La toxoplasmosis en los gatos domésticos

toxoplasmosis

Debido a los mitos y falsas creencias existentes sobre esta enfermedad y su transmisión a los humanos, y ya que este blog ha publicado información poco veraz sobre el tema, nos rectificamos con este artículo donde os contamos las verdades sobre la toxoplasmosis en nuestros felinos. Esta enfermedad dio mucho que hablar hace algunos años, cuando los conocimientos en veterinaria eran menores y los veterinarios se dejaban llevar por la “voz popular”. La consecuencia fue que muchas parejas abandonaran o dieran a sus gatos cuando la mujer quedaba embarazada, por consejo de su médico o amigos; mi madre, sin ir más lejos, dejó su gata en el pueblo y, según me contara, murió poco después al no poder adaptarse.

La toxoplasmosis es un enfermedad infecciosa ocasionada por un parásito llamado Toxoplasma gondii. Por tanto, causa infecciones, generalmente de carácter leve, pero que pueden ser especialmente peligrosas para el feto de una mujer embarazada. En este último caso, se le llama toxoplasmosis congénita. Una de las características fundamentales de esta enfermedad es que se la considera una zoonosis, es decir, que de forma habitual se transmite de animales a personas a través de varias vías de contagio. Aquí entran en juego los gatos y el resto de felinos, siendo los transmisores por excelencia.

Por tanto, una persona normal no debe preocuparse por ello, ya que no es grave, y ni siquiera tienes por qué tener síntomas evidentes de ella; pero una mujer embarazada, si tiene gato o está en contacto con alguno, sí debe tener precaución. Es como la varicela, que una vez la pasas no vuelves a tenerla, así que si tú o tu gato ya la pasasteis no pasa nada, pero ante la duda mejor tomar todas las precauciones posibles.

Así, lo que debemos hacer es mantener una rutina de higiene, ya que el contagio se realiza al entrar en contacto con las heces del gato. De todos modos, estas heces solo estarán infectadas en un pequeño período de tiempo durante la enfermedad del gato (unas dos semanas, las únicas en toda su vida en las que podrá infectar a personas), por lo que la posibilidad de contagiarse es todavía más pequeña; aún así, y nuevamente, mejor ser precavidos. El gato puede infectarse al comer carne cruda (o poco hecha), verduras mal lavadas, embutido, huevo crudo; o al relacionarse con gatos que estén infectados o andar en la tierra, por lo que mejor si no le dejamos salir al exterior durante el embarazo. Por todo esto, tampoco debemos limpiar la caja de arena de nuestro gato (mejor no arriesgarse a hacerlo ni con guantes).


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