carne de estos animales para sobrevivir. Es lo que se conoce como un animal carnívoro estricto.
Hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, y aún después, el felino se alimentaba con las sobras. Y estaba bien. Sin embargo, con el boom de los piensos, los que cuidaban a algún felino encontraron una comida que les decían que tenía todos los nutrientes necesarios para el animal, y que tan sólo se tenía que abrir y servir. ¿Hasta qué punto es eso cierto?
Nota útil: la biología del gato demanda proteína animal de alta calidad, aminoácidos como la taurina y grasas animales; cuando su dieta se aparta de esa base, pueden aparecer intolerancias y reacciones adversas.
Alergia alimentaria vs. intolerancia: no son lo mismo
No conviene confundir alergia e intolerancia. En las alergias el sistema inmune reacciona contra una proteína alimentaria y puede manifestarse en piel y aparato digestivo. En las intolerancias no interviene el sistema inmune y el problema se limita al sistema gastrointestinal (vómitos, diarreas, gases). Ambas pueden coexistir y generar síntomas similares.

¿Qué tiene que comer?

Bueno, puedes echar en una trituradora zapatos, huesos, arroz, y verduras, y seguro que al analizarlo verías que, sí, tiene proteínas, minerales, etc., pero esto no se lo comería nadie. Ojo, no estoy diciendo que todos los piensos sean malos.
Actualmente podemos encontrar una serie de marcas que se preocupan bastante por los gatos y hacen sus croquetas con comida natural. En sus sacos no verás trigo, maíz, ni ningún tipo de cereal, ni tampoco colorantes. El precio es más alto, pero es que la carne comprada en la carnicería lo es.
De todas maneras, no hay nada como la comida natural. El gato es carnívoro. Démosle carne. Compremos conejos, gallinas y vísceras en el supermercado o en la carnicería del pueblo y seguro que disfruta, a menos que ya se haya acostumbrado al pienso, claro (por experiencia te puedo decir que es muy difícil hacer cambiar de opinión a un gato).
Pero sí. Si le damos un pienso de baja calidad, nos arriesgamos a que tenga alergia alimentaria. Según un estudio de Affinity Petcare, aproximadamente un 6% de los problemas dermatológicos crónicos en gatos son debidos a alergia alimentaria. Una alergia provocada por una alimentación que no respeta el cuerpo del animal al tener como fuente de proteína un alimento (normalmente cereales) que no puede digerir.
Opciones útiles: dietas con proteínas nuevas (conejo, pavo, pato) o hidrolizadas reducen el riesgo de reacción; y una transición gradual ayuda a valorar la tolerancia.
Causas y alérgenos frecuentes
Las alergias alimentarias suelen desencadenarse por proteínas concretas. Entre los alérgenos más habituales en gatos se describen ternera, pescado, pollo, lácteos, huevo, soja e incluso cerdo. Cualquier proteína, en teoría, puede convertirse en alérgeno y la sensibilización puede aparecer a cualquier edad, incluso tras comer lo mismo durante tiempo.
Los aditivos (aromas, colorantes, conservantes) con menor frecuencia causan alergias; a menudo se trata de intolerancias. También existe la reactividad cruzada entre fuentes cárnicas emparentadas y la posibilidad de que coexistan alergias ambientales y alimentarias.
¿Cómo saber si mi gato es alérgico?
Cuando un gato tiene alergia alimentaria veremos que muestra los siguientes síntomas:
- Problemas dermatológicos: alopecias, descamaciones, aparición de costras, enrojecimiento.
- Alteraciones digestivas: vómitos, diarreas, flatulencias, aumento en la frecuencia de las deposiciones.
- Cambios en el estado de ánimo: apatía, malestar general.
Además, es típico el prurito no estacional (se rasca todo el año), a veces con otitis externa recurrente. No todos presentan todo el cuadro: combinar picor y trastornos gastrointestinales orienta con fuerza a una reacción alimentaria.
Diagnóstico: dieta de eliminación y provocación
Por ahora no hay pruebas de sangre, saliva o pelo suficientemente fiables para confirmar alergia alimentaria en gatos. El estándar de oro es una dieta de eliminación durante 6-12 semanas con una sola fuente de proteína nueva o proteína hidrolizada, seguida de una fase de provocación reintroduciendo el alimento previo para verificar si reaparecen los signos.
Claves para que funcione: ofrecer exclusivamente la dieta pautada (sin premios, pastas dentales o medicaciones saborizadas), controlar comidas cruzadas en casas con varios gatos y tratar infecciones secundarias que puedan enmascarar la mejoría. Evita usar dietas comerciales OTC para pruebas por riesgo de ingredientes no declarados.
Si no hay respuesta, puede requerirse otra dieta de ensayo considerando historial dietético, posibles reactividades cruzadas y preferencias (seco/húmedo). El veterinario valorará si existe prurito estacional que sugiera alergia ambiental asociada.
Prevención y tratamiento de alergias alimentarias

La mejor manera de prevenir y tratar las alergias alimentarias es proporcionándole al animal, desde el primer día que llega a casa, una alimentación de calidad. Ya sea BARF o pienso, que no tenga cereales ni otros alérgenos como leche, soja, ternera ni huevo.
Asimismo, si optamos por darle pienso tenemos que mirar que tenga pavo o pato, que son fuentes de proteína animal altamente digestibles, lo que significa que el organismo puede aprovechar mejor los nutrientes, evitando que se produzcan alergias.
Cuando le queramos dar premios en forma de golosina, igualmente tenemos que fijarnos en la lista de los ingredientes, los cuales estarán ordenados de mayor a menor cantidad. Si tienen un alto porcentaje de carne (mínimo un 70%), podremos estar seguros de que es una comida apta para gatos.
Además, las dietas de proteína hidrolizada o de ingrediente único resultan útiles en gatos con hipersensibilidades confirmadas. La transición gradual ayuda a detectar reacciones y a cuidar el microbioma. En brotes intensos, el veterinario puede pautar terapia de apoyo (glucocorticoides, ciclosporina) y antibióticos/antifúngicos si hay sobreinfección.
Una vez identificado el alérgeno, la estrategia a largo plazo es la evitación estricta. Con una dieta completa y equilibrada que no incluya el/los desencadenantes, el pronóstico suele ser muy bueno. En hogares con varios gatos, considera alimentaciones separadas o comedores con chip para evitar errores.
Esperamos que este artículo te sea de utilidad