Gato doméstico

 

Los movimientos del gato conllevan siempre un aire de distinción, de relajación, incluso de dejadez. Su increíble agilidad natural, que le permite una libertad total, haría palidecer de envidia al más experto contorsionista. Pero bajo su aparente indolencia, el gato es capaz de salir súbitamente de su letargo y poner en acción un potente mecanismo para abalanzarse, trepar, saltar, arañar y morder de modo imprevisible. Su cuerpo es tan flexible que parece estar desprovisto de huesos.

El gato domestico tiene, de hecho, una constitución anatómica extraordinaria, verdadera obra maestra de la naturaleza.
Todos los gatos practican una caza basada en el puesto y el acecho. Completamente inmóvil, el pequeño felino inicia de repente su ataque de manera imprevisible.

Aparte, el gato con su legendaria flexibilidad es capaz de adoptar posturas increíbles. Más de una vez observamos como mientras están en su tiempo de acicalamiento, su torso se dobla perfectamente hasta llegar con su lengua al lomo. Es verdaderamente sorprendente ver como se doblan sin más, y al terminar vuelven a su posición inicial sin trabajo alguno y sin constunsiones.


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