Cómo ayudar a mi gata a parir

Gata con su cría

Cuando tu gata está embarazada necesita de unos cuidados y atenciones especiales para que pueda estar tranquila y para que puedas actuar en el caso de que algo vaya mal. Una vez que el embarazo va tocando a su fin, llega el momento de preparase para el gran día. Un día que seguro no olvidarás.

Para que todo siga yendo igual de bien como hasta ahora, te vamos a decir cómo ayudar a mi gata a parir.

Lo primero que tenemos que saber es cuándo la gata se está preparando para parir. Esto no nos será difícil pues notaremos un cambio en su comportamiento: se mostrará más esquiva, más inquieta; además, empezará a buscar un rincón donde va a tener a sus crías.

Para ayudarla, le proporcionaremos una caja o cama cómoda, con una manta para que los gatitos no pasen frío. Y como a veces ocurre que el animal decidirá parir en el suelo, también es muy recomendable colocar alrededor de la cama toallas limpias o mantas.

Cuando los gatitos vayan saliendo, verás que cada uno está envuelto en una bolsa. Bien, normalmente la gata limpiará la bolsa y le cortará el cordón umbilical, pero si es primeriza o si está muy nerviosa puede que no lo haga, por lo que tendrás que intervenir. Así pues, con mucha calma, coge la cría, quítale la bolsa (importante empezar por boca y nariz) y, después, frótalo para ayudarlo a respirar. Si no ha cortado el cordón, además, tendrás que hacer lo siguiente:

  1. Coge hilo y límpialo con alcohol de farmacia.
  2. Átalo a unos 2cm de distancia del cuerpo del gatito.
  3. Luego, a otros 2m ce distancia, córtalo con unas tijeras desinfectadas previamente con alcohol.

Gatito bebé

Las crías de gato han tenido cada una de ellas una placenta que la gata debe de expulsar. Si no lo hace, o si el animal no consigue parir, es muy importante que la lleves al veterinario ya que podría tener problemas.

Si todo ha ido bien, los gatitos empezarán a mamar nada más llegar al mundo. Si ves hay que alguno rezagado, ayúdalo a hacerlo.

Y, por cierto, ¡enhorabuena! 🙂


2 comentarios

  1.   Mercè dijo

    Bueno, hacía tiempo que no escribía comentarios en este blog que me encanta.
    Retomando mis historias, y partiendo de que recogí 2 gatas de la calle, que las 2 tuvieron bebés y que no pude darlos por el cariño que les cogí, continúo.

    De esos “bebés”, 3 eran machos. Le consulté al veterinario cuando debía castrarlos. Me dijo que hasta los 12 meses no eran fértiles, que viniera a los 8. Le comenté que se asegurara porque había 6 gatas conviviendo con ellos…

    Me insistió que no viniera a castrarlos hasta los 8 meses, incluso recalcándole que no quería embarazos no deseados, y menos aún siendo las gatitas tan jóvenes.

    Aún así llevé a castrar a los 3 machos con 7 meses y medio, porque llevaban tiempo montándose en casa… y no podía esperar más.

    Resultado: 3 hembras “niñas” embarazadas.

    Se lo comuniqué a los veterinarios, son 2, más que nada para que no volvieran a cometer el mismo error. Todo el mundo se equivoca, pero yo ahora, a parte de los 9 gatos que tengo, se le suman 16 !!! bebés más.

    Han salido 12 blancos, me imagino que serán como su “abuela” que es siamesa/balinesa. Nacen blancos y después de unas semanas se van oscureciendo sus orejas, cola, manos y pies. Y 4 son con rayas negras, gris y trozos blancos.

    Ya llevo asistidos 4 partos y comentaré aquí mi experiencia para que pueda servir a otros.

    Les compré casas de esas de ropa, para que tuvieran intimidad. Fue un error porque los “compañeros” saltaban encima y las hundían.

    Probé con camas planas grandes, para que se pudieran estirar bien, y con murito para que los bebés no salieran fácilmente. Tampoco sirvieron porque no tenían intimidad, y además el resto se acostaban en ellas.

    Probé con “cubos” agujereados grandes, de esos para echar la ropa sucia, iban bien porque los gatos saltaban encima y no se hundían, tenían intimidad y ventilación, pero eran un poco incómodas para ayudarlas con el parto por su estrechez.

    Compré sencillas y grandes cajas de cartón. Les hicimos ventanas/puertas, y las usaban mucho… todos. De intimidad nada, además también las hundían. Aunque al final fue la mejor opción. Metimos una caja dentro de otra para reforzar las paredes. Las pusimos tumbadas de lado en plan pesebre. Puse como manta bayetas absorbentes de esas para escurrir los platos, nuevas y coloridas, pero esas bayetas no van bien porque resbalan y se salen de la caja. Lo mejor como suelo, son las sabanitas para cambiar bebés, y por encima servilletas de papel de esas que van en rollo.

    Las cajas han ido estupendamente, las he puesto en forma de L y las gatas se ven entre ellas. Es impresionante ver como otra hermana gata, blanca y negra, ha hecho de comadrona, y a parte de consolar, abrazar y tener a las mamas en su regazo en los primeros dolores, luego ha limpiado de arriba abajo tanto a las mamas como a los bebés, aún ahora, después de un semana, no se separa de las madres y hace de “niñera” protegiendo y cuidando de todos los bebés, sin ser su madre.

    El parto:

    – Después de alrededor de 60 días de embarazo, la barriguita se les baja mucho en el cuerpo a causa del peso.

    – Cuando llega el momento del parto, comienzan a maullar repetidamente y buscan a la persona en la que más confían.

    – Buscan un sitio cómodo y resguardado, ellas solas se acomodaron en las cajas de cartón cuando les llegó su momento.

    – Según les llegan las contracciones, comienzan a estar intranquilas; maúllan, ronronean, se sientan, se levantan, se acuestan…

    – Expulsarán un poco de moco, es el tapón mucoso cervical, y después puede que algo de líquido, muy poco.

    – Se sabe que llega el bebé porque asomará por sus partes la placenta llena de líquido, es como un globito. Aunque si se ha roto la placenta, por ejemplo porque nace de pies, no de cabeza, es posible que la haya roto con sus uñitas. En este caso, aunque sólo asomen los pies, si además se mueven, se ha de actuar con rapidez y ayudarle a expulsarlo con la próxima contracción o se ahogará. Se ha de tirar suavemente pero con firmeza de las patitas al tiempo que la gata empuja y sacarlo a la primera, porque después de la contracción/empuje, se volverá a meter para adentro hasta la próxima contracción.

    – Cuando le vienen las contracciones, abrirá la boca como si tuviera mucho calor, es su jadeo por el dolor, y sobre todo al expulsar el primer bebé, que normalmente viene de cabeza y ha de expandir el canal del parto. También contraerá la barriga mientras hace el trabajo de expulsión.

    – La ayudaremos, durante el transcurso de todo el parto, acariciándole la barriga, porque parece que le ayuda con las contracciones, la relaja y le gusta.

    – Tan pronto salga el bebé, aún dentro de la placenta, en caso de ponerse de pie la gata por la lógica incomodidad, sostendremos el feto para que no quede colgando, y lo antes posible romperemos un poquito la placenta alrededor de la cara, para que no se ahogue. Se le puede pasar suavemente una servilleta de papel por nariz y boca para sacarle el moco que le impide respirar bien, y frotar suavemente su cabecita para que reaccione y comience a respirar. Tenemos que hacer esto porque la gata no llega con facilidad a él por el volumen de su barriga, y no puede hacerlo hasta que la placenta haya salido del todo y eso tarda unos minutos.

    – Una vez el gatito ya respira y se mueve, todavía estará unido al resto de placenta retenida dentro de la madre por el cordón umbilical.

    – La madre intentará limpiar al gatito lamiéndolo, pero hasta que no salga el resto de la placenta con lo que queda del cordón umbilical no se puede hacer nada más que esperar a que se expulse todo con las siguientes contracciones, acto que también le dolerá. No tenemos que estirar del cordón, ni cortar el cordón ni nada. Sólo intentar que no pise al gatito debido a su movimientos por el nerviosismo.

    – Llevaremos muy bien las cuentas de que haya salido el gatito + placenta correspondiente.

    – Después de unos minutos de espera, saldrá el resto del cordón junto con la placenta. Debemos acercar todo junto, sin modificar nada, es decir, gatito + placenta aún con el cordón, a la madre, para que pueda fácilmente, cortar ella el cordón y comerse la placenta. Si no se come la placenta después de un rato 5/10 minutos, podemos cortar el cordón, lejos del gatito, el sobrante ya lo cortará la madre después, y si no, pues se secará y en unos días caerá sólo.

    – Los gatitos nacidos buscarán los peñones de la gata para comenzar a mamar, esto va bien para estimular las siguientes contracciones. Se ha de vigilar que no los pise al moverse para dar a luz al resto.

    – Puede ocurrir que los últimos gatitos estuvieran algo apretados por la falta de espacio, y tarden más en salir.

    – Si después de abrir un poco la placenta cerca de su carita para que respire, y limpiarle la nariz, al final lo hace pero con dificultad. Se le ha de estimular/reanimar. Limpiaremos su nariz de mocos, soplaremos en su nariz/boca, le acariciaremos la cabecita, las orejas, todo, lo cambiaremos de posición, panza arriba, abajo, etc.. Intentaremos que la madre le lave la carita, así un rato hasta que reaccione y maúlle desatascando sus vías respiratorias.

    – Durante el transcurso del parto, iremos retirando las servilletas de papel que se hayan ido manchando, sustituyéndolas por otras nuevas/limpias.

    – Después de unas horas, si todo ha ido bien, sobre todo que hayan salido tantas placentas como gatos, a veces puede salir una placenta más tarde entrelazada con otra. Se ha de poner atención porque se la puede comer muy rápido, lentamente, o no comérsela, después de la segunda ya no les apetece comer más y se pueden tirar, siempre que la madre haya cortado el cordón antes.

    – La mama gata, después de todo el esfuerzo, se tumbará y ronroneando dará de mamar a sus recién nacidos.

    – Las gatas disfrutan mucho dando de mamar a sus gatitos, se les ha de facilitar esta acción, colocándoles sus bebés cerca de sus pezones.

    – Los 2 primeros días son claves para que sobrevivan los gatitos, se ha de vigilar, casi constantemente, de que su mamá no los pisen o se ponga a dormir sobre ellos y se asfixien, porque no se dan cuenta, y yo perdí uno de las camadas anteriores así.

    – A la mama gata también se la puede ayudar acercándole algo de comida húmeda (latita) de calidad cerca de su cabecita, mientras da de mamar y está cansada para levantarse. Y para después, que tenga agua, comida y aseo algo cerca.

    1.    Monica Sanchez dijo

      Hola de nuevo Mercè 🙂
      Muchas gracias por tu comentario y tus consejos.
      Un saludo.

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